La semana de la movilidad, un fracaso anunciado
Se acaba de celebrar la Semana Europea de la Movilidad en las principales ciudades del país, entre las que se encuentran Murcia y Cartagena, con multitud de eventos y actividades cuyo objetivo, en teoría, consiste en concienciar a la ciudadanía y a los gobernantes sobre los efectos negativos del uso excesivo del coche en las ciudades. Este acontecimiento se viene organizando de forma ininterrumpida en nuestra región desde 2002, por lo que ya vamos por la 25ª edición.
Rutas en bicicleta y patines, el 'Parking Day', iniciativa por la que se ocupan espacios reservados a los coches, plazas de aparcamiento, para convertirlos temporalmente en parques, zonas verdes y espacios para las personas o visitas guiadas de espacios públicos de las ciudades, son algunas de las actividades que, año tras año, se ofrecen a la ciudadanía. La semana culmina con el Día Sin Coches, establecido por la ONU todos los 22 de septiembre, como un modo de sensibilizar sobre el excesivo tráfico y fomentar el uso de la bicicleta y del transporte público, y animar a la gente a caminar.
Sin embargo, este Día Internacional sin Coches, como todos los días, hago uso de mi bicicleta para ir y venir de mi trabajo por los carriles bici (aunque habría que rebautizarlos como “carriles patinete”, por la ocupación casi exclusiva de los carriles por parte de este medio de locomoción), y no noto diferencia alguna con un día cualquiera: atascos de tráfico, sobre todo en las horas punta, contaminación y escasez de autobuses. El colmo se produce cuando en el día sin coches se producen esperas de hasta media hora para acceder por la A-7 a las pedanías de Guadalupe y La Ñora, coincidiendo con el inicio de curso en la UCAM.
Los distintos ayuntamientos se ven obligados a celebrar estos eventos para no quedarse descolgados y demostrar que somos ciudades “modernas”, a la vanguardia de las principales ciudades europeas. Pero cualquier comparación con nuestros vecinos europeos es odiosa. Vale que en Murcia hay carriles bici, instalados a partir de 2017 de forma tímida, con solo 7,5 km, y ampliados a partir de 2021 con 100 km más, con un alcalde socialista por cierto, pero no constituyen una red continua, sino que se cortan en determinados puntos y no conectan de forma adecuada con las pedanías. A eso se suma la ausencia de un sistema eficaz de alquiler de bicicletas, pese a los intentos pasados, por los problemas con el suministro de vehículos y recambios que impiden un servicio adecuado y, por qué no decirlo, por el maltrato que sufren estos vehículos por parte de algunos ciudadanos incívicos (todos recordamos el video viral del joven que, en 2017, tiró una bici de alquiler al río Segura).
¿Y qué decir del transporte público de la ciudad de Murcia? Calificado por muchos como “el peor transporte público de España”, esta impresión se ve corroborada por la poca frecuencia de paso de los autobuses, sobre todo hacia las pedanías, con esperas de más de media hora en la mayoría de los casos y aglomeraciones extremas en ciertas lineas que incluso obligan a pasajeros a quedarse en tierra ante la imposibilidad de acceder al vehículo. Si para el Ayuntamiento de Murcia el mayor éxito en cuanto a la movilidad es la implantación del tranvibús, que solo realiza el trayecto del centro de la ciudad al Hospital de la Arrixaca, nos hacemos una idea de cuál es el nivel de implicación del Consistorio en la mejora del transporte público. Todo esto traduce en el descenso del número de viajeros en autobús en el último año, un 6,5% menos que en 2025, la cifra más alta de España.
En cuanto al tranvía, seguimos sin tener fecha de inicio de obras de la linea Sur, anunciada desde 2010. A todo esto hay que añadir la conflictividad surgida con los trabajadores del tranvía y de los autobuses urbanos, que reclaman un calendario laboral anual que garantice la regulación transparente de los descansos, festivos y turnos para favorecer la conciliación laboral y familiar de las plantillas.
Año tras año se celebra la Semana de la Movilidad sin demasiado entusiasmo por parte de los ayuntamientos, como una cita ineludible en el calendario, pero sin aportar soluciones reales al problema del tráfico. Sin embargo, hace años que las soluciones están ahí y se aplican en ciudades europeas: mejora de la frecuencia de los autobuses urbanos, peatonalización del centro de la ciudad, impidiendo el paso a vehículos privados en determinadas zonas del centro; prohibición del paso de vehículos al centro si no es para ir al lugar de trabajo, de compras o a una cita médica, como ocurre en París; ampliación y conexión de los carriles bici, de modo que se pueda transitar por ellos en todo momento, llegando a las pedanías. Sin la aplicación de éstas y otras medidas, las sucesivas semanas de la movilidad serán nuevos fracasos anunciados.