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¿Qué hacer, tras la tentativa de huelga general?

La duda en el movimieto pensionista es si será posible volver a funcionar como antes, recuperando al carácter unitario y plural, tomando decisiones por consenso, rescatando la autonomía respecto a sindicatos y partidos

Jornada de huelga en Euskadi

Jornada de huelga en Euskadi. Foto: ELA

Pasado el intento de huelga general en Euskadi y Navarra, toca replantearse la situación y el porvenir, sobre todo en relación con el movimiento de pensionistas. La huelga ha dejado profundas heridas, veremos si cicatrizan. No sería el primer movimiento social que se escinde en el País Vasco a causa de un proceso similar. Quienes impulsaron la huelga no se conforman con la valoración autocomplaciente,  anuncian una segunda parte que sacudiría los inestables pilares del movimiento de pensionistas, haciendo que sea cada vez menos autónomo. 

Deseos y realidades

La huelga del 30 E no ha respondido a las expectativas de sus convocantes. Pese a la enorme campaña desarrollada durante semanas, declarando el apoyo de 1.500 comités de empresa y el activismo de 170 comités de huelga, la incidencia en la actividad productiva ha sido escasa. Los transportes públicos funcionaron casi con normalidad. Los piquetes no lograron  bloquear los accesos a las ciudades ni paralizar el comercio. En la administración pública, donde ELA y LAB tienen una amplia representación, las cifras de paro son bajas respecto a su nivel de afiliación. En el Ayuntamiento de Bilbao, cuya plaza acoge cada lunes la concentración de pensionistas más mediática, ELA y LAB alcanzaron en las elecciones sindicales el 80 %  de los votos, siendo la participación en la huelga del 24 % del personal. 

No obstante, hubo diferencias significativas, respondiendo sobre todo al nivel de implantación territorial de EH Bildu. Las motivaciones ideológicas influyeron más que las demandas con las que se pretendía justificar la huelga. Se ha dicho que a las manifestaciones del 30 de enero acudieron 180.000 personas, declarando que es un nivel de participación de los más altos de Europa, tan solo superado por el "movimiento soberanista e independentista en Cataluña". No es casual citar a Cataluña cuando se aspira a desencadenar un proceso político similar. 

Se esperaban manifestaciones multitudinarias. Aunque lo fueron, las cifras de participación no admiten comparación con las del movimiento de pensionistas y del feminista. En Bilbao, según la policía municipal, a la manifestación de la mañana acudieron 15.000 personas y 6.000 a la tarde. La suma resulta similar a las 20.000 personas que según la misma fuente participaron el 16 de noviembre en la última manifestación de pensionistas, que transcurrió bajo la lluvia. Según los convocantes, en Bilbao se manifestaron 50.000 personas. Incluso esa cifra está por debajo de las 115.000 que inundaron las calles de Bilbao el 17 de marzo de 2018, acudiendo a la llamada  del movimiento de pensionistas.  

La meta era sacar mucha gente a la calle, tomando como referencia las masivas movilizaciones feministas del 8 de Marzo de 2019. La composición ha sido distinta a la de las manifestaciones de pensionistas, participando más jóvenes que personas mayores. La prueba de que no se han alcanzado los objetivos previstos es que la tregua que se negó al Gobierno de coalición cuando se formó, se ofrece ahora. La secretaria general de LAB amenazó con una “primavera roja y de lucha”, si en el plazo de dos meses no se atienden sus demandas. Entretanto, la prensa estatal ha ignorado la huelga, mientras que el Gobierno central ni se ha enterado de la convocatoria.

Simulacro de huelga general

La convocatoria del 30 E se puede cuestionar desde la sensatez y desde la radicalidad. Se ha devaluado el carácter y la naturaleza de una huelga general con una acción de protesta cuya incidencia ha sido menor que la convocada por ELA y LAB en 2013. Algo sabemos de huelgas generales políticas quienes éramos jóvenes en la Transición, cuando hasta huelgas laborales para lograr un incremento salarial equivalente al IPC duraban un mes. Modelo de huelga general es el de Francia, la de Euskadi ha sido un sucedáneo. 

Claro que se puede convocar una huelga general contra un gobierno de izquierdas, cumpliendo requisitos que en este caso no se daban. El ejemplo vuelve a ser Francia, con la ofensiva sindical frente al intento de reformar el sistema de pensiones. En el Estado español las primeras decisiones del Gobierno de coalición han sido revalorizar las pensiones y subir el SMI. Son mejoras insuficientes, pero no medidas negativas. Cálculos electoralistas cargan sobre el Gobierno recién constituido la huelga que en todo caso mereció Rajoy. Lo más desconcertante es que EH Bildu apoya la huelga y a la vez favorece la formación del nuevo Gobierno.  

Lo más desconcertante es que EH Bildu apoya la huelga y a la vez favorece la formación del nuevo Gobierno

Para legitimar la convocatoria del 30E se ha insistido en la solidaridad recibida desde otros territorios del país. Hay solidaridades que salen gratis. Los sindicatos gallegos, que anunciaron su apoyo encondicional, siendo consecuentes habrían llamado a la huelga en Galicia.

Posicionamientos de los partidos

A favor de la huelga sólo se ha situado EH Bildu. Ha sido una puesta en escena de la izquierda abertzale para demostrar su poderío en la calle, más que en los lugares de trabajo, dirigiendo a los grupos sociales castigados por las desigualdades sociales. Faltaba integrar al movimiento de pensionistas para iniciar la precampaña de las elecciones al Parlamento Vasco. Los planes de EH Bildu van por ahí. Es lo que trasluce un documento reciente: 

“Las dinámicas emergentes desarrolladas desde el feminismo, pensionistas, cambio climático… nos presentan una escala vasca con un microclima social propio y potente para su engarce con una alternativa político – institucional que dé cauce a esa acumulación de fuerzas. Éste es uno de los grandes retos de la próxima década en Euskal Herria. En definitiva, nuestra tarea consiste en interpelar a estos movimientos sobre la base de una pregunta que desde nuestro punto de vista es crucial: ¿En qué marco, si no es el de la República Vasca, pueden aspirar estos movimientos a convertir en realidad sus reivindicaciones? Estas reivindicaciones deben de enlazarse con un proyecto de liberación nacional claro”. 

La actitud de Podemos ha provocado desconcierto. La llamada a la intervención ciudadana para reforzar la agenda social del Gobierno ha sido interpretada por parte de la militancia como una invitación a participar en la huelga. Desde Andalucía Teresa Rodríguez la aplaudió sin reservas. En Euskadi se otorgó a la militancia una libertad de acción que ya tiene. Ha faltado un posicionamiento claro sobre si esa huelga equivalía a la movilización social en la calle, o por el contrarío, como todas las huelgas generales, era una ofensiva contra el Gobierno.

El resto de los partidos, sobre todo el PNV, han cuestionado la oportunidad y la intencionalidad de la huelga. El lehendakari Urkullu se negó a entrevistarse con ELA y LAB. Está por ver si Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y los grupos parlamentarios del Congreso de Diputados, reciben a una comisión del movimiento de pensionistas del País Vasco que no represente a todo el colectivo.

Incidencia sobre el movimiento de pensionistas

Más allá de la habitual guerra de cifras, conviene analizar la repercusión sobre el movimiento de pensionistas. La huelga se promovió desde el sector afín a la izquierda abertzale, mientras las demás asociaciones permanecían al margen, llamando a mantener los principios acordados hace dos años al comenzar las movilizaciones. La duda es si será posible volver a funcionar como antes, recuperando al carácter unitario y plural, tomando decisiones por consenso, rescatando la autonomía respecto a sindicatos y partidos.  Si no se logra, será difícil evitar la división del movimiento de pensionistas, como pasó con el movimiento ecologista en la década de los 80, durante la lucha contra la central nuclear de Lemoiz.  

Si el núcleo de pensionistas que impulsó la huelga se considera legitimado y reforzado, puede optar por consolidar la práctica actual, con intervenciones a nivel personal, sin representar a nadie. El modelo de participación voluntaria no se corresponde con la realidad. Si no se asume la pluralidad asociativa y territorial, el movimiento de pensionistas queda sometido al control de una única asociación. Ese riesgo afecta sobre todo a Bizkaia. En Gipuzkoa asociaciones y plataformas actúan de forma coordinada. Las iniciativas que se presentan en las asambleas son consensuadas con antelación. 

Resulta preocupante la manifiesta hostilidad de Pentsionistak Martxan hacia COESPE, la única plataforma de pensionistas con implantación y capacidad de movilización en el conjunto del Estado. Se trata de un comportamiento intolerante y prepotente, además de injustificable. La mayoría de las asociaciones de pensionistas se distanciaron de la huelga.    

Futuro incierto  

La huelga del 30E se salda en Euskadi y Navarra con un retroceso de la capacidad movilizadora de ELA y LAB, salvo en algunas comarcas de Gipuzkoa. El liderazgo de EH Bildu se refuerza en sus áreas de influencia, sin que el discurso soberanista cuaje fuera de esas zonas. Se debilita el movimiento de pensionistas  supeditado a intereses sindicales y partidistas. Pierde autonomía al difuminarse entre los colectivos que integran la denominada Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria. El anuncio de una “primavera roja y de lucha”, sin saber si era una ocurrencia, un intento de huelga indefinida, o un proceso soberanista como el catalán, no augura un ambiente favorable a la estabilidad política ni a los intereses del movimiento de pensionistas.

*Luis Alejos, sociólogo y pensionista

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