Ayuso: ¿Quién no respeta a quién?
Ayuso está indignada. Dice que los profesores en huelga no la respetan. Sostiene que están politizados, aunque la huelga indefinida se acordó en mayo y tuvo fecha fijada en junio, y aunque llevan tres cursos pidiendo lo mismo sin atisbo de respuesta. Exige respeto Ayuso, cuando resulta bastante difícil (si no imposible, lo dejo en vuestras manos) recordar a un presidente autonómico que haya faltado tantas veces al respeto a una parte de la ciudadanía a la que gobierna. Ayuso exige respeto mientras insulta, proclama la libertad como lema mientras desacredita las protestas que no le favorecen y denuncia la violencia verbal ajena mientras lleva años practicando la agresividad retórica. Ella y su entorno, con Miguel Ángel Rodríguez como maestro de ceremonias, por supuesto, del festival del agravio.
He tratado de hacer un ejercicio de memoria sobre la retahíla de descalificaciones e insultos de Ayuso durante los últimos años. Hay hemeroteca para rato, advierto. Y seguro que me dejo algo. Empiezo por lo más reciente. La presidenta ha llamado a los profesores en huelga “coro rociero”, “violentos” y gente “untada por los sindicatos”. Los llamó “violentos”, de hecho, el mismo día en que la policía cargó y lanzó pelotas de goma contra una concentración de profesores a las puertas de un acto suyo, para abrirle paso. A los manifestantes por la vivienda los llamó “saltimbanquis con Macintosh”, a los de Sol casi que terroristas, gente que no ha estudiado ni sabe de qué va la vida. Con las mujeres feministas tiene una larga trayectoria. Dijo de ellas que su forma de ver la vida era “propia de malcriadas que aspiran a llegar solas y borrachas”. Y este mismo año las animó, nos animó, a irnos “solas y borrachas por Teherán” y a llevarnos amigos gais, “a ver cuándo los cuelgan de las grúas”. Las asociaciones de familiares de fallecidos en las residencias durante la pandemia han tenido que escuchar cómo las calificaba de “plataformas políticas” repetidamente, mientras despachaba las preguntas de la oposición sobre las residencias con un “siempre con las mismas mierdas”. Siendo las “mierdas”, en este caso, las reclamaciones de explicaciones y responsabilidades por la muerte de miles de mayores, muchos de ellos sin recibir la atención hospitalaria que necesitaban. A los profesionales de Atención Primaria llegó a insinuarles un boicot porque no se atendían las llamadas telefónicas.
Para la presidenta madrileña parece haber dos clases de ciudadanos, aunque su obligación sea representarlos a todos. Por un lado están quienes pueden expresarse libremente porque piensan como ella. Por otro, quienes al protestar se convierten automáticamente en violentos, manipulados, malcriados o saltimbanquis. El poder solo se puede cuestionar en una dirección, la que mira hacia Moncloa. A quienes lo hacen en esa dirección, sobre todo en la esquina de la calle Ferraz, se les aplaude, se les anima y se les moviliza. Si Pedro Sánchez sale corriendo de Paiporta, es “el galgo de Paiporta”, apodo que la propia Ayuso se encargó de popularizar. Si es Ayuso quien tiene que salir por una puerta lateral entre protestas, estamos ante un atropello intolerable.
¿Con qué autoridad puede denunciar Ayuso la crispación si contribuye a alimentarla sin descanso? Sería extraordinario verla defender su gestión sin faltar al respeto a quienes la cuestionan, que están en todo su derecho de hacerlo. Ayuso reclama respeto para la autoridad, pero olvida con demasiada frecuencia el respeto que la autoridad debe a los ciudadanos, a todos y cada uno de ellos.
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