Entrevista

Luis López Carrasco, director de 'El año del descubrimiento': "Cuantos menos derechos tengamos, más podrán hacer con nosotros lo que quieran"

Luis López Carrasco

La nueva película del director murciano Luis López Carrasco, ‘El año del descubrimiento’, llegará a la Región de Murcia el 25 y el 26 de noviembre por la celebración del Festival Internacional de Cine de Cartagena –FICC-. Tras su estreno en las salas de cine del país el pasado 13, el documental se ha convertido en el fenómeno cinematográfico del momento, y ha sido premiado en certámenes como el Festival Cinema du Reel en París, el de cine documental Tesalónica o el de Jeonju de Corea del Sur. Este filme nos traslada a 1992, año en el que se celebran en España los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla. Mientras tanto la reconversión del sector industrial español azota el municipio murciano de Cartagena provocando que miles de trabajadores pierdan su empleo ante el cierre de las empresas de la ciudad. Esta situación económica culminó en la quema de la Asamblea Regional el 3 de febrero de 1992.

¿Cuál fue el motivo por el que decidió crear este documental? ¿Qué mensaje ha querido lanzar a los espectadores?

Mis películas siempre intentan volver a mirar la historia reciente de la sociedad española para intentar entender mejor nuestro presente, un presente que tras la crisis de 2008 se queda completamente fracturado. El país se queda hecho añicos. Tanto con mi primera película ‘El futuro’, que trataba sobre una fiesta de gente joven en el año 82 y era una mirada al inicio de la democracia, como con ‘El año del descubrimiento’ quería mostrar las contradicciones de aquel momento. En España mientras se estaban celebrando los Juegos Olímpicos y la Expo en el 1992, varias ciudades del país estaban atravesando tanta desesperación que todo acabó en un hecho tan simbólico y violento como es la quema de un parlamento autonómico. Me pareció que reenfocar la historia, que nos hemos dado cómo sociedad sobre lo que estábamos haciendo en el 92, es importante para entender las contradicciones que atravesamos y arrastramos hasta ahora.

¿Por qué eligió algo tan concreto como es la quema de la Asamblea Regional del 92 como hilo conductor de las crisis que ha sufrido el país desde la transición democrática?

Lo elegí por esa idea de que un parlamento, y más ese año en el que ocurrieron tantas cosas en España, es algo muy concreto. Para mí era muy importante hablar de la reconversión industrial porque fue un proceso que afectó a muchísima población y no ha sido demasiado tratado ni en la ficción ni en el cine documental. Recordar esto es importante para tener una imagen más completa de quienes somos. Creo que el hecho de que esto suceda en el 92 es muy simbólico. Además, en esa misma semana se estaba firmando el Tratado de Maastricht, mediante el cual se estaban poniendo los cimientos de la Unión Europea. Me pareció interesante ver que todo estaba sucediendo en ese momento, lo que luego nos ha condicionado durante tanto tiempo.

En cuanto a la realización cinematográfica del documental, llama bastante la atención el hecho de que la base de la película sean las charlas entre amigos en un bar de Cartagena, el Bar La Tana. ¿Por qué eligió este local como escenario?

Desde el principio a mí me interesaba hacer un retrato coral con muchas personas distintas con sus respectivos puntos de vista para hacer esa radiografía de los barrios obreros de Cartagena y de La Unión. El hecho de que la película se desarrolle en un bar nos puede decir mucho de los barrios de trabajadores de muchos sitios de España, de Europa e incluso de otros sitios del mundo.

La idea de que la película se desarrolle dentro de un bar era porque quería que se plantease como una gran tertulia o debate. Me parecía que un espacio como un bar acoge a generaciones muy distintas de procedencias distintas… Para mezclarlos a todos me pareció que el bar era el sitio más apropiado. Además, como es un retrato de barrio, un bar tan característico como La Tana de Cartagena era el lugar idóneo. La película también juega durante mucho tiempo a no definir si estamos en el 92 o en la actualidad, La Tana reunía esas condiciones. El hecho de que todos ellos están como encerrados en un lugar del que no pueden salir, desde un punto de vista metafórico también me parece que habla de esas condiciones estructurales que te afectan desde el momento en el que naces. ¿Hasta qué punto afecta a tu vida el simple hecho de nacer en una calle de un barrio específico?

Una de las características más importantes y presentes en el documental es la pantalla partida. ¿Dónde y cómo surge esta idea?

Esta idea surge durante la grabación. En muchas ocasiones grabábamos con dos cámaras para retratar las conversaciones tan vivas y tan llenas de energía de los personajes. Al montar el material, las grabaciones de cada cámara se pusieron en paralelo para verlo de manera sincrónica. El montador Sergio Jiménez y yo vimos que sucedía algo que conectaba muy bien con el hecho de estar dentro de un bar. El estar escuchando conversaciones, tener diferentes focos de atención o poder atender a lo que está diciendo uno mientras escucha lo que dice la persona de la barra…Esta sensación de profundizar en la atmósfera y de estar en medio de las conversaciones, hacía que fueras más partícipe de la atmósfera del bar.

Luego desarrollamos todo tipo de estrategias con la doble pantalla: mezclar texto, utilizar en un lado imágenes de Archivo y en el otro alguien hablando, o asociar a personas que se parecen entre sí. De este modo, el ritmo era más fluido y orgánico.

Hasta la fecha con ‘El año del descubrimiento’, ha recibido varios premios de festivales de cine tanto a nivel nacional como internacional. ¿Se imaginaba que la película iba a tener tanta acogida?

Tanta acogida no me la esperaba para nada. Mi principal duda era si una película de 3 horas y 20 minutos se iba a poder hacer hueco. Una película tan larga no tiene hueco para programarla en el calendario de los festivales. Pero desde el minuto uno empezamos a percibir que los programadores de festivales de todo el mundo estaban muy interesados en la película. Percibimos que la potencia que nosotros sentíamos que tenía el filme podía llegar a públicos muy diversos. El hecho de que haya podido llegar tan bien al público en España ha sido una mezcla de factores, pero confiábamos mucho en la película. Sabíamos que podía funcionar, pero no cuando. A lo mejor lo hacía en 2020 o en 2030. Nunca sabes cuando las películas van a encontrar su público.

A medida que avanza la película se puede percibir cierta cercanía con algunos de los personajes. ¿Considera que este ha sido el filme que más le ha conmovido a lo largo de su carrera profesional?

Es cierto que había una cierta afinidad con algunos de los personajes porque en el propio proceso de documentación al final te hacías muy cómplice e incluso amigo de algunos que aparecen en la película. Para mí todas mis películas son personales aunque hablen de cosas muy lejanas. En todas hay algo de mis recuerdos, de mi memoria o de la gente que me ha rodeado.

Evidentemente, en este caso en concreto el poder hacer una película en Murcia habiendo tenido familia en Cartagena me permitió visitar a menudo a mi abuela durante sus últimos momentos. Además, en la propia película sale algún compañero mío del instituto. Tengo la sensación de que con esta película he podido hacer algo con lo que yo llevaba soñando mucho tiempo, que era hacer un retrato de la gente que me ha rodeado tanto en mi infancia como en mi adolescencia. El proyecto ha sido un viaje a mi pasado.

Después de que la clase obrera de toda una generación diera su vida por la industria naval o minera de Cartagena y de La Unión, ¿diría que actualmente estamos sufriendo las consecuencias de la reconversión industrial?

Estamos sufriendo las consecuencias de la reconversión industrial porque esta determinó que a partir de ese momento muchas comunidades autónomas vivieran de los servicios y del sector primario. Esto ha provocado que no se haya invertido ni en Educación ni en investigación ni desarrollo y nos deja en lugar muy subsidiario.

¿Por qué los sindicatos han perdido el protagonismo que tenían? Esta es una pregunta que tendríamos que hacernos porque puede estar relacionada con las reformas que fueron surgiendo. Yo creo que los sindicatos no se han modernizado, no han sabido conectar con la población. Por otro lado, han sido muy criticados por las diferentes reformas laborales.

Me gustaría que no siempre le echáramos la culpa de todo a los sindicatos, aunque también sería importante que hicieran autocrítica. Si no, están condenados a perder relevancia, si es que no la han perdido ya. ¿Qué ha provocado que unos sindicatos que hacen una huelga general tan exitosa en los 90 estén perdiendo tanto vigor? Este es el debate que se intenta plantear la película y lo importante que es asociarse para no perder derechos.

Algunos testimonios de la película culpan a la dictadura franquista del gran atraso que sufre España tras haber estado más de 40 años sin avanzar como sociedad. ¿Cree que el país conseguirá algún día recuperar esos años perdidos?

En cuanto a nuestra entrada en Europa, se tomaron una serie de decisiones económicas que definen un modelo muy frágil. Yo soy optimista, pero es verdad que la cultura de caciques la cual arrastramos desde el siglo XIX nos ha dejado una herencia de grandes familias muy conectadas con el poder. Creo que si no hay una reconsideración profunda de cuál es nuestro potencial como sociedad, estaremos condenados a repetir los mismos problemas.

En ese año gobernaba el PSOE presidido por el expresidente de Murcia Carlos Collado. Tras la crisis industrial y la quema del parlamento autonómico, el PP gana las elecciones en la Región de Murcia aun año después. ¿Fue esto un castigo para el PSOE?

Lo que sucede a principios de los 90 no creo que se vuelva a replicar porque lo que ocurrió fue como consecuencia de un conjunto de factores. La ineptidud de la clase política, la chapuza legislativa y el descontrol policial generaron una situación de gran tensión. Los sindicatos son los primeros que no querían que la cosa se descontrolase.

La historia se podría repetir, pero de diferentes maneras. Se puede salir de una crisis fortaleciendo los servicios públicos, intentado que las pequeñas empresas y la clase trabajadora no se arruinen, o puedes salir de ella intentando aprovecharla para enriquecerte. Lo que está claro es que no se puede intentar tapar las cosas como si no existieran. Ahí es cuando la historia vuelve a repetirse y hay un castigo por parte de la población que dura 25 o 30 años.

¿Ha notado que el documental haya tenido algún tipo de repercusión política?

Por ahora no he notado ninguna. El documental intenta ser constructivo. Creo que simplifica muy bien qué tipo de cosas no debe hacer un partido que se considere de izquierdas o socialdemócrata. Hay una serie de decisiones que te condenan. Las fuerzas políticas pueden aprender mucho para saber un poco dónde están las fuerzas y las debilidades de muchas de nuestras estructuras sociales.

¿Cree que la comunidad obrera que quemó la asamblea en el 92 existe a día de hoy? ¿Permanece esa conciencia de clase?

En la película parece que la conciencia de clase está bastante desarticulada. Aunque hemos vivido en un régimen neoliberal y en un sistema mediático que premiaba cumplir sueños materiales e individuales como el segundo coche o la segunda casa. Llevamos mucho tiempo bajo una doctrina que nos hace estar cada vez más aislados y estar menos preocupados por la comunidad. También es cierto que la película sorprende muchas veces con personajes que siguen queriendo mejorar sus condiciones de vida y las de toda su gente.

Tenemos que tener en cuenta que la idea del obrero ha cambiado. ¿Qué es ahora un trabajador o una trabajadora? Ya no podemos seguir pensando en las grandes fábricas de antaño o en los grandes centros donde había 2.000 personas dentro de la plantilla. Ahora mismo la gente es autónoma o teletrabaja. La propia idea de trabajo hay que repensarla. Quizá volver a tener conciencia de clase sea entender que esa idea de que todos podemos ser empresarios de nosotros mismos no es real. Al final esto es una lucha colectiva que está por hacer. Cuantos menos derechos tengamos, más podrán hacer con nosotros lo que quieran. Con la anterior crisis, perdimos calidad de vida y también salario, pero las grandes empresas están teniendo más beneficios que nunca. Yo creo que estos son los temas importantes que deberíamos tratar y no otros.

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Publicado el
21 de noviembre de 2020 - 11:06 h

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