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Vigilados por desokupas y obligados a irse por un fondo: vecinos de un bloque de Malasaña plantan cara a la especulación

Uno de los balcones de Valverde 42 con pancartas contra la especulación

Nerea Díaz Ochando

Madrid —

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El pasado 7 de noviembre, la vida de 18 vecinos y vecinas de la calle Valverde, en el barrio de Malasaña, dio un giro de 360 grados. Aquella mañana recibieron una notificación que rompía de golpe cualquier sensación de estabilidad: el edificio en el que viven, situado en el número 42 de la céntrica calle, había sido vendido a un fondo de inversión, Vencar Capital. Desde ese momento, la incertidumbre y la angustia se instalaron en un bloque que, para muchos de sus inquilinos, ha sido un hogar durante buena parte de su vida.

Para Marcos, el vecino más antiguo del edificio, la noticia fue toda una sorpresa. Para él, al igual que para el resto de sus vecinos, abandonar el bloque supone dejar atrás muchos recuerdos. Entró a Valverde 42 en 2005. En julio se cumplirán 21 años desde que cruzó por primera vez la puerta de su vivienda. “Esta casa me ha visto crecer, trabajar, reír, llorar y despedir a mi padre. Llegué con 26 años y ahora tengo 47. Es mi hogar”, cuenta.

La noticia supuso un shock porque entre los inquilinos no había sospechas de una posible maniobra de este tipo. Marcos asegura que tan solo un par de semanas antes habían preguntado al propietario si tenía alguna intención de vender, algo que negó rotundamente.

La operación se cerró el 6 de noviembre de 2025, pero los inquilinos no tuvieron conocimiento de ella hasta el día siguiente. Tan solo unos días después de recibir la carta en la que les informaban de la venta del edificio, la promotora inmobiliaria se puso en contacto con los vecinos para hacerles saber cuáles eran sus planes. “Nos dijeron que no nos iban a renovar los contratos y ahí entendimos que la idea era vaciar el edificio”, explica Marcos.

En la carta, a la que Somos Malasaña ha tenido acceso, la propiedad les comunicaba que una vez finalizado sus contratos de arrendamiento actuales, deberán “entregar la vivienda en buen estado de conservación con todos sus elementos y suministros al corriente, libre de personas y bienes, quedando el inmueble a disposición de la propiedad”. Del mismo modo, les recordaban que hasta la fecha de terminación permanecen vigentes todas las obligaciones contractuales, incluido el pago de la renta.

Desde aquel momento, los vecinos de Valverde 42 han intentado dialogar con Vencar Capital para poder continuar en sus viviendas o, en cualquier caso, conseguir una indemnización superior a la que les ofrecen: un mes de alquiler por cada mes que adelanten su salida. En el caso de Marcos, son cuatro meses y considera que “con los precios actuales de la vivienda en Madrid eso no te permite rehacer tu vida en ningún sitio”. Tampoco han tenido la oportunidad de negociar con el anterior propietario, que, aproximadamente dos semanas después de la venta, se quitó la vida.

Las presiones han ido en aumento desde la compra del edificio con la intención de ir “quitándose de en medio” a los vecinos. El primero en salir del edificio fue el conserje. Le despidieron después de llegar a un acuerdo con la propiedad. También se instalaron alarmas en los pisos vacíos y se comunicó la intención de colocar cámaras en las zonas comunes, algo que finalmente no se pudo hacer por la ley de protección de datos. En su lugar, contrataron a un empleado de la empresa de desokupación Desokupa KGB para mantener vigilados a los inquilinos las 24 horas del día.

“Dicen que es por seguridad, pero es una forma de recordarnos constantemente que quieren que nos vayamos”, relata Marcos. Los vecinos cuentan que a veces está de día y otras veces de noche. Se pasea por todo el edificio haciendo videollamada de madrugada, interrumpiendo el descanso de los vecinos. También aprovecha para fotografiar y grabar las puertas de los pisos en los que todavía quedan inquilinos. “No nos increpa directamente, pero la sensación de vigilancia es permanente”, señala.

A ello se suman visitas continuas al edificio. “Lo compraron por 5,3 millones de euros y lo están revendiendo”, explica Marcos. Los vecinos han llegado a escuchar conversaciones con posibles compradores en las que planteaban venderlo por 9,5 millones sin inquilinos y por 8,4 millones con ellos dentro. “En tres meses la rentabilidad sería descomunal”, asegura.

Actualmente, viven en el edificio 18 personas, además de dos locales comerciales. El contrato más próximo a caducar es el de una vecina que deberá abandonar su vivienda el 28 de febrero. Otros se extienden hasta 2028.

El edificio de Valverde 42

De los 18 vecinos, 16 han decidido movilizarse para frenar los planes del fondo de inversión. Sin embargo, la presión ya ha tenido consecuencias. La inquilina de uno de los locales se marcha este mismo fin de semana, pese a que su contrato vencía en 2027. “No ha podido soportarlo”, cuenta Marcos. No es la única. Otro de los vecinos se fue al poco de conocer la noticia. Pudo encontrar una alternativa habitacional y aceptó la compensación económica que le ofrecían.

Sin alternativa en su barrio

Desgraciadamente, el caso de este vecino no es extrapolable al resto. Todos los inquilinos han hecho el mismo ejercicio: buscar una alternativa en el mercado actual. El resultado es desolador. “En Malasaña, una habitación en un piso compartido cuesta ya cerca de 1.000 euros. Para pagar lo mismo que ahora, tienes que irte a pueblos como Navalcarnero y eso implica dos horas de transporte para llegar a tu trabajo. Te expulsan de la ciudad”, explica Marcos.

Según datos del portal inmobiliario Idealista, el precio medio del metro cuadrado en viviendas de alquiler en el distrito Centro alcanzó en diciembre de 2025 su máximo histórico: 27,1 euros por metro cuadrado, lo que supone un aumento del 6,6 % respecto al mismo mes de 2024. No es la única cifra a tener en cuenta. El ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, informó el pasado mes de diciembre de que a lo largo de 2026 vencerán en todo el país más de 630.000 contratos de alquiler, afectando a alrededor de un millón y medio de personas. Además, solo en Madrid se calcula que existen unos 30.000 edificios de propiedad vertical expuestos a este tipo de expulsiones masivas.

“Están desmantelando la ciudad”, denuncia Marcos. “Madrid no es solo monumentos, es la vida de sus barrios. Si nos echan a quienes vivimos y trabajamos aquí, esa vida desaparece. Se está construyendo una especie de Disneylandia para turistas. Y no es turismofobia, es una crítica al modelo”, apostilla.

La situación de Valverde 42 encaja en un patrón cada vez más común en barrio como Malasaña. Así lo explica Maribel Pizarroso, presidenta de la Asociación Vecinal Maravillas. “Llevamos tiempo detectando una expulsión masiva de personas de sus hogares. No es solo un problema urbanístico o inmobiliario, es un auténtico drama humano”, afirma.

Pancartas colgadas en los balcones de Velarde 42

Desde la asociación han identificado ya alrededor de veinte edificios vendidos en el barrio para su transformación en pisos de lujo o usos hoteleros. “Muchos vecinos se marcharon en silencio, sin apoyo alguno, afrontando el desarraigo completamente solos”, lamenta Pizarroso.

Cita ejemplos como Pez 3, en obras desde hace casi dos años o San Andrés 32, desalojado hace tres. También Pez 1, donde se cerró la única residencia de mayores del barrio. Incluso el edificio de enfrente de Valverde 42 se ha vendido para convertirse en un bloque de pisos turísticos.  “Otros edificios llevan años funcionando como hoteles. Esto no es nuevo, pero ahora se ha acelerado de forma alarmante”, alerta.

Ante esta amenaza, los vecinos de Valverde 42 han decidido organizarse y convertirse en el primer “bloque en lucha” del barrio. Lo han hecho con la ayuda del Sindicato de Inquilinas, la Asociación Vecinal Maravillas y la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM). “Lo primero es el acompañamiento emocional. Después, el asesoramiento legal y la visibilización del conflicto”, explica Pizarroso.

Los vecinos reclaman a las administraciones medidas urgentes para frenar la especulación, proteger a los inquilinos y garantizar el derecho a una vivienda digna. “No pedimos nada extraordinario, solo poder seguir viviendo en nuestras casas”, subrayan.

Este sábado 24 de enero, a las 18.00 horas, el edificio desplegará pancartas en sus balcones para visibilizar su situación. “Queremos decir alto y claro que seguimos aquí”, afirman. Porque, como insiste Marcos, “esto no va solo de contratos. Va de vidas. Yo llevo 21 años aquí. Esta casa es mi hogar, y eso tiene un valor que no se puede medir en millones”.

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