La lucha de Jesús para enterrar a su tío, fusilado en Caravaca en 1939: “No quiero que su historia caiga en el olvido”
A sus 80 años, Jesús no se rinde. Lleva casi una década buscando los restos de Gabriel Navarro López, el tío de su padre, fusilado en Caravaca en 1939. “La última de sus hijas murió hace seis meses, a los 93 años, y le prometí que mientras pudiera no me rendiría”, cuenta a elDiario.es Región de Murcia, visiblemente emocionado. Su objetivo es localizar sus restos y poner fin a una incertidumbre que ha atravesado varias generaciones de la familia. Gabriel, miembro del Frente Popular en la localidad, fue una de las víctimas de la represión franquista cuyo paradero sigue sin esclarecerse casi 90 años después de su muerte.
En esta búsqueda, Jesús cuenta con el apoyo de la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia y del arqueólogo Miguel Mezquida, coordinador de la Asociación Científica ArqueoAntro, que participa en el procedimiento para investigar la zona, localizar la fosa y, si es posible, exhumar los restos.
“Queremos restituir la dignidad a la memoria de mi tío abuelo”, insiste Jesús. En estos años ha reunido documentación, ha tratado de contactar con familiares de otras víctimas y ha aportado una muestra genética para facilitar una posible identificación. “Nuestro ADN solo puede tener un 15% de coincidencias”, explica. Al ser su sobrino nieto paterno, “se analiza el cromosoma Y, cuya secuencia tiene que ser idéntica”, explica Marisol Schwab, antropóloga especialista en genética forense, colaboradora de ArqueoAntro e investigadora de la Universitat de València.
El camino, sin embargo, es largo. Todavía se desconoce la ubicación exacta de la fosa y hacen falta trabajos de prospección que permitan acotar dónde buscar. A la espera de que avance el procedimiento, Jesús teme que los plazos se alarguen aún más o que un cambio de Gobierno tras las elecciones termine bloqueando la investigación.
Una condena tras la Guerra Civil
Gabriel Navarro López, conocido como 'el Diente Teja', tenía 44 años cuando fue fusilado. Era alpargatero, estaba casado y pertenecía a la CNT y a la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Según Jesús, antes de la Guerra Civil no había tenido un perfil político destacado, pero el conflicto terminó llevándolo a la actividad política y al trabajo de abastecimiento de las tropas republicanas.
“El gran delito de Gabriel fue perder la guerra”, resume Jesús. Su compromiso con la República, según sostiene la familia, estuvo detrás de su condena. Aunque Jesús insiste en que las manos de su tío abuelo nunca estuvieron manchadas de sangre.
El investigador Vicente Juan Medrano Salamanca, autor del libro Consejos de guerra a mujeres. Condenadas en la Región de Murcia 1939-1944, ha estudiado las ejecuciones que se produjeron en la Región durante la posguerra. Según explica, en Caravaca fueron ejecutadas 44 personas tras el final de la contienda. Muchas fueron detenidas por su supuesta participación en el asalto al Castillo de la localidad durante la noche del 1 al 2 de octubre de 1936, cuando la fortaleza funcionaba como prisión y un grupo de personas asaltó el recinto, donde murieron once de los cuarenta presos. “Pero el testigo del fiscal fue en muchos casos el rumor público y aprovechando aquello se juzgó a mucha gente en el pueblo”.
Sin embargo, de acuerdo con Medrano, las declaraciones de Gabriel y de varios testigos apuntan a que no había participado en aquellos hechos. En ese momento, sostiene el investigador, cuentan que estaba hablando por teléfono con el gobernador civil de Murcia “para pedir el envío de fuerzas y tratar de evitar lo que finalmente ocurrió”.
La documentación consultada por Jesús recoge también valoraciones sobre la peligrosidad política de Gabriel para el nuevo régimen. En una nota a la que ha tenido acceso, el alcalde y el jefe local de Falange lo describían como un personaje “muy perjudicial para la nueva España”. Según relata, aquel señalamiento terminó de cerrar cualquier posibilidad de escapar a la condena.
Gabriel tuvo la oportunidad de emigrar, “pero no lo hizo porque pensaba que no corría peligro y no llegó a imaginarse que podía acabar fusilado”.
Una fosa que todavía no está localizada
Gabriel fue fusilado a las seis de la mañana del 20 de octubre de 1939, el mismo día en que el padre de Jesús cumplía veinte años. La familia tuvo que afrontar entonces las dificultades para enterrarlo. “Les pidieron un ataúd para enterrar a mi tío y unas tasas que tenían que pagar en el Ayuntamiento, pero no tenían un duro y tenían mucho miedo de acercarse a la casa consistorial por si había represalias”, relata Jesús.
Según su testimonio, consiguieron trasladar la caja en una borriquilla cuando ya había anochecido. El enterrador alumbraba los cadáveres con un farol para tratar de reconocerlos. La familia pudo localizar a Gabriel, pero, según la versión que ha llegado hasta Jesús, el cuerpo se quedó sin enterrar porque no se habían abonado las tasas municipales.
Décadas después, la familia sigue sin saber dónde están sus restos. Jesús cree que pudieron ser depositados en una zona del cementerio distinta de aquella en la que se produjeron los fusilamientos. Una tía que vivió aquellos días “acudía a dejar flores en uno de los posibles emplazamientos”. Un recuerdo que se ha convertido en una pista para la familia.
En 2019, cuando se cumplían 80 años de los fusilamientos, se celebró un homenaje en el cementerio de Caravaca. Fue entonces cuando Jesús decidió dar un nuevo impulso a la búsqueda. En 2022, el equipo arqueológico de ArqueoAntro visitó el recinto y documentó indicios que podrían ayudar a orientar los trabajos, entre ellos posibles impactos de proyectiles en las tapias y una esquina donde, según los testimonios, pudieron ser enterradas algunas de las víctimas.
“Se sabe que los fusilaron en la parte alta del cementerio, a la derecha, y es probable que los enterraran en una fosa en la parte izquierda”, explica Jesús. No obstante, la ubicación no está confirmada. Tampoco se sabe cuántas personas podrían encontrarse en ella ni si existe más de un enterramiento.
El siguiente paso pasa por realizar prospecciones y, si se confirma la ubicación, proceder a la excavación. Miguel Mezquida explica que en estos casos el trabajo se apoya en buena medida en la tradición oral y los testimonios familiares.
Una tramitación que puede prolongarse años
La búsqueda también depende de la financiación y de los trámites administrativos. Mercedes Nicolás, presidenta de la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia (FAMHRM), explica que existen varias vías para impulsar una exhumación: a través del ayuntamiento correspondiente, mediante las subvenciones estatales canalizadas por la Federación Española de Municipios y Provincias o con fondos del Ministerio destinados a las comunidades autónomas.
En el caso de Gabriel, finalmente se optó por presentar directamente la documentación ante el Ministerio competente en Memoria Democrática. El procedimiento requiere paciencia. “Suelen tardar cerca de año y medio”, indica.
Miguel Mezquida recibió el expediente de Gabriel en agosto, cuando la convocatoria de subvenciones para proyectos municipales ya estaba próxima. “No llegábamos a tiempo. Además, esta vía requería la intervención del Ayuntamiento y la alternativa fue acudir directamente al Ministerio”, explica el arqueólogo. Incluso si el procedimiento avanza sin contratiempos, la familia tendrá que esperar. “Si todo fuese bien, podría estar a finales de 2027 o principios de 2028”, calcula.
A los plazos administrativos se suma la incertidumbre política. Jesús teme que un cambio de Gobierno tras las elecciones pueda paralizar o ralentizar los trabajos y dejar de nuevo la búsqueda en suspenso.
Una preocupación que se enmarca en las críticas de los colectivos memorialistas por la falta de impulso institucional a las exhumaciones en la Región. De hecho, Murcia se encuentra entre los territorios con menor actividad exhumadora registrada en las últimas décadas. Mezquida sostiene que en Murcia no se han desarrollado exhumaciones científicas en el marco de las políticas actuales de memoria democrática y apunta a la falta de una ley autonómica específica, de recursos estables y de un banco regional de ADN como obstáculos para avanzar en la localización e identificación de las víctimas.
De la mano de la Federación, Mezquida participó en la elaboración del Catálogo de Fosas de la Región de Murcia, un proyecto destinado a documentar los enterramientos y las víctimas de la Guerra Civil y la represión franquista. Según explica, durante esos trabajos no identificaron fosas susceptibles de exhumación en las condiciones previstas para el catálogo. El arqueólogo apunta que, durante la dictadura, algunos restos fueron trasladados a panteones familiares, aunque en muchos casos no se identificaron con nombres y fotografías hasta la Transición.
La falta de intervenciones científicas recientes no significa que nunca se hayan realizado trabajos de recuperación de restos en la Región. Mezquida recuerda una intervención llevada a cabo en 1979 en el cementerio de Espinardo, en Murcia, donde se exhumaron cinco fosas. Se trata, no obstante, de un antecedente distinto de las investigaciones arqueológicas y forenses que se reclaman actualmente para localizar, recuperar e identificar a las víctimas.
“Siempre he dicho que, si los republicanos hubieran ganado la guerra, alguna plaza llevaría el nombre de mi tío abuelo Gabriel”, reflexiona Jesús en voz alta. “Todos los muertos de la parte de Franco están enterrados con subvenciones de todos los españoles y ahora nos dicen que no confrontemos, pero realmente no queremos confrontación, solo queremos dignidad y paz”, sostiene.
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