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El enésimo regate a la muerte de Pablo Ibar

Nuevo aplazamiento en el caso de Pablo Ibar, no habrá juicio hasta 2019

Miguel M. Ariztegi

El de Pablo Ibar es un caso tan conocido que ya se ha convertido en un icono de la lucha contra la pena de muerte. Hijo de un pelotari vasco emigrado a Estados Unidos, ha pasado 15 años y medio de sus 44 de vida en el corredor de la muerte. Más de 5.500 días con la incertidumbre de no saber qué decisiones ajenas y vitales le esperan producto del enrevesado proceso juidicial que trata de dirimir si fue él culpable o no culpable del triple asesinato de Casimir Butch Casey Sucharski, un empresario de hostelería, y las modelos Marie Rogers y Sharon Anderson Sucharski, ocurrido el 26 de junio 1994.

Artur Segarra, en Tailandia, y Ahmed el Saadany Ghaly, en Egipto, son los otros dos españoles condenados a muerte en el mundo, si bien las circunstancias de unos y otros no guardan relación alguna.

Un oscuro vídeo en blanco y negro grabado por una cámara de vigilancia de baja resolución muestra el triple crimen del que se le acusa a Ibar, perpetrado por dos personas con el rostro cubierto. En un momento de la grabación, uno de los autores se quita la camiseta que le hace anónimo y muestra por unos segundos su cara. Suficiente para incriminar a Pablo y hacer que pase, hasta el momento, 24 años en prisión, 15 y medio de los cuales en el corredor de la muerte.

“Por fin enfilamos la recta final del caso”, afirma Andrés Krakenberger, portavoz de la Asociación Pablo Ibar contra la pena de muerte. El pasado 1 de octubre arrancó el juicio que puede declarar definitivamente no culpable al reo, posible porque el Tribunal Supremo de Florida reconoció finalmente el 4 de febrero de 2016 que el proceso que condenó a muerte a Pablo Ibar se celebró “con una defensa letrada manifiestamente ineficaz” y fue sentenciado “con pruebas escasas y débiles”, subraya Krakenberger, que considera el fallo “un palo para la Fiscalía”.

El tribunal del condado de Broward, en el área metropolitana de Miami, vuelve ahora a poner a Pablo Ibar a merced de un jurado popular encargado de decidir sobre su culpabilidad y, por lo tanto, sobre su vida.

“Pablo tuvo una defensa letrada ineficaz, y por tanto sus derechos constitucionales fueron lesionados”, remarca Krakenberger, que aporta documentación sobre el abogado de oficio asignado a Ibar, Kayo Morgan, quien durante el proceso fue detenido y encarcelado por agredir a su mujer y reconoció su dependencia de diferentes fármacos.

En este nuevo proceso, el ADN presente en la camiseta del asesino que aparece en el vídeo volverá a resultar crucial. “La ley obliga en los EEUU a que cada vez que se presenta una prueba ante un tribunal se repita el análisis de ADN”, explica Krakenberger. Afirma que en las 7 pruebas practicadas anteriormente, solo aparecía ADN de las tres víctimas y dos personas más, los presuntos asesinos. La genética exculpaba a Ibar y al otro acusado, Seth Peñalver, que un primer momento también fue condenado a muerte aunque la sentencia fue finalmente anulada por el Tribunal Surpremo de Florida.

Pues bien, en la prueba presentada para este nuevo juicio, “el octavo análisis de ADN de la camiseta”, apunta Krakenberger, aparece una “coincidencia parcial” de código genético con el de Pablo Ibar. “Fue un mazazo”, reconoce el portavoz, pero a continuación minimiza la importancia de la revelación: “Para la Fiscalía supone la confirmarción absoluta de la culpabilidad de Pablo, pero tendrán que demostrarlo; en un tribunal español esa coincidencia parcial no es incriminante, ni siquiera se presentaría”, recalca.

El proceso está en la actualidad en la segunda fase de elección del jurado. Ciudadanos estadounidenses que ya han demostrado que reúnen las necesarias competencias en el habla inglesa para comprender e interpretar el proceso y que no presentan problemas de salud inhabilitantes. En esta segunda parte del proceso de selección, las partes tratarán de conformar un conjunto de personas libres de prejuicios que podrían decantar su decisión a un lado o a otro más allá de la duda razonable.

El equipo de abogados de Pablo Ibar cuenta con un presupuesto de 1,3 millones de dólares, que está cubierto al 84,1%, apunta Andrés Krakenberger. Para pagar el resto, la Asociación Pablo Ibar contra la pena de muerte ha abierto un crowdfounding (una campaña de donativos). Los parlamentarios vascos ya han participado en una campaña de vídeos por internet y los próximos martes y miércoles será el turno de congresistas y senadores, respectivamente. “Cualquier ayuda es muy agradecida”, dice Krakenberger, que como todos los que apoyan a Pablo Ibar, o los que están en contra de la pena de muerte, sabe que los próximos meses serán decisivos para acabar con un recorrido judicial que ya dura demasiado tiempo.

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