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San Esteban: el yacimiento andalusí que estuvo a punto de desaparecer bajo un aparcamiento

Entre los restos animales más importantes encontrados en San Esteban están los de una yegua herrada.

Gloria Piñero

12 de junio de 2026 22:45 h

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Resulta difícil imaginar que uno de los barrios más importantes de la Murcia andalusí naciera, literalmente, sobre un vertedero. En el mismo lugar donde, hoy, miles de personas pasean cada día entre el Palacio de San Esteban —sede de la Presidencia y del Consejo de Gobierno de la región—, la avenida de la Libertad y El Corte Inglés, el subsuelo guarda la historia de un espacio que durante décadas sirvió para acumular cenizas, escombros y residuos domésticos antes de transformarse en el gran arrabal medieval de la Arrixaca, el principal barrio extramuros de la ciudad de Mursiya.

Es el gran giro de guion que están revelando las últimas excavaciones del yacimiento de San Esteban, un conjunto arqueológico de aproximadamente 10.000 metros cuadrados situado en pleno corazón de la Murcia actual. No se trata únicamente de un hallazgo excepcional por la calidad de sus restos, sino de una auténtica cápsula del tiempo que está obligando a revisar el relato sobre cuándo —parece que a principios del siglo XII— y cómo nació un enclave cuya relevancia trasciende el ámbito científico.

Cuando en 2009 comenzaron las obras para construir un aparcamiento subterráneo bajo los jardines de San Esteban, las excavaciones sacaron a la luz un barrio islámico prácticamente intacto. Lo que iba a ser una actuación urbanística terminó convirtiéndose en uno de los mayores conflictos patrimoniales de la historia reciente de la Región de Murcia. Arqueólogos, historiadores, asociaciones vecinales, colectivos sociales, diversas organizaciones y los partidos políticos PSOE e Izquierda Unida (IU), impulsaron una plataforma ciudadana que promovió movilización sin precedentes para reclamar la conservación íntegra del yacimiento, convencidos de que el valor histórico del conjunto era incompatible con la construcción del estacionamiento.

La dimensión del hallazgo fue resumida por el arqueólogo y exdirector del Museo Arqueológico Nacional, José María Luzón Nogué, con una frase que todavía hoy sirve para medir su importancia: “No hay una ciudad que pueda mostrar la historia de una época en esta extensión en ningún otro lugar”. No era una exageración. El arrabal de la Arrixaca constituye uno de los conjuntos urbanos andalusíes mejor conservados de Europa y permite estudiar, casi casa por casa y calle por calle, la evolución de una ciudad medieval.

Jorge Eiroa Rodríguez, arqueólogo y profesor de la Universidad de Murcia (UMU), es el director de la investigación arqueológica y miembro clave del Comité de Expertos encargados de garantizar el rigor científico y la adecuada musealización. Este reputado especialista resalta el gran valor de este patrimonio que “sin necesidad de ser monumental, es extraordinariamente representativo de lo que era la realidad en el pasado”. Para Eiroa, es una cuestión “de justicia” que la ciudad “recupere un conjunto patrimonial que pueda mostrar la historia islámica de Murcia en su momento de mayor esplendor”.

Una victoria ciudadana

La presión social e institucional para salvar el yacimiento resultó decisiva. Tras años de controversias, recursos judiciales, cambios de criterio administrativo y una indemnización de 6,4 millones de euros a las empresas adjudicatarias del aparcamiento, el proyecto fue definitivamente descartado y San Esteban pasó de ser un solar destinado a un parking a convertirse en una prioridad patrimonial. Quince años después, las excavaciones no solo continúan: están reescribiendo los orígenes de la Murcia que hoy se levanta sobre ellas.

Vista general del Yacimiento de San Esteban, un complejo arqueológico urbano de época andalusí cuyos primeros restos aparecieron en 2009.

Una de las voces más combativas en la defensa del yacimiento fue la del profesor de Arqueología de la Universidad de Murcia Javier García del Toro, fallecido en 2023. En esos días de movilización social, García del Toro contaba emocionado que, tras 35 años de profesor, “nunca había visto nada parecido para salvar un trozo de historia”.

Una financiación decisiva para desbloquear el proyecto

Salvar el yacimiento fue solo el primer paso. Durante más de una década, San Esteban permaneció condicionado por la falta de financiación suficiente y por la enorme complejidad técnica que supone intervenir sobre un barrio medieval de estas dimensiones.

El impulso definitivo ha llegado gracias a la colaboración entre administraciones y, especialmente, a la aportación económica del Estado, cuya financiación ha permitido afrontar las labores de excavación, conservación y la futura musealización del enclave. Sin esa inversión pública —más de 33 millones de euros, la mitad aportada por el Gobierno de España, otro 25% por la comunidad autónoma y un 25% más por el Ayuntamiento de Murcia— habría sido muy difícil desarrollar un proyecto de esta envergadura, llamado a convertirse en uno de los grandes referentes arqueológicos del sureste peninsular.

Mientras avanzan los trabajos, los investigadores continúan obteniendo datos que responden a preguntas planteadas desde el descubrimiento del yacimiento. Una de las más importantes era determinar cuándo comenzó realmente a poblarse este sector de la antigua Arrixaca Vieja.

Del vertedero al barrio

Las conclusiones preliminares de los arqueólogos apuntan a que la zona situada junto a la medina islámica no estuvo urbanizada desde los primeros momentos de la historia de Murcia. Antes de convertirse en un barrio densamente habitado, aquel espacio funcionó durante décadas como una amplia área periurbana utilizada para depositar residuos, escombros y restos de actividades domésticas.

El equipo de restauración de San Esteban trabajando en la recuperación de piezas cerámicas encontradas en el yacimiento.

El director de la intervención arqueológica, Clemente López Sánchez, ha explicado que los investigadores han documentado grandes depósitos de cenizas, carbón y materiales de desecho que evidencian ese uso inicial del terreno. Lejos de ser una información secundaria, esos estratos constituyen una fuente extraordinaria para reconstruir la evolución del barrio.

Los restos de cerámica, huesos de animales y otros materiales recuperados han permitido fechar con mayor precisión las distintas fases de ocupación. Gracias a ellos, los arqueólogos sitúan el inicio de una urbanización estable a finales del siglo XI o comienzos del XII, una cronología más tardía de lo que se había planteado hasta ahora. “Todos lo que estamos encontrando es un reflejo fiel de la vida cotidiana de los primeros murcianos que habitaron el arrabal”, explica López.

Este proceso coincide con una etapa de gran dinamismo para la Mursiya andalusí. Tras el declive del Califato y durante el periodo de las segundas taifas, especialmente bajo el gobierno de Ibn Mardanis, conocido como el Rey Lobo, la ciudad experimentó un importante crecimiento económico y demográfico que habría favorecido la expansión urbana hacia zonas periféricas hasta entonces escasamente ocupadas.

La cerámica que permite fechar una ciudad

Si existe un material capaz de contar la historia de una ciudad medieval, ese es la cerámica. Entre los objetos recuperados en San Esteban aparecen recipientes de almacenamiento, utensilios de cocina, platos y vasijas de uso cotidiano que, para los especialistas, funcionan como un auténtico calendario arqueológico.

El director de la excavación, Clemente López Sánchez, muestra a las autoridades locales y autonómicas fragmentos cerámicos encontrados en el yacimiento.

La abundancia de determinadas producciones, como la denominada cuerda seca parcial, junto con la ausencia de otras tipologías posteriores, ha resultado fundamental para situar cronológicamente el inicio de la urbanización del sector excavado.

Además, algunas piezas muestran influencias de importantes centros productivos de Al-Ándalus, reflejando las conexiones comerciales y culturales que mantenía Murcia con otros territorios peninsulares.

Una ciudad más avanzada de lo que se imaginaba

Los nuevos trabajos también están sacando a la luz una faceta menos conocida de la Murcia medieval: su sofisticada gestión del agua y de los residuos.

La excavación ha permitido identificar complejos sistemas hidráulicos domésticos integrados en las viviendas. Canalizaciones, conducciones de agua, estructuras de evacuación y letrinas forman parte de una red que demuestra un grado de planificación urbana mucho más avanzado de lo que tradicionalmente se ha atribuido a las ciudades medievales.

Las excavaciones han permitido descubrir sistemas hidráulicos domésticos muy avanzados para la época.

En algunos casos, las estructuras conservan fosas sépticas y depósitos prácticamente intactos desde hace siglos. Estos elementos no solo hablan de ingeniería doméstica, sino también de hábitos de higiene, organización del espacio y formas de convivencia vecinal.

Para los especialistas, este conjunto refuerza la consideración de San Esteban como uno de los ejemplos más relevantes del urbanismo andalusí conservado en Europa.

La historia cotidiana escrita en huesos

Entre los restos recuperados durante la excavación también figuran numerosos huesos de animales que permiten acercarse a la vida diaria del arrabal. Uno de los hallazgos más llamativos ha sido el esqueleto de un perro localizado en un contexto arqueológico todavía objeto de estudio. También han aparecido restos de otros animales, entre ellos una yegua equipada con herraduras.

Para la arqueología actual, estos vestigios constituyen una fuente de información tan valiosa como la arquitectura. A través de ellos es posible conocer aspectos relacionados con la alimentación, el transporte, la actividad económica e incluso determinadas prácticas culturales de la sociedad medieval.

Arqueólogos trabajan en la recuperación de restos óseos humanos en el yacimiento de San Esteban.

Otro descubrimiento singular es una estructura que algunos investigadores comparan con una especie de “caja fuerte” doméstica, destinada probablemente a custodiar bienes de valor dentro de la vivienda. A ello se suma la documentación de hasta cinco niveles superpuestos de pavimento en algunas casas, una circunstancia que demuestra que las viviendas fueron reformándose continuamente para adaptarse a las necesidades de sus habitantes.

Un proyecto para integrar el pasado en la ciudad del futuro

La importancia de San Esteban trasciende el ámbito científico. El objetivo de las administraciones es transformar el yacimiento en un gran espacio cultural abierto a la ciudadanía, capaz de combinar investigación, conservación y divulgación.

El proyecto ganador —la propuesta realizada por los estudios madrileños Burgos y Garrido Arquitectos y Ayllón Paradela de Andrés Arquitectos— plantea la creación de una gran plaza pública en superficie bajo la cual se desarrollará un espacio visitable sostenido por un “bosque de columnas” que permitirá recorrer los restos arqueológicos mediante un centro de interpretación integrado en el propio yacimiento. La propuesta busca compatibilizar la vida urbana con la protección del patrimonio y convertir el enclave en un nuevo referente cultural para Murcia. Además, recuperará el viejo Jardín de San Esteban haciéndolo “flotar” sobre el yacimiento, aseguran los arquitectos implicados.

Recreación de la plaza flotante que se construirá sobre el bosque de columnas que protegerá los restos arqueológicos de San Esteban.

No obstante, como ha ocurrido desde el descubrimiento del conjunto, el proyecto también ha suscitado debate. Algunos especialistas y colectivos patrimonialistas consideran que cualquier intervención debe extremar las precauciones para que las soluciones arquitectónicas contemporáneas no resten protagonismo a los restos originales y garanticen que la conservación prevalezca sobre cualquier criterio urbanístico. Otros han mostrado preocupación por la complejidad técnica de la actuación, su coste y los plazos de ejecución.

Según ha anunciado la alcaldesa de Murcia, Rebeca Pérez, la licitación de la última fase no llegará, como mínimo, hasta el verano de 2027.

Mucho más que una excavación arqueológica

Cada nuevo estrato excavado sigue aportando información sobre cómo se organizaba la ciudad, cómo vivían sus habitantes y cómo evolucionó uno de los espacios urbanos medievales más excepcionales conservados en Europa.

Pero San Esteban también simboliza otra historia: la de un patrimonio cuya supervivencia fue posible gracias a años de reivindicación ciudadana, al compromiso institucional y a una financiación pública que permitió desbloquear un proyecto largamente esperado.

En ese sentido, el verdadero hallazgo de San Esteban no es una pieza concreta, sino la posibilidad de comprender con una precisión cada vez mayor los orígenes de la Murcia que habitamos hoy y de demostrar que conservar el pasado también es una forma de construir el futuro.

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