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Tienen mala reputación, pero pueden ser un gran apoyo: por qué defiendo los chats de padres

Los chats de padres, un "santuario digital" para madres primerizas.

Wendy Syfret

16 de abril de 2026 22:06 h

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Durante los primeros días después de traer a mi hija del hospital, mi casa estuvo más concurrida que nunca. Familiares, amigos, vecinos e incluso conocidos de pasada se agolpaban en la puerta, colmándome de comida, regalos, ropa de segunda mano y consejos.

Pero al ponerse el sol, la multitud se dispersaba. Mi hija se despertaba y pasaba la noche sin dormir; yo me retiraba a mi dormitorio y, la verdad sea dicha, a mi teléfono.

Las incursiones nocturnas en el abismo digital rara vez me han resultado provechosas. Solía caer en un vacío paranoico de contenidos, compras o teorías conspirativas, para salir, horas más tarde, agotada y ansiosa.

Sin embargo, tras el nacimiento de mi hija, descubrí un santuario digital oculto: los chats de WhatsApp para padres.

Durante el embarazo, me habían añadido a varios grupos de madres y a los hilos de debate correspondientes. Estaba el de mis amigas embarazadas, el grupo de mi ayuntamiento, otro para madres de mi zona, un grupo de pago para padres hippies y, por último, el hilo de la familia, donde se gestionaba toda la organización.

Ya entonces sabía que internet podía ser un espacio tenso para las madres primerizas, repleto de simulacros tóxicos del tipo de madre que se supone que uno debe ser. Los chats de WhatsApp para padres suelen constituir el lado oscuro de esta cultura. A principios de este año, la actriz Ashley French (antes Tisdale) escribió un artículo que se hizo viral en el que detallaba su decisión de «romper» con su tóxico grupo de madres —y el chat grupal que lo acompañaba—.

El artículo revolucionó Internet, ya que los lectores especularon sobre qué famosas estaban involucradas y compartieron sus propias historias de juicios y acoso en estos espacios. Cuando empecé a preguntar por ahí mientras investigaba para este artículo, también recibí docenas de mensajes que, en esencia, decían: «He bloqueado todos mis chats de madres porque eran horribles y muy críticos».

Cuando empecé a preguntar por ahí mientras investigaba para este artículo, también recibí docenas de mensajes que, en esencia, decían: 'He bloqueado todos mis chats de madres porque eran horribles y muy críticos

Y, sin embargo, en lo que quizá sea el primer respiro que me ha dado Internet, mis conversaciones nunca se volvieron tóxicas. Al contrario, se convirtieron en espacios abiertos las 24 horas del día, libres de juicios, donde podía pedir consejo, celebrar pequeñas victorias o simplemente desahogarme.

Cuando Jessica, profesora, supo que iba a tener gemelos, no conocía a nadie que hubiera pasado por lo que ella estaba a punto de afrontar. Entonces, mientras compraba un cochecito en Facebook Marketplace, conoció a otra madre de la zona que la invitó a unirse a un chat grupal para familias con gemelos.

«Los padres de un solo hijo no pueden entender realmente lo que es ser padre de gemelos», dice Jessica, que ha pedido figurar solo con su nombre de pila. «Necesitas tener en tu vida a padres de gemelos para que te apoyen“.

«Gracias al chat, siempre sentí que tenía un equipo de animadoras. Nunca me sentí sola, aunque estuviera criando a gemelos lejos de mis amigos y mi familia».

Cuando nacieron sus hijos, la conexión en línea cobró aún más importancia. Los bebés pasaron diez semanas en el hospital y, una vez que llegaron a casa, le resultaba casi imposible salir de ella.

«La asociación de padres de gemelos organiza grupos de juego, pero es muy difícil asistir a ellos cuando estás en plena lucha con unos gemelos recién nacidos», explica. «Poder hablar con otras madres de gemelos en el chat me hizo sentir integrada en mi vida cotidiana».

Por el contrario, Louella admite que tiene suerte de contar con un gran apoyo presencial. Pero, incluso teniendo una buena comunidad en la vida real, su grupo de madres en WhatsApp —creado por una amiga— le ofrece un tipo de conexión diferente.

«He descubierto que la maternidad es realmente maravillosa, pero también, a veces, bastante aislante», dice. «Es agradable que alguien te envíe un mensaje y te diga: “Estoy despierta dando de comer a las tres de la madrugada, ¿alguien más está despierto?”».

Es agradable que alguien te envíe un mensaje y te diga: 'Estoy despierta dando de comer a las tres de la madrugada, ¿alguien más está despierto?

La directora de arte Annie Portelli conoció a las integrantes de su chat —acertadamente llamado 'Terapia gratuita para el club de las mamás'— a través de las sesiones para niños pequeños de su biblioteca local. El grupo sigue reuniéndose en persona, pero, al igual que Louella, ella se beneficia de la cercanía constante que ofrece el chat.

«El chat de WhatsApp, en concreto, es realmente reconfortante porque sabes que hay alguien ahí las 24 horas del día, los 7 días de la semana, lo cual es muy importante en la oscuridad de la noche».

La franqueza del grupo también es importante. «Puedes decir literalmente cualquier cosa —relacionada con el bebé o no— y nadie te juzgará», afirma. «Recibir un mensaje para ver cómo estás a la mañana siguiente de una mala noche lo es todo cuando estás sola en casa con tu bebé y te sientes un fracaso».

Aunque la proliferación de los grupos de WhatsApp pueda parecer un fenómeno pospandémico, los padres llevan décadas buscando estos espacios.

Kiri, cuyos hijos son ahora adolescentes, recuerda el grupo de madres de su ayuntamiento como un espacio mucho más teatral.

«Sentía una enorme presión por dar la impresión de que lo estaba llevando bien», afirma. «Cuando la gente hablaba de entrenar el sueño o del destete dirigido por el bebé, fingía que yo también lo había investigado. Me sentía increíblemente insegura de mí misma, pero no quería que lo supieran».

En lugar de abrirse en persona, se sintió atraída por foros anónimos en línea con nombres como «Birth Club».

«Compartir cosas en Internet era otra historia», dice. «No había preguntas demasiado tontas ni desahogos demasiado íntimos. Nadie sabía quién era yo, así que podía decir lo que realmente sentía. Desconocidos de otros países se compadecían de mí o me enviaban “abrazos virtuales”. La verdad es que era una gozada».

A pesar de mis buenos recuerdos de esos chats grupales, quizá sea mejor que ya no me pase noches enteras mirando el móvil. Aun así, cuando uno de esos hilos antiguos cobra vida con una actualización inesperada o una invitación de cumpleaños, siento una punzada de nostalgia.

De repente, vuelvo a estar en mi habitación a oscuras, mirando una calle vacía y sintiéndome como la única persona despierta en la Tierra. En esos momentos, mi teléfono no me parecía un vacío, sino una ventana por la que podía arrastrarme para encontrar a otra persona.

Quizá en otra vida, en otra década, en otro país, estas mujeres y yo no hubiéramos necesitado chats grupales. Quizá nuestras familias hubieran vivido cerca. Quizá no hubiéramos tenido que apresurarnos a acostar a los bebés para poder volver al trabajo. Quizá hubiéramos pasado largas tardes con otros padres, navegando juntos y sin prisas por los primeros años de la crianza.

El mundo ha cambiado, pero las exigencias de la crianza siguen siendo las mismas. Sigue haciendo falta un pueblo para criar a un niño. Pero, para bien o para mal, hoy en día ese pueblo suele vivir dentro de nuestros teléfonos.

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