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El suicidio: prevención “comunitaria” en Navarra ante una decisión “individual”

Miren Bravo, trabajadora social de Besarkada-Abrazo (izquierda) y Elena Aisa (dercha), presidenta de Besarkada-Abrazo, madre de un joven que se quitó la vida y miembro de la Comisión Interinstitucional de Coordinación para la Prevención y Atención de las Conductas Suicidas

Fushan Equiza

Pamplona —
11 de abril de 2026 21:45 h

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“El suicidio existe desde que el hombre es hombre. No existe el suicidio cero. Pero contribuir a disminuir, controlar o ayudar las personas que se acercan a esto me parece que nos llena de humanidad”. Así explica su trabajo Adriana Goñi, Psicóloga clínica del Servicio Navarro de Salud y miembro de la Comisión Interinstitucional de Coordinación para la Prevención y Atención de las Conductas Suicidas, que ha impulsado la nueva estrategia de prevención del suicidio en la Comunidad foral.

Entre 2000 y 2023, en Navarra 1.228 personas se quitaron la vida. La Comunidad Foral “ha sido pionera” en investigación y acciones de prevención del suicidio, comenzando su andadura en 2014 dentro del Plan de Salud Navarra 2014-2020 como “parte de su estrategia para reducir la mortalidad prematura”. Sin embargo, aunque Navarra fue “totalmente a la vanguardia” hace más de una década, “diciendo que el suicidio es cosa de todos y que las instituciones, todas, tenían que arrimar el hombro”, después “ha habido frenos para seguir haciendo cosas”, describe la psicóloga. Elena Aisa, presidenta de Besarkada-Abrazo (Asociación de Personas Afectadas por el Suicidio de un Ser Querido), también considera que era necesario “actualizar [el Plan de 2014], introducir nuevos objetivos y actuaciones, y cambiar ciertos enfoques”.

A lo largo de su dilatada carrera, Goñi ha insistido en una idea clave: “El suicidio es multifactorial. Un sumatorio”. Una realidad compleja que, sin embargo, el ser humano tiende a simplificar buscando una “explicación convincente”. Por ello, hace hincapié en la necesidad de “abrir la mente” ante un fenómeno que considera “cosa de todos” y cuya prevención implica “un trabajo de fondo”. En esta línea, la Estrategia de prevención y atención a las personas con conductas suicidas en Navarra, presentada recientemente, busca “fortalecer la capacidad institucional y comunitaria para prevenir el suicidio, mejorar la detección temprana del riesgo y garantizar una atención coordinada y eficaz a las personas afectadas”.

Un estudio y hoja de ruta que, aunque impulsada por el Departamento de Salud, considera que las actuaciones, no se limitan solo al “solo al ámbito sanitario”, sino que pretenden “avanzar hacia una sociedad más sensibilizada y preparada”. La elaboración de la Estrategia ha sido coordinada por la Comisión Interinstitucional de Coordinación para la Prevención y Atención de las Conductas Suicidas de Navarra (NaPRESUI).

“No hay dudas de que la Estrategia va a salvar vidas”, afirma la presidenta de Besarkada-Abrazo, miembro de la comisión y madre de un joven de 20 años que se quitó la vida hace más de una década. A la pregunta que ella misma se hace de cuántas personas no se suicidarán gracias a la Estrategia, admite que no va a “mirar el número”. “Una persona que no se suicide ya es una vida que puede seguir adelante con los sabores y sinsabores inherentes al vivir”, y no solo “es la propia persona”, sino también “es una familia y un entorno que pueden continuar sin esa tragedia irreparable en sus vidas”, reflexiona.

Según los estudios, el suicidio “afecta en distinto grado de intensidad hasta a 132 personas” por fallecimiento. Por ello, a la hora de abordar el suicidio, es importante poner también el foco en ser “cuidadosos en recoger al entorno” de la persona que se ha quitadola vida, explica Goñi. De hecho, la vivencia de haber tenido un allegado que se ha suicidado, puede suponer un “factor de riesgo o precipitante de la conducta suicida”, tal y como figura en el diagnóstico de la Estrategia.

Goñi, como secretaria de la comisión que ha elaborado la Estrategia, destaca como uno de sus principales puntos fuertes “la enorme colaboración de colectivos vulnerables” para realizar “el diagnóstico de la situación”, así como su papel clave para “mejorar sus propios procesos de detección”.

Entre los principales colectivos vulnerables identificados en la Estrategia figuran los menores infractores o “protegidos”, personas con discapacidad o dependencia, el colectivo LGTBI o aquellas personas con trastornos mentales, víctimas de acoso o violencia de género. Aunque Aisa ha querido matizar que, en la asociación de personas afectadas por el suicidio de un allegado, el perfil de las familias atendidas “no responde a circunstancias específicas asociadas”, es decir, no se encuadran “en colectivos específicos” en los que haya “un factor en concreto que determine”. “A pesar de que [en algunas personas] puedas encontrar algunas caracterísiticas tipificadas como precipitantes o vulnerables, no es algo cerrado. Son factores, pero lo importante es verlo todo en conjunto”.

En esta linea, Goñi destaca que el suicidio es “un sumatorio de acciones”, no una circustancia o hecho vital concreto y, por ello, el dispositivo de prevención tiene que “englobarlo todo”. En este sentido, la experta también ha querido desligar el suicidio con la enfermedad mental, pues “no hace falta un diagnóstico para suicidarse. Pensar que una persona se ha quitado la vida por una depresión o un trastorno mental es muy limitado”.

“Se puede hacer la mejor unidad sanitaria” que aborde el suicidio “con los mejores psiquiatras, pero seguir dando la misma tasa porque no basta solo con eso”, añade. La clave, a su juicio, es conseguir “un entramado social” compuesto por personas “con ciertas competencias y conocimiento” capaces de “detectar y actuar”.

Con este objetivo, la Estrategia pretende capilarizarse a través de “nueve tentáculos” u objetivos estratégicos, como figura en el propio documento, que incluye “actuaciones de detección y asistencia temprana que no se limitan solo al ámbito sanitario, sino que implican a educación, servicios sociales, justicia, empleo, medios de comunicación y asociaciones”.

Por ejemplo, el ámbito de la educación, “tiene objetivos muy potentes e implicación en el tema”. “Hay que enseñar matemáticas, por supuesto, también idiomas. Pero los niños y jóvenes tienen que aprender a regular las emociones (como la frustración)”, explica Goñi. La regulación emocional, aunque parezca un asunto baladí, es fundamental en una buena prevención del suicidio y parte del “trabajo de fondo” que pretende ir a la raíz del problema. En ocasiones, “las crisis suicidas son muy fluctuantes”, porque el paciente puede tener una “actividad cognitiva que no es capaz de controlar”. De forma que “cualquier cosa que ocurra en el medio tiene mucha más significación porque hay una falta de regulación emocional propia”. “Debemos tener esa regulacion. Primero identificar las emociones, después saber regularlas, y, por último saber expresarlas. Es fundamental” y una de las formas en las que espera que se materialice la “capilarización” de la Estrategia de Prevención en el “tejido social”.

En este sentido, la Estrategia también incorpora una “perspectiva de género y juventud” y un enfoque “digital ante el riesgo de las redes sociales”. Respecto a ello, la psicóloga y secretaria de la comisión pone el foco en el papel de la educación en un desarollo tecnológico que “no tiene vuelta atrás”. “Hay que enseñarles porque podemos prohibir o retrasar el uso de los smartphones, pero los van a tener. Debemos enseñar a vivir entre el yo virtual y el yo real”, explica Goñi.

“Es muy importante en los jóvenes hacerlo bien”, incide la psicóloga, a quienes “el efecto contagio” afecta de forma “mucho mayor que en la edad adulta”. “Un joven es muchísimo más vulnerable” al “impacto” que tiene vivir un suicidio de alguien cercano (circustancia que, de hecho, figura en la Estrategia como “factor de riesgo”) o verlo reflejado medios de comunicación y audiovisual “sin ciertas formas [apropiadas]”. “Después de la serie 'Por trece razones' hubo un incremento tremendo de suicidios en Estados Unidos. El efecto contagio está ahí”.

Desde Besarkada-Abrazo, insisten en que “hablar del suicidio salva vidas”, pero que la difusión de la información tiene “reglas”. “Hay pautas muy claras sobre cómo informar bien del suicidio para que ayude a la prevención”, explica Aisa. “Casos anónimos no hay que publicar. Nunca hay que detallar métodos, lugares o informaciones amarillistas como pueden ser las cosas que hizo, con quien estuvo hablando la persona antes de quitarse la vida, etc. Eso se ha visto que tiene un efecto imitativo nefasto”. También es importante que la información difunda “recursos de ayuda, identificación de señales de alarma y la idea de multicausalidad”.

Además de centrarse en la prevención, la Estrategia también tiene como objetivo fundamental “proporcionar el apoyo necesario a las personas que han perdido a un ser querido por suicidio”. Un entorno que la doctora Goñi describe de “duelo y con una culpa que les martillea el cerebro”. “Tenemos que ser muy cuidadosos en recoger ese entorno”, describe, que, “a partir de entrevistas”, ayudan a realizar la autopsia psicológica del fallecido. “A través de sus padres, hermanos, amigos...” se pretende “investigar qué sumatorio de factores” llevaron a la persona a quitarse la vida, más allá de consultar “el registro de salud” (si lo hay).

Además de investigar la “historia vital” como un “estudio retrospectivo”, la autopsia psicólogica y social se va a “empezar a aplicar este año Navarra de forma pionera y sistematizada con la participación del Instituto Navarro de Medicina Legal y la asociación Besarkada-Abrazo”, adelanta Aisa. Esta proporciona “una experiencia muy positiva a los familiares que participan en ella”, explica la presidenta de la asociación. “No es fácil encontrar espacios para hablar del suicidio de un ser querido. Para el entorno de la persona que se ha quitado la vida es un alivio poder sacar lo que llevan dentro en un lugar protegido y conocedor de lo que realmente supone y afecta el vivir un suicidio. Es un espacio donde las personas pueden sentir que son completamente comprendidas, a la vez que se les ayuda a clarificar muchas dudas, incomprensiones, desahogos, angustias entre otras. Participar en la autopsia psicológica social es un hecho reconfortante y reparador en medio de las vivencias tan duras y traumáticas que están soportando”.

“Hay estudios que evidencian que entre las muertes violentas, incluidas los asesinatos, es el suicidio el que genera el duelo más intenso y devastador para sus dolientes. Con tasas más altas de depresión crónica, ideación suicida pasiva, sentimientos de culpa y deterioro en el trabajo y en la vida social”, explica Aisa. Miren Bravo, trabajadora social de Besarkada-Abrazo, describe que este duelo “no se supera en el sentido de 'ya ha pasado'. Siempre queda una huella profunda”, aunque hay que tener “esperanza”. “A través del apoyo y el acompañamiento (en muchas ocasiones especializado y compartido), la comprensión, el respeto a los tiempos y a las necesidades de cada persona se favorece lo que denominamos la integración”. “Integrar” el duelo, según explica, es recuperar “un estado en el que la persona restaura su calidad de vida y su funcionamiento”. La pérdida “siempre va a estar ahí”, pero la intensidad no siempre va a ser la misma y “se irá modulando a la par que el dolor, que también se irá transformando hacia otras cotas más manejables y reguladas”. Aunque “en fechas señaladas se pueda disparar de forma muy intensa”. De la misma manera, la trabajadora social revindica la necesidad de que, “tanto en ámbitos comunitarios como profesionales, se aprenda a reconocer el duelo del suicidio en su especificidad. Porque sus características y evolución son muy diferenciadas respecto a otros duelos”. “La intensidad de sus emociones y de su dolor son tan intensas y nuevas, que muchas personas se cuestionan si lo que sienten es normal o es que se están volviendo 'locas'”, asegura. Por ello, es muy importante contar “con personas y recursos que conozcan el duelo por suicidio, que les ayuden en este proceso de intenso sufrimiento, normalizando y aceptando su sentir, sin presión, y sin exigencias de plazos ni prontas recuperaciones”.

De hecho, “el sufrimiento es fácil que promueva el aislamiento de una persona, por eso acercar los recursos de apoyo, tanto del entorno como especializados es fundamental”, afirma Aisa. Una dinámica extrapolable a la prevención del suicidio, que tradicionalmente “se ha circunscrito a un ámbito clínico”, y hoy ya se concibe desde el ámbito “comunitario que engloba a todos los sectores sociales y profesionales”. “Está demostrado que así la prevención del suicidio es más efectiva”, explica Aisa. “Hay que generar más recursos que apoyen a esa persona”, por eso la Estrategia se centra tanto en abarcar a toda la sociedad para que las personas que ya tienen la ideación, se sientan “importantes y parte de algo”, enfatiza Adriana Goñi. “Te suicidas cuando has perdido la esperanza de absolutamente todo. Cuando crees que no va a cambiar y que nada de lo que tú haces va terminar con una situación mala. Sin embargo, si estoy acompañada, arropada, formo parte de algo, se me espera... es más difícil [que termine con todo]. No quiero decir que la persona no lo acabe haciendo, pero es más difícil. Y eso es comunitario”.

Si tienes ideas de suicidio, cuéntalo y pide ayuda. Puedes llamar a: Teléfono 024 .Teléfono de la Esperanza: 948 24 30 40 Emergencias: 112. Para menores de edad, Teléfono ANAR 116111 y el chat en su página web www.anar.org. Para menores de 30 años el chat conectate.social del Teléfono de la Esperanza (horario de lunes a viernes de 18,00 a 0,00 horas). Asociación Besarkada-Abrazo: 722 114 654 y 622 207 743 para el apoyo de otras personas supervivientes.

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