Odio y Delito

Bandera LGTBI

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El hecho de ser diferente a los demás está en la raíz de los delitos de odio. Es así de absurdo. Y resulta sorprendente que en pleno Siglo XXI aún estemos así, pero lo cierto es que el ser humano en vez de tratar de crecer intelectualmente y enriquecerse con todo lo que aportan las diferencias opta por distanciarse y/o confrontarse con el otro. Y lo señala, lo estereotipa negativamente; y le niega la dignidad, y sus derechos, para terminar desatando gratuitamente su violencia sobre él, a veces de una manera extremadamente cruel.

Este tipo de comportamientos han existido siempre, pero en los últimos tiempos, la aparición de Internet y las redes sociales han favorecido su aumento de forma exponencial, dada la facilidad y rapidez con que se transmiten y sobre todo por la sensación de impunidad que produce el anonimato.

No obstante lo antedicho, a medida que se ha ido incrementando la magnitud del problema, el Ordenamiento Jurídico también ha ido acrecentando su capacidad de respuesta.

En España, concretamente, la reforma operada  por la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, ha ampliado el tenor del artículo 510 del Código Penal, redefiniendo el delito de incitación al odio y a la violencia, concretando y tipificando expresamente un buen número de conductas y penándolas con hasta cuatro años de privación de libertad, e incluso agravando la sanción cuando se materialicen a través de las redes sociales. Al propio tiempo se ha añadido la agravante del artículo 22.4 para el caso de que cualquier delito se perpetre con una motivación de estas características.

Paralelamente, le reforma llevada a cabo por la Ley 13/2015 de Modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal ha creado la figura del agente encubierto informático y otra serie de medidas que facultan a los agentes policiales para poder investigar en las redes sociales o en internet la difusión de estos delitos.

Pero por mucho que el ordenamiento jurídico afine o extreme su réplica, la escalada de violencia que provoca el progresivo aumento de la intolerancia entre los seres humanos, no podrá ser atajada si no es también mediante medidas de carácter preventivo. Si en el seno familiar no se instruye a los hijos en los buenos valores morales y principios éticos, y en el respeto hacia todo ser humano, o si en los colegios no se incide con especial rigor en educar a las nuevas generaciones en la defensa de la tolerancia y los derechos humanos, será materialmente imposible aislar y desmontar argumentalmente a los desalmados que cada día hacen del odio su razón de ser. 

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