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Confluencia... y lo que surja

La confluencia política como forma de articular la sociedad, no solo los partidos

Manifestación 1 de mayo en Murcia / Archivo de @IUVRM

Manifestación 1 de mayo en Murcia / Archivo de @IUVRM

Hace solo dos años que tomo parte en la política de manera pública. Este pequeño análisis está escrito desde esa experiencia personal; desde la praxis y el presente.

1. LAS BASES RESPONDEN

La sociedad española, desorganizada e inocente de los años ochenta, ha dado paso a una españolidad vertebrada, agrupada o al menos simpatizante de causas diversas: las mareas de la Sanidad o de la Educación, las feministas, las marchas de la dignidad, hasta los policías y los jueces están asociados por intereses. En este primer nivel político podemos encontrar grupos de una sola lucha como los Yayoflautas, la PAH, o la Plataforma Pro Soterramiento, o grupos de luchas más genéricas como los colectivos Antirrepresión o los ecologistas.

Como denominadores comunes a todo este activismo podemos hablar del compromiso entre sus participantes y una capacidad de organización y de respuesta que se traduce no solo en manifestaciones de calle (casi inmediatas, como demostró el caso de La Manada) sino también en propuestas de ley que podrían ser asumidas por cualesquiera de los partidos representados en el Congreso con solo ponerles el sello.

Las organizaciones de hoy en día quieren cosas muy concretas y altamente realizables sin apenas mover el sistema, lo cual podrá no gustar a los activistas más comprometidos con el cambio profundo, pero que resulta un dato muy muy muy revelador: son los políticos que nos gobiernan ahora los que expresamente no desean poner en práctica ni una sola de las condiciones que favorecerían al ciudadano, buscando solo el beneficio político, el suyo, como diría nuestro egregio Presi.

2. LOS PARTIDOS POLÍTICOS SE RENUEVAN

Un segundo nivel de acción política son los partidos de toda la vida. Las juventudes del Partido Comunista o de Podemos, por ejemplo, se perciben claramente en las manifestaciones del Primero de Mayo, donde la media de edad ha bajado desde el inicio de la crisis.

No contentos con ello, los partidos de la izquierda:

–han profundizado en sus labores de formación (Anticapitalistas da clases de política básica, IU tiene una Escuela temática en provincias, las feministas forman en defensa personal, etc...),

–han realizado coordinación entre vecinos y diputados o alcaldes,

–han aportado su infraestructura para acciones como marchas o concentraciones masivas (llamadas de teléfono, fotocopias, carteles, creación de redes de internet, alquiler de salas, de cámaras de video o de altavoces, gestión de permisos o de Estatutos se han llevado a cabo en las sedes de los partidos tradicionales). Algún día se reconocerá esta labor, verdadero ejemplo de gestión eficaz y trabajo no remunerado.

Y lo más importante, se han hecho eco de todas las manifestaciones y mareas para concretar en leyes sus reivindicaciones. Los Pactos contra la violencia machista, las peticiones de Memoria Histórica, las leyes de hipotecas o las (incómodas) preguntas sobre la monarquía han nacido en la calle antes de llegar al Parlamento.

3. CONFLUENCIA Y LO QUE SURJA

En el tercer nivel de la acción política está lo que sería, en sí, el Poder. La movilización social popular o institucional en cualquiera de sus grados de organización debe reflejarse en los tres poderes.

Las leyes para ser justas y duraderas necesitan una base social amplia y comprometida. Las leyes verdaderas son fruto de la negociación y de las transiciones largas, complejas, con todos los agentes políticos, económicos y sociales, en los niveles que acabo de apuntar.

Por esto son siempre preferibles las confluencias políticas para legislar justamente.

En el caso de España la confluencia y la negociación es aún más necesaria, pues la historia de nuestra desgraciada Guerra Civil y el despótico régimen que la siguió ha configurado una sociedad desconfiada, a veces desconocedora de sus posibilidades civiles, conservadora en el fondo y muy corporativista en sus clases altas.

Los vecinos organizados y los partidos políticos deben reunirse y estructurarse en grupos amplios, abiertos y de gestión participativa sí, pero no solo para ganar elecciones, sino para darnos cuenta de que solo gestionando nosotros y nosotras mismas los asuntos de gobierno saldremos adelante como democracia: las obras públicas, los colegios, los juicios o las maneras de articular el territorio deben tener una constante y amplia presencia de vecinas y vecinos implicados en su desarrollo.

La soberanía emana del pueblo, demostrémoslo.

*Cristina Morano es escritora, diseñadora gráfica y miembro de CambiemosMurcia

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