Aguantar es ganar: la agilidad de veras

El teletrabajo debe llegar a las pequeñas empresas. (Imagen: Pexels)

Guido Stein

Profesor del IESE —

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Cuando los problemas se amontonan y las soluciones no llegan es cuando surgen las crisis. Esta descripción de Aristóteles se queda muy corta ante lo que está pasando hora a hora. Nuestro propio periódico está sufriendo hasta la extenuación lo que significa que el ingreso por publicidad caiga en días un 80%. Es un tremendo botón de muestra que se replica hasta llegar al 100% de colapso de ingresos en muchos sectores y empresas.

El dilema estriba entre susto o muerte, porque las dudas de la semana pasada acerca de los posibles escenarios, hoy ya se han evaporado. El escenario más realista es el peor que se pueda manejar antes del cierre definitivo. A partir del realismo tan demoledor como firme es desde donde hay que construir el futuro que ya ha llegado. No se trata de optimismo infundado, sino de esperanza humana necesaria. Mis alumnos y clientes me la infunden cada día.

El director general de una empresa centenaria en un sector histórico poco susceptible a los cambios me confiesa:

"Me ha sorprendido muy positivamente el esfuerzo y el compromiso de toda la plantilla; no esperaba tanto, la verdad. Algo que en condiciones normales hubiéramos tardado meses en implantar, se ha hecho en tiempo récord. El público entiende las incidencias y los problemas, que en gran medida abordamos sobre la marcha, pues ya todo el mundo es consciente de lo que esta situación está afectando a todos.

Sin millennials en la empresa, los cambios a toda velocidad no han sido únicamente en el plano tecnológico de dotar y configurar ordenadores portátiles ( que sólo ocho teníamos) con conexión a VPN para toda la plantilla, sino que también hemos alterado esencialmente los procedimientos de trabajo, tanto a nivel interno, de back office, como dando un giro radical a la forma de funcionar de nuestra estructura comercial, que estaba basada en el trato personal, para pasar a primar el contacto por teléfono y, especialmente, por correo electrónico. También hemos dado un giro al procedimiento de cobros, que era arcaico, propio del sector, y que no nos animábamos a actualizar".

Una muestra de mente abierta, iniciativa, trabajo en equipo que se autogestiona, aceptación de errores, mejora continua, o mente puesta en crear valor para el cliente; y todo ello envuelto por las condiciones más adversas que quepa imaginar. Esta es agilidad de la buena, al alcance de quien quiera llevarla a cabo; no confundir con la agility de plástico de la que en realidad sólo se hablaba antes la tormenta viral.

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Publicado el
30 de marzo de 2020 - 22:29 h

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