Más de 60 colectivos defienden la vida en Lavapiés contra un “sistema voraz” que echa a los vecinos de sus casas
Las calles de Lavapiés se han llenado esta mañana de reivindicación en defensa del barrio, pero también de música y color. La plataforma Lavapiés al límite, formada por 62 colectivos, ha salido a las calles en esta jornada de lucha que ha partido a las 12.00 horas desde el parque del Casino de la Reina y ha congregado a un millar de personas, según la organización. La manifestación, que se ha tornado en una especie de ruta por el barrio y sus plazas. “El barrio es para quien lo habita”, coreaban una y otra vez.
No es la primera vez que Lavapiés al límite protesta, ni será la última. Ya lo hicieron el 1 de junio de 2024. No fue hasta el incremento el pasado noviembre de “redadas racistas”, tal y como denuncian desde la plataforma, que el colectivo se volvió a activar. “Los controles tienen un sesgo racial increíble. En teoría vienen en busca de droga, pero la mayoría de nuestros vecinos acaban detenidos por estar en situación administrativa irregular”, afirma Lucía, integrante de la plataforma. “Es algo muy efectista. Creen que hacen ver a las vecinas que las instituciones actúan cuando en realidad criminalizan a la población racializada”, añade esta vecina del barrio que trabaja con infancias.
La gota que colmó el vaso llegó con una redada en el parque de Casino de la Reina, precisamente donde ha comenzado y terminado la protesta de este domingo. Los niños y niñas que jugaban en las canchas tuvieron que ver cómo los agentes registraban a sus progenitores. A partir de entonces, las más de seis decenas de organizaciones que forman Lavapiés al límite comenzaron a trabajar con mayor ahínco. “Estamos en contra de este sistema voraz y depredador que nos echa de nuestras casas. Y no es algo que solo afecte a Lavapiés, sino que ha llegado a muchos otros barrios de muchas otras ciudades. Es algo sistémico”, defiende Lucía. Cerca de ella, algunas pancartas con mensajes como “no es problema policial, es fallo institucional” y “Lavapiés sí, droga no”.
En cada rincón, un grito de protesta
La protesta ha utilizado Casino de la Reina para realizar un alegato a favor de una infancia libre y con los recursos suficientes a su alcance para el desarrollo correcto de los más pequeños, quienes han leído sus proclamas. “A la infancia le atraviesan todas las problemáticas del barrio, es la primera perjudicada con los desahucios y con la falta de servicios públicos, además de que los colegios siguen sin estar habilitados para las olas de calor cada vez más severas que sufrimos”, ha incidido Lucia.
En la calle de Embajadores, en las escaleras de acceso al Mercado de San Fernando, militantes feministas han recordado que, ante los problemas, quien realmente ayuda son “mis amigues, mis vecinas, no lo guiris ni la policía”. En la plaza de Arturo Barea, frente al centro de salud del barrio, han tratado la deficiencia de los servicios sanitarios en el barrio desde una perspectiva antirracista y han alegado la necesidad de una sanidad universal real, además de que haya intérpretes para la población migrante. “Con techo, sin techo, padrón por derecho”, han coreado los presentes cuando la manifestación alcanzaba la primera media hora de duración.
Más arriba, en la plaza Nelson Mandela, los manifestantes han abogado por el antirracismo. Alrededor, gritos de “echa al turista, recupera una vecina”. También han llevado a cabo una acción en defensa del Baobab, el mítico restaurante que cerró hace unos años y cuyo edificio quieren convertir en un hotel de cápsulas. En la plaza de Tirso de Molina han defendido el fortalecimiento de los recursos para la salud mental a la par que los turistas presenciaban con asombro la protesta. Después, los manifestantes han parado en Tribulete para terminar en Casino de la Reina.
Un barrio en lucha contra la especulación de la vivienda
En Tribulete 7 la vivienda, la gentrificación y la turistificación han protagonizado las proclamas. Sabela Mascuñana, integrante del Sindicato de Inquilinas, que a su vez forma parte de Lavapiés al límite, ha explicado a elDiario.es que “muchas vecinas viven con la incertidumbre constante de no saber si podrán seguir en sus casas, con contratos inestables y con alquileres que suben sin justificación”. “Fuera fondos buitre de nuestros barrios” ha sido uno de los cánticos más repetidos.
Este colectivo en lucha por el derecho a la vivienda digna ha recalcado que “no se trata de situaciones puntuales, sino de una realidad cotidiana que está transformando el barrio y expulsando a toda la gente que lo sostiene”. Mascuñana ha reivindicado que la vivienda no puede seguir tratándose como una mercancía con la que especular. “Y el Estado y las instituciones se ponen constantemente de parte de los rentistas que nos expulsan del barrio”, ha comentado en el momento en que varios de sus compañeros pegaban carteles que rezaban “+ churros, - aguacate”.
El Sindicato de Inquilinas sabe bien que, cuando la vivienda falla, también fallan las redes, los cuidados y la vida comunitaria, tal y como ha subrayado la misma Mascuñana. Es lo que quieren evitar todos los bloques en lucha que intentan resistir en Lavapiés ante el avance de la especulación y el rentismo. San Ildefonso 20 contra ATM Tyr Real State, los afectados de las calles Mesón de Paredes y General Lacy contra la familia Campos Cebrián- González Ruano y Tribulete 7 contra Elix Rental Hausing son ejemplo de la lucha liderada por el Sindicato. Además, este último caso protagoniza la primera querella colectiva por acoso inmobiliario en España que ahora mismo sigue su curso judicial.
La vivienda ha sido el tema que ha hecho que Robert Forderg se manifestara hoy por Lavapiés. “El barrio ha cambiado mucho en 20 años. Cuando nacieron nuestros dos hijos fue imposible encontrar una vivienda del espacio que necesitábamos y nos bajamos a Embajadores, donde también llega la gentrificación”, ha comentado. Este profesor de instituto de 47 años también ha incidido en la inseguridad de la zona. No estaba solo. “Todos dicen que somos el futuro, así que tenemos que hacer que sea bueno”, ha afirmado su hijo de 10 años mientras miraba indeciso a su padre.
Contra la división de la diversidad en Lavapiés
Eran en torno a las 14.00 horas de esta jornada soleada de domingo cuando la plataforma ha leído un manifiesto en el que han mostrado sus principales reivindicaciones. “Nuestro barrio, Lavapiés, lleva décadas de abandono institucional. Los servicios sociales son cada vez más escasos y precarios, mientras aumenta el racismo institucional, la especulación inmobiliaria, los desahucios, la gentrificación y la proliferación sin control de pisos turísticos”, han comenzado.
La plataforma ha criticado que “esta forma de proceder está tratando de segregar y dividir la diversidad que tanto ha caracterizado a Lavapiés”. Los vecinos han denunciado que se ven empujados a abandonar sus hogares “para especular y sustituir a los habitantes del barrio por otros con mayor poder adquisitivo”. Del mismo modo, han defendido que Lavapiés es diversidad y convivencia, “porque muchas vecinas no vamos a desistir en la tarea de construir unas relaciones humanas que no estén basadas en el miedo y la injusticia”.
Entre sus demandas han recalcado la apertura de un centro permanente de atención a personas drogodependientes, con problemas de salud mental y/o en situación de calle, así como políticas que pongan a la infancia y la juventud en el centro. Asimismo, han exigido unos servicios que realmente cuiden a las personas ancianas y dependientes y el acceso universal a la salud con presencia de intérpretes y mediadores en las lenguas del barrio, y el refuerzo urgente de aulas de enlace para facilitar la integración a los menores extranjeros en el sistema educativo.
Lavapiés al límite ha reclamado “un barrio libre de todo tipo de violencias, y especialmente de violencias machistas y delitos de odio y racistas”. Por último, entre sus exigencias está frenar la especulación y la proliferación constante de pisos turísticos; mejorar y aumentar los espacios verdes del barrio y crear refugios climáticos, y el reconocimiento y legitimidad de los centros autogestionados.
Un nuevo calendario de protestas por delante
Pero las reivindicaciones no terminarán aquí. La plataforma intentará seguir ocupando sus plazas y calles, al menos, una vez al mes. Lucía ha adelantado que en marzo tienen la idea de “cerrar” las calles del barrio por el feminismo, y hacer lo propio en abril con el foco puesto en el medio ambiente y los espacios verdes y continuar en mayo con infancia. “No tengo muchas esperanzas en que la Administración vaya a tomar nota, aunque me gustaría confiar en que harán su trabajo. Al menos que sepan que las vecinas estamos organizadas ante el desmantelamiento del barrio”, ha finalizado esta activista.