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Quiroga gana, Alonso empata, el PP vasco pierde

El Partido Popular de Euskadi cierra este fin de semana el dedazo del nombramiento de Arantza Quiroga como sustituta de Antonio Basagoiti. Con un Congreso extraordinario, siguiendo los mismos pasos que en su día anduvo Rajoy tras el dedazo de Aznar, los más 'pop' de los populares españoles aspiraban a cerrar su particular forma de interpretar la democracia interna en una fiesta de confraternización. Pero la fiesta se convirtió en funeral cuando Quiroga anunció su intención de desterrar a Oyarzábal, hombre de confianza de Alfonso Alonso, de la Secretaría General y restar poder a los populares alaveses en beneficio de Vizcaya.

La nueva presidenta de los populares vascos dio un golpe encima de la mesa, recibió una dura respuesta del portavoz de los conservadores en el Congreso y, por un momento, se tambaleó sobre la lona. Pero Quiroga ha sabido mantener el envite y se ha impuesto, de momento, al poderoso Alonso. La elección de Nerea Llanos, persona de confianza del presidente del partido en Bizkaia, Antón Damborenea, como número dos supone una victoria y deja en evidencia la influencia de Alonso, el cargo más importante y con mayor proyección de los populares vascos, en su propia tierra. Quiroga ha ganado la partida y ha impuesto un perfil más conservador que apunta a un final de la era 'pop' y una vuelta a los tiempos de la copla.

Alonso, en el mejor de los casos, ha logrado un empate en casa. Desde luego, no es un buen resultado.


Para maquillar la victoria y que Alonso no aparezca públicamente derrotado, la nueva Junta Directiva ha colocado al diputado general de Álava en un segundo escalafón, como vicesecretario general del PP vasco, y la prometedora Laura Garrido, también alavesa, como portavoz. Pero parece evidente que el día a día del diputado general no le dejará mucho tiempo para estar en la sede de los populares y que la portavoz, aunque sí gane en presencia mediática de forma exponencial, no se saldrá del guión fijado por la dirección del partido. Alonso, en el mejor de los casos, ha logrado un empate en casa. Desde luego, no es un buen resultado.

Pero quien ha perdido es el propio PP. No por las diferencias internas, que son compartidas por todos los partidos, si no por la forma de gestionarlo y por la solución alcanzada. La nueva directiva nace con el estigma de la división y con un reparto teórico de cargos que permite a Quiroga controlar los puestos nobles, pero deja a Alonso la influencia suficiente como para hacerle la pinza a la nueva lideresa de los conservadores vascos.Y sobre todo, por la imagen de que ha sido Génova quien ha impuesto el consenso para evitar la imagen de un partido dividido tal y como ha sucedido tras la escisión de Vox y las cruentas batallas de los populares andaluces. Aunque de imposiciones desde Madrid, seguramente, puedan hoy hablar más desde Pamplona...

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