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El mejor Gesto por la Paz


Dentro de una semana la asamblea de Gesto por la Paz debatirá su despedida. Cerrará un ciclo vital del que la ciudadanía vasca debemos estar, y estamos en gran mayoría, orgullosos. Gesto por la Paz ha sido el silencio que más se ha oído en la historia reciente de Euskadi. La asociación cívica, con sus concentraciones de 15 minutos de silencio después de cada muerte violenta producida por los efectos del terrorismo, despertó la conciencia de muchas personas y canalizó el dolor de una sociedad que estaba paralizada por el horror. Ahora, visto con perspectiva, puede que tengamos una visión un tanto distorsionada de la labor de los primeros gestos. Puede que la memoria, que tiende a borrar los episodios más duros, nos traicione y no recordemos aquellas tímidas concentraciones en las que a principios de los años 80 los grupos antimilitaristas y pacifistas comenzaron a expresar su rechazo a la violencia. Aquellos años fueron complicados por la incomprensión. Pero llegaron épocas más duras.

Gesto por la Paz ha soportado estoicamente, desde los años 90, contra manifestaciones. Grupos de fanáticos que amedrentaban a los pacifistas en nombre de vaya a saber qué patria. Porque no existe patria, real o imaginaria, capaz de prosperar si no se levanta ante la violencia. Si no se manifiesta ante el dolor y la sinrazón. Si no se alza contra el sinsentido de la muerte por la muerte, contra la violencia que no ha conseguido ningún objetivo más allá del terrible dolor y el desgarro de una sociedad que, por suerte, comienza a ver la luz. Gesto por la Paz ha sido la respuesta razonable y pacífica a las balas, a las bombas, a los secuestros.

Los miles de hombres y mujeres que han sujetado las pancartas de Gesto han sustentado la moral de un país que estaba maniatado y cuya libertad estaba secuestrada. Y lo han hecho con un gesto tan humilde y contundente, tan sencillo y cargado de significado como detenerse 15 minutos y mostrar en silencio la repulsa a la violencia. Muchas veces con los violentos enfrente. A quince centímetros. Nariz con nariz con quienes amenazaban, escupían e insultaban a los defensores de la paz. Y las personas de Gesto siguieron impasibles. Para algunos en un síntoma de debilidad. Pero el tiempo ha demostrado que lo hizo Gesto fue su gran fortaleza: recuperar la calle para la paz y la convivencia.

Los miles de hombres y mujeres que han sujetado las pancartas de Gesto han sustentado la moral de un país que estaba maniatado y cuya libertad estaba secuestrada.

Gesto es el dueño del lazo azul. Tiene el ‘copyright’ del rechazo cívico a la violencia. Es el causante de que en Euskadi muchas personas diésemos un paso adelante y mostrásemos públicamente nuestro rechazo a la violencia. A todas forma de violencia.

El próximo fin de semana Gesto por la Paz entrega sus armas. Entrega su silencio y la sociedad lo romperemos con un fuerte aplauso de admiración y agradecimiento.

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