El antes y después de la Iglesia de Zarzosa: de ruinas a centro social y punto de encuentro
“En esta Iglesia me bauticé, hice mi primera comunión...”, enumera José Mari Sáenz, alcalde de Zarzosa, cuyo antiguo templo vuelve a la vida con un nuevo uso: ser un centro que acoja actos sociales y culturales.
El vínculo del edil y de los vecinos y vecinas con la iglesia de Nuestra Señora del Villar, que se encontraba en estado de ruina, ha hecho que el edificio reviva, para cumplir una de las misiones más importantes en las pequeñas localidades: ser el punto de encuentro y celebración. Pero, más allá de este uso, el alcalde pone en valor la recuperación de un edificio con valor patrimonial y artístico.
Partidas de parchís, refugio en caso de lluvia o frío durante sus fiestas de agosto, sitio para ver los partidos de fútbol importantes gracias a un proyector, fiesta de Halloween... son algunas de las actividades que ahora acoge este nuevo centro social y cultural propiedad del Ayuntamiento. Si bien, su edil apunta que no han sido muchos los actos que allí se han realizado dado que la pandemia llegó cuando se acometía el final de las obras de rehabilitación.
*Foto: Antes y después de la iglesia de Zarzosa
“Faltan detalles, siempre hay cosillas”, apunta Sáenz sobre estas obras, pero “lo más importante se ha recuperado”. Así, se ha construido una nueva cubierta desde cero y, actualmente, se encuentran realizando unas intervenciones para recuperar dos bóvedas, así como las escaleras que daban a lo que, en su día, fue el coro. Fue en 2019 cuando se anunciaron los trabajos para la recuperación de su su patrimonio histórico-artístico y la creación del nuevo centro. Una partida de algo más de 211.000 euros, subvencionada al 90% por el Gobierno de La Rioja. “Se portó muy bien conmigo y con el pueblo”, agradece el alcalde que detalla que ha sido un camino complejo hasta recuperar este espacio. Construcciones José María San Miguel ha sido la empresa encargada de la ejecución de los trabajos.
“Cuando comencé como alcalde (en 1995), pastaban las vacas allí”, cuenta Sáenz sobre las ruinas del antiguo templo, “y dije esto no puede ser”. Desde la segunda mitad de la década de los 70, el templo ya no contaba con campanas, retablos, imágenes o demás elementos de valor y, como detalla, fue a partir de ahí cuando comenzó su deterioro. “Era una pena ver así un edificio del siglo XVI con unas paredes de sillería preciosas de metro y medio de anchura”. Pues, más allá de la función social en este pequeño municipio, Sáenz destaca el valor patrimonial y arquitectónico de la iglesia. Fue por ello, por lo que insistió durante años hasta conseguir que la ruina pasara de la diócesis a ser propiedad del pueblo y poder hacer algo para su recuperación.
“De verla llena de arbustos, que subían las matas hasta arriba, sin cubierta, con los arcos y columnas desechos...Hemos conseguido un edificio para el bien del pueblo, para cualquier evento da un servicio estupendo”. El centro social se compone por un salón de usos múltiples, un pequeño almacen, una cocina y servicios.
En mente queda recuperar en este nuevo centro el día que el municipio dedicaba a sus migas de pastor. “Lo más importante, más allá del ocio, es haberlo recuperado, a mí me dolía mucho yo aquí me he bautizado, he hecho la comunión, fui monaguillo... y ver un montón de escombros duele, haber recuperado el edificio es ya una satisfacción”. Es el principio de su segunda vida.
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