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Yul, Liz y los dos Herreros

Hay personas que en su existencia ocupan lo que al común nos lleva varias vidas. Este es el caso de los Herreros, padre e hijo, vinculados a Liébana.

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Liz Taylor.

Liz Taylor.

Todos tenemos ego, los artistas más y los actores tienen un camión de vanidad aparcado a la puerta. Si se es un actor de Hollywood, se requiere parque móvil. Enrique Herreros, padre, nació en Madrid y falleció en 1977 en Áliva, cuando su coche se despeñó en las estribaciones del Macizo Central de Picos de Europa. Dibujante, pintor, grabador, cartelista, fotógrafo, humorista, escritor, cineasta, actor y montañero son una ristra de dedicaciones que apenas ilustran el mundo en el que se movió: el humor y la imagen. Hijo predilecto de Madrid y adoptivo de Potes, estuvo vinculado al Olimpo de La Codorniz, por lo que no es de extrañar que su hijo, del mismo nombre, saliera con querencia por el cine. Teniendo por casa a Tono, Mihura y Edgar Neville difícilmente le hubiera entrado vocación por el seminario.

El padre se sacó de la manga una profesión que es mucho más que una profesión. Publicista. Se dedicó a la cartelería, fue jefe de publicidad de una compañía de cine, portadista de La Codorniz y descubridor de estrellas, caso de Nati Mistral. Dedicarse a la promoción de estrellas o manager da para llenar las paredes de fotos, pero también tiene sus momentos de horror, porque la estrellas lo son de noche, pero de día no las aguanta ni sus progenitores. El manager, sí. Ocurre ahora y ocurría cuando Hollywood estaba en la Gran Vía madrileña.

El hijo siguió los pasos del padre. Aún vive y goza de una mente prodigiosa. Es el gran testigo de la época dorada del cine, en todos sus sentidos: Frank Sinatra fuera de sí por Ava Gardner…, Charles Chaplin, Charlton Heston, Ingrid Bergman y John Huston.

Fue jefe de Publicidad de United Artist en España y director de las campañas de 'Volver a empezar' y 'Belle Époque', que se llevaron dos Oscar (realmente se los llevó él, que se había trabajado a la Academia). 

Acompañante de giras de Sara Montiel y promotor de Julio Iglesias, de este Herreros es una de esas anécdotas que solo pueden calibrar en toda su dimensión los cinéfilos: cuando acompañado de José Luis Garci entró en los lavabos del Dorothy Chandler Pavillion (habían ido a recoger el Oscar) hicieron sus necesidades flanqueados por Paul Newman y Jack Lemmon. 

Pero yo prefiero otra. Se la oí hace unos días en la radio: intentaba dormir cuando en la habitación de al lado sus ocupantes estaban por otras labores. Harto del espectáculo pidió a gritos que se durmieran. 

Eran Yul Brynner y Liz Taylor.

Hay personas que en su existencia ocupan lo que al común nos lleva varias vidas. Este es el caso de los Herreros, padre e hijo, que vinculados a Liébana son parte importante de la Historia del Cine, así como suena, con mayúsculas. 

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