El 25 de mayo actúa: por una Europa de las personas frente a la Troika

Rosa Quesada / Jonás Candalija

¿Es posible crear en Europa un modelo político, económico y social basado en la solidaridad colectiva y la equidad social? ¿Podríamos caminar hacia un modelo donde la limitación de la desigualdad social y económica, así como la protección de las personas más vulnerables, fueran pilares fundamentales de la construcción europea? A día de hoy, intentar ofrecer una respuesta afirmativa a estas cuestiones es casi impensable, pero no imposible. Hay alternativa.

A nivel nacional, sufrimos las consecuencias de una crisis económica, que si bien es cierto que no toda la población sabría explicar sus causas con precisión, una amplia mayoría conoce bien sus efectos perversos. "Recesión económica", "flexibilización laboral", "externalización de servicios públicos" y así decenas y decenas de eufemismos que enmascaran una realidad que día a día se hace más insostenible. Una realidad donde las personas desempleadas se cuentan por millones, y por miles los jóvenes que semanalmente salen de nuestras fronteras en busca del futuro que aquí se les niega, mientras los culpables de la crisis son 'rescatados', las víctimas son 'condenadas'.

En un contexto en el que frente al aumento de la miseria, de la desigualdad, e incluso, de la pobreza infantil, la respuesta desde los poderes públicos se materializa en recortes en sanidad, en educación, en investigación o en políticas sociales, intentar ser optimistas se plantea como una tarea ardua. Sin embargo, la ciudadanía ha demostrado ya en múltiples ocasiones cómo alzando la voz y participando en la solución puede superar todas las dificultades.

Teniendo todas las fichas sobre el tablero, únicamente podremos cambiar el juego conociendo sus reglas y participando activamente en él. Un 80% de las decisiones que nos afectan de manera directa están íntimamente ligadas a las dinámicas y políticas que dentro del seno de la Unión Europea se desarrollan, y es aquí donde debemos jugar nuestro papel el próximo 25 de mayo.

Podemos comprobar cómo son muchos los países comunitarios en los que la crisis económica también se traduce en recortes sociales y de derechos. Así, Portugal, Italia, Grecia e Irlanda son, junto a España, el grupo de países europeos más afectados, donde sus sistemas políticos, económicos y sociales están siendo sometidos a cambios estructurales que atacan la línea de flotación de toda la sociedad, en especial de las personas más vulnerables. Cambios que no sólo siguen la misma dinámica de implementación que en España, sino que además, comparten los mismos funestos resultados.

Y llegados a este punto de malestar social generalizado en todo el contexto europeo, vemos cómo las propuestas y alternativas se mezclan con la necesidad de señalar a los culpables y de tener cabezas de turco. El problema viene cuando erramos en nuestro análisis. En contextos tan adversos como el actual, comienzan a aflorar partidos de extrema derecha que habían permanecido apartados del escenario desde después de la II Guerra Mundial. Poco a poco, vemos cómo el auge de estas corrientes desembocan en políticas xenófobas y en el aumento de la beligerancia de estos grupos ante la inmigración y otras minorías.

En España encontramos ya muchas medidas tomadas contra la inmigración, que van desde despojarles de la tarjeta sanitaria, endurecer las medidas contra los movimientos migratorios en zonas fronterizas, hasta la necesidad de pasar exámenes de españolidad para poder acceder a la nacionalidad, como viene reflejado en el anteproyecto de ley de los registros. En Francia, ante el gran ascenso del partido de extrema derecha de Marine Le Pen, el actual Gobierno con Hollande a la cabeza ha implementado también medidas de recortes sociales y de derechos, en especial contra la inmigración y las minorías, entre las que podemos destacar el desmantelamiento del poblado gitano en Herblay. La población gitana también ha sido el principal objetivo perseguido en Hungría. Finalmente, también podemos citar a James Cameron y sus políticas en Gran Bretaña, donde se están implementando paquetes de medidas que dificultan sustancialmente la circulación de personas procedentes del extranjero.

Con este nuevo mapa de realidades, vemos que la participación ciudadana es más importante que nunca. Ya conocemos nuestras fichas, sabemos con quién nos sentamos en la mesa y cuáles son las reglas del juego. Ahora nos toca participar. Y por participar no debemos entender únicamente la emisión del voto de manera periódica. Tenemos que comenzar a actuar de manera real y palpable, implicándonos de manera activa y trabajando por construir la sociedad que queremos. Debemos comenzar a caminar hacia una verdadera democracia participativa donde seamos ciudadanos y ciudadanas de hecho y derecho, y hay que hacerlo ya. Por todo esto, hoy, 8 de mayo, llevamos las elecciones europeas a la calle. Para acercar a la ciudadanía lo que está en juego. Pero el próximo 25 de mayo tenemos una cita más importante con nuestros derechos y los de todas las personas en las urnas. Una oportunidad para exigir a los candidatos y candidatas de las elecciones europeas que sitúen la Europa social y la erradicación de la pobreza y la desigualdad en el centro de la agenda política. Tenemos la oportunidad de afirmar que no vamos a consentir la vulneración de los derechos fundamentales de las personas.

En definitiva, el próximo 25 de mayo debemos poner nuestro grano de arena para conseguir un Pacto por una Europa social y por fortalecer una estrategia eficaz de lucha contra la pobreza, la exclusión social, las desigualdades y la discriminación en España y en Europa. Sólo una ciudadanía activa puede revertir esta situación que actualmente nos ahoga y somete.

El 25 de mayo actúa, acude a las urnas y vota por una Europa Social, por una Europa de las personas frente a la Troika, por una Europa donde la solidaridad y justicia entre los pueblos de Europa y el mundo sean el verdadero nexo de unión.

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Publicado el
7 de mayo de 2014 - 20:53 h

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