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El pico de la pandemia de la soledad: 30.000 mayores de 64 años viven en Navarra sin nadie que les acompañe

Una residencia de ancianos en una imagen de archivo

La sociedad navarra no ha alcanzado aún el pico epidémico del virus de la soledad, también con serias consecuencias para la salud. Se estima que en una década crecerá en un 34% entre las personas mayores de 64 años. Es decir, el número de hogares unipersonales de personas mayores pasará de los 29.000 actuales detectados en la comunidad foral a los 38.900 en diez años. Son proyecciones basadas en el Instituto Nacional de Estadística (INE) y recogidas en un informe de Cruz Roja Navarra, que se ha servido de 400 encuestas a este tipo de hogar en todo el territorio. Las preguntas realizadas permiten poner voz a una realidad silenciosa y difícil de detectar, y definen los factores de vulnerabilidad que han de tener en cuenta las entidades sociales que intervienen para atajar las consecuencias de esta otra enfermedad.

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Según el estudio, el 50% de las personas mayores que viven solas en Navarra residen en la comarca de Pamplona. El resto se reparte por todo el territorio, de manera que le sigue en segundo lugar la Ribera de Tudela, donde se concentra un 13% de los casos. En último lugar, un 3%, se halla en la zona del Pirineo, donde precisamente la soledad sentida es menor que, por ejemplo, la vivida en un bloque del barrio Pamplonés de Burlada. Esta es una de las conclusiones extraídas de las distintas encuestas coordinadas por Esther Jiménez, técnica de investigación de la entidad, quien explica además que la conexión con la naturaleza y la red vecinal del entorno rural reducen el sentimiento generado por no tener compañía en casa.

“Tenía la hipótesis de que un señor solo de 80 años en una casa de campo iba a sentir soledad. Y no es así: tiene a quién ver. En cambio, me he encontrado en Burlada gente que echa de menos a sus vecinos”, abunda. Con todo, dentro de la escala de la gravedad de la soledad sentida, Jiménez explica que en Navarra no se dan situaciones extremas como las vistas en grandes ciudades. Y es que del cero al diez, la puntuación obtenida en las encuestas califica, con poco más de un 4, la sensación de soledad como “moderada”.

Con el fin de realizar una fotografía más ajustada a la realidad, el estudio ha dibujado un “perfil de riesgo” a padecer soledad. Y responde mayoritariamente a un hombre, que vive en el ámbito urbano, sin actividades de ocio y sin red familiar. Según explica Jiménez, son esos los factores de vulnerabilidad que deben encender las alarmas y llevar a Cruz Roja a intervenir. De hecho, en lo que llevamos de año, las asambleas locales de la organización han atendido a 4.905 mayores en situación de soledad por toda la geografía de la Comunidad foral.

Entre las circunstancias encontradas por los trabajadores sociales ante las cuales deciden actuar, se encuentran los niveles de renta muy bajo. “Durante la pandemia ha ocurrido tener que facilitarles comida”, explica Jiménez, quien agrega la importancia que en el contexto de la crisis sanitaria han tenido las ayudas económicas lanzadas por la administración. “También existen situaciones de personas que no tienen red familiar, que no se llevan bien con los hijos. Esto crea problemas de depresión importante”, señala. En este sentido, subraya la relación existente entre la soledad y la salud deteriorada por la falta de red de apoyo. “Se percibe sobre todo un deterioro en la salud mental, sobre todo por depresiones. A ello se añade que el quedarse en casa, la falta de ganas de hacer deporte y de caminar, terminan por deteriorar físicamente también”, apunta.

La percepción de soledad antes que la realidad

No obstante, no es lo mismo vivir solo que sentirse solo. Y es que el sexo, vivir en un entorno rural o urbano, el nivel de renta o haber nacido o no en Navarra determinan la percepción de soledad y, por tanto, el sentimiento de malestar. “Hemos visto en el estudio que no por vivir solo, se siente soledad. Hay gente que vive sola y vive muy bien, muy feliz y disfruta de su soledad. Se trata más bien de tener o no red de apoyo”, recalca. En este sentido, el año y medio de pandemia reconoce que “ha acrecentado el aislamiento social”, al quedar restringida la posibilidad de realizar actividades. Algo que, explica, ha conseguido paliar quien ha tenido la habilidad para hacer uso de las nuevas tecnologías.

Con las conclusiones de este estudio, que ha contado con la colaboración de la UPNA y la financiación de la Obra social La Caixa y la Fundación Caja Navarra, Cruz Roja pretende también señalar el camino hacia una mejor intervención ante una problemática que no va a dejar de crecer en próximas décadas. Entre las soluciones planteadas, la coordinadora de la investigación apunta a la necesidad de fomentar las redes vecinales e implicar a las administraciones locales para detectar posibles situaciones de soledad. Fomentar la participación, el ocio y las redes de apoyo de manera que reduzcan, en definitiva, la pandemia de la soledad sentida.

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