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Un centro para albergar la memoria comercial de Madrid y pensar su futuro en el mercado más grande de Europa

Carteles de la exposición de Paco Graco en Centro Centro de Cibeles

Diego Casado

Madrid —

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“No va a quedar nada de todo esto”, rezaba el lema de una exposición del colectivo Paco Graco que alojó hasta el mes de marzo el Palacio de Cibeles y que se quedó grabado en la retina de las decenas de miles de madrileños que pasearon por los 150 rótulos del patrimonio gráfico de un Madrid que fue, pero que también se preguntaba por la ciudad que será.

El vaticinio en forma de la frase que definía la muestra ponía en alerta a una urbe en transformación, en la que las franquicias ganan terreno a pasos agigantados, donde cada vez es más difícil encontrar espacios creativos, con personalidad, que acaban claudicando ante los negocios funcionales y repetitivos de grandes cadenas. Pero Madrid es una ciudad aún capaz de sorprende a sí misma, en la que proyectos sobre el pasado como Paco Graco son capaces de transformar el futuro. Es lo que puede ocurrir los próximos meses en el mercado más grande de Europa, el de Maravillas, gracias a una idea para abrir un espacio cultural único durante la próxima década.

Los icónicos rótulos de Paco Graco serán el eje central de un “centro de diseño e investigación” -así lo definen sus responsables, a falta del nombre definitivo- que ocupará 2.500 metros cuadrados y varias plantas de este enorme edificio municipal de Tetuán, dentro de un proyecto con muchas vertientes y que verá la luz en el año 2025.

Además del primer espacio permanente de gráfica comercial de Madrid, el lugar contará con librería, cafetería, tienda y una pequeña sala para proyecciones. Todas distribuidas en la zona del mercado más cercana a la calle Bravo Murillo, donde se encuentra la entrada principal a esta enorme galería de alimentación.

El acuerdo para desarrollar este proyecto viene de un entendimiento a tres bandas entre los comerciantes del Mercado de Maravillas, el Grupo Festín y Paco Graco. El contrato entre los dos primeros está recién firmado. El que implica a los dos últimos está pendiente de los últimos flecos, que ambas partes confían en rubricar pronto. El proyecto de reforma ha sido elaborado por los arquitectos Tamara de los Muros y Antonio García Martos y las obras comenzarán en breve. Enero de 2025 es la fecha en la que sus impulsores quieren abrirlo al público, aunque los plazos dependerán de la evolución de los trabajos.

Lejos de querer convertir este nuevo espacio en un “cementerio de rótulos”, la intención de Paco Graco es que se transforme en un “lugar de encuentro y un espacio de pensamiento para el futuro de la ciudad”, asegura Alberto Nanclares, uno de los fundadores del proyecto. “Es un sueño que Paco Graco pueda estar en el Mercado Maravillas, que tiene 150 años y que está superconectado con el futuro, representa el Madrid del siglo XXII”, apunta en conversación con Somos Tetuán. Su intención es que los carteles y rótulos puedan funcionar como marco para pensar cómo puede ser la ciudad de dentro de unos años, su comercio, paisaje, empleo... “nuestro proyecto trata del futuro pero para el futuro tenemos que tener identidad y memoria”, añade.

La afluencia tan masiva que tuvo la muestra en el Centro Centro de Cibeles sirvió para investigar a través de un público muy amplio lo que para cada uno significan las transformaciones urbanas. Y para alertar por la nostalgia, que según Alberto Nanclares “atrapa y ataca” a nuestra sociedad, citando efectos secundarios como el inmovilismo o la retromanía. Por ello la intención del nuevo espacio que quiere abrir en Tetuán no es convertirlo en un museo: “Deberíamos parecernos más a un centro de arte”, señala recordando las últimas semanas de su exposición en Cibeles, convertidas en “una fiesta con mucha mezcla de gentes y mucho vitalismo”.

Un proyecto privado “sin maximizar el beneficio”

La filosofía empresarial detrás del proyecto la aporta el Grupo Festín, encargado actualmente con Ephimera de la actividad comercial del Círculo de Bellas Artes o del Palacio de las Alhajas, entre otros, y de diferentes proyectos de hostelería a través de La Francachela. “La intención es mezclarse con la vida actual del mercado, participando del intercambio que se produce allí”, explica María Álvarez, periodista, empresaria y cofundadora del grupo.

María defiende que lo que han pensado para este mercado entra en la línea histórica de las iniciativas culturales que llegan por impulso privado y no dependen de la financiación pública para pervivir. “Es muy factible financiar centros culturales desde lo privado, si no tienes un proyecto de maximizar el beneficio”, puntualiza explicando que lo que buscan es crear espacios “que no estén atravesados por dinámica económica”. La entrada a este lugar será totalmente gratuita, también adelanta.

El proyecto servirá para hacer revivir espacios dentro del Maravillas que llevan más de dos décadas sin uso, con exposiciones temporales y permanentes, actividades compatibles con el mercado y crear un espacio “primero para beneficio de los tetuaneros y luego para el resto de madrileños”, puntualiza Nanclares, que quiere anticiparse a posibles efectos turistificadores. Tanto él como María Álvarez destacan el enorme dinamismo de lugar en el que se enclavará, la calle Bravo Murillo, una de las más vitales de Madrid, con dinámicas muy atractivas.

La apertura de este nuevo lugar para el arte, la memoria y el futuro es posible también gracias a la asociación de comerciantes del Mercado Maravillas, que cede el espacio. Al frente de las negociaciones han estado su director gerente, José Miguel García Viejo, asistido por Ander Zumeta.

García Viejo destacaba también hace dos años, en una entrevista con Somos Tetuán, la vitalidad del barrio alrededor de su mercado y su futuro: “Hay pocas calles en Madrid que tengan tanta gente en la calle como Bravo Murillo. Es una calle que le planta cara a la Gran Vía y le gana. Toda esa gente necesita un proyecto, y el proyecto necesita atraer a toda esa gente”. Entonces trazaba una teoría sobre el enclave del Maravillas en Madrid y el paso de las Termópilas, mientras intentaba encontrar un Leónidas que comandara la resistencia. Una búsqueda que ahora, tal vez, haya dado sus frutos.

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