Conflicto en Ucrania: ¿se contagia el sufrimiento psicológico?

Coordinador de salud mental de Médicos del Mundo en Ucrania
Deterioro de la salud mental de los sobrevivientes en Ucrania.

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 ¿Se contagia el sufrimiento psicológico? Me pregunta Laia, una mujer voluntaria durante el tiempo que pasamos en el refugio por la alerta de posible ataque aéreo en el conflicto de Ucrania. La respuesta era obvia: claro que no. Entonces me respondió con otra pregunta: entonces, ¿por qué toda la gente que conozco está triste y angustiada, aunque no ha estado en zonas afectadas por los combates y bombardeos? Aunque estaba dispuesto a argumentar cómo en las zonas en conflicto armado se produce un efecto de temor colectivo en la población, por un momento me detuve y recordé el relato de una psicóloga de nuestro equipo que me había solicitado apoyo para lidiar con casos difíciles.

En realidad, el sufrimiento psicológico se transmite al entorno de la persona afectada y sobre todo al cuidador, particularmente en el caso de que la persona haya sido víctima de alguna situación traumatizante. Además, el trauma indirecto que puede acabar sufriendo el profesional de salud mental que atiende a personas afectadas por el conflicto armado es lo que se conoce por “trauma vicario”. Por eso, aquella mujer de alguna manera estaba en lo cierto, el dolor psicológico impacta en el entorno de quien lo padece y más allá, porque llega a hacerse sentir en toda la comunidad. Ser consciente de este aspecto está siendo clave en la respuesta que el equipo de salud mental de Médicos del Mundo está proporcionando en algunas zonas de Ucrania, como en la provincia de Kiev.

Después de dos meses de intensos combates y destrucción, más de 4 millones de personas han huido a países vecinos, y en el país más de 13 millones de personas se encuentran en situación de necesidad de asistencia humanitaria. Los habitantes de las ciudades y pueblos del cinturón metropolitano de Kiev, como Bucha, han visto alterada su forma de vida por el conflicto armado, la violencia y los combates. Estas personas han vivido durante más de un mes bajo la amenaza de los proyectiles y las bombas, enfrentándose a diario al reto de sobrevivir. En muchos casos con carencias de algunos alimentos y en algunas zonas de suministro de agua, gas para cocinar, calefacción, electricidad o transporte seguro.

La mayoría de las personas del distrito de Bucha presentan alteraciones emocionales, estrés, reacciones de ansiedad, cambios de comportamiento o alteraciones del sueño. En la mayoría de estos casos las reacciones psicológicas van a ser transitorias y tras la retirada de las tropas van a remitir. Sin embargo, en otros casos, estas reacciones persisten y están afectando a la funcionalidad de estas personas. Su vida se está viendo condicionada por la disminución de la capacidad de hacer frente a los retos cotidianos. En algunos casos no están siendo capaces de atender a sus hijos, hijas o a las personas mayores de su familia, y en otros ni siquiera son capaces de cuidar de sí mismos. Otras veces, las menos, las amenazas sufridas han causado la quiebra psicológica de estas personas que se encuentran en estado de clara depresión o ansiedad.

No es mejor la situación de los siete millones y medio de personas que han huido de las zonas de combate, abandonando sus casas y ciudades, refugiándose en provincias vecinas como Dnipro o Zaporizhia, o buscando zonas más seguras como Chernovtsi, en el oeste del país. La mayoría se han integrado en la comunidad, bien en apartamentos alquilados con los ahorros o tras la venta de posesiones, o en casas compartidas solidariamente por sus compatriotas en pueblos o ciudades no afectadas por el conflicto armado. En otros casos estas personas se encuentran distribuidos en centros de acogida improvisados en residencias de estudiantes, ahora vacías, o en instalaciones de uso social, deportivo o cultural de la comunidad. Estos improvisados centros de acogida, con condiciones de confort básicas, al menos garantizan un alojamiento protegido de las bajas temperaturas de esta región y les proporcionan el alimento necesario. Estas instalaciones sirven de refugio a familias en las que falta alguno de los miembros, bien porque están en otra parte del país o porque se encuentran en el frente de combate. Allí se puede ver a personas ancianas con cara de resignación, a mujeres con semblante triste, a adultos con alguna discapacidad y a varios niños y niñas persiguiéndose por los pasillos, que son reprendidos por el personal a cargo del centro que en ocasiones mantiene una actitud demasiado rígida, argumentando la necesidad de mantener las normas de convivencia. Se aprecia una atmósfera de desesperanza y las personas que allí se encuentran expresan la angustia de la incertidumbre sobre su futuro.

Todas estas personas llegadas a otras partes del país, a un entorno en su mayoría desconocido y novedoso, han dejado atrás parte de la familia, el hogar, las posesiones, los medios de vida y lo que es más trascendente, parte de su historia personal y su vida, que les produce una sensación de pérdida y profunda tristeza. A ello se suma el continuo estrés de tener que sobrevivir en condiciones muy duras para la vida, con carencia de todos los servicios básicos. Algunas de estas personas, con las que llegamos a establecer una relación de confianza, expresan el clima de violencia que han experimentado y nos relatan las vivencias de temor durante los bombardeos o los combates que tuvieron lugar por las calles del barrio. Desean que desaparezcan las pesadillas que les altera el sueño por las noches, los sobresaltos que les produce cualquier ruido o sonido inesperado y las revivencias que tienen cuando suenan las sirenas y hay que protegerse en el refugio. Estas personas están atrapadas por el trauma sufrido y precisan de ayuda psicológica para superarlo.

Para dar respuesta a estas necesidades, varios equipos de salud mental y apoyo psicosocial de Médicos del Mundo estamos proporcionando atención en varias zonas del país. En el distrito de Bucha realizamos intervenciones psicológicas centradas en la atención al trauma y al duelo complejo, que, junto a síntomas de ansiedad, son las reacciones psicológicas más observadas.

Para acceder a algunas comunidades más alejadas disponemos de un vehículo adaptado para llevar a cabo las intervenciones en el interior. Esto nos permite garantizar la confidencialidad y proteger a las personas frente al estigma del entorno.

Además, se están realizando intervenciones de apoyo a profesionales de salud que han estado sometidos a gran tensión durante las semanas más críticas, trabajando el manejo del estrés y el autocuidado.

En las provincias de Dnipro y Chernovtsi la intervención está dirigida a las personas desplazadas en centros de acogida, llevando a cabo intervenciones grupales para desarrollar el apoyo mutuo y fomentar la resiliencia grupal. Los casos de afectación más intensa o de quiebra psicológica se atienden en una consulta de la que Médicos del Mundo dispone en la ciudad. Ante el incremento de demanda de atención, no solo de las personas desplazadas sino también entre las comunidades de acogida, se ha puesto en marcha recientemente una línea telefónica para dar respuesta a las necesidades de atención psicológica de la población de Ucrania. Se trata de fortalecer la resiliencia de la población que está sufriendo altas cotas de violencia, y promover la salud mental y el bienestar del pueblo de Ucrania.

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