Es la discriminación, estúpido

Manifestación feminista en Santander durante la huelga del 8M. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

Con la discriminación por razón de sexo pasa algo curioso: casi todo el mundo abomina de ella, salvo cuando uno mismo la practica. Ninguna empresa discrimina a sus trabajadoras, no se les ocurriría, eso jamás. Cuando llega la sentencia que dictamina que sí, que la discriminación ocurrió, la reacción es de indignada sorpresa. Eso no es así, se han equivocado, eso no es discriminación. Siempre parece haber una buena razón detrás de su 'decisión empresarial': la urgencia, los beneficios, las inercias, la rentabilidad, la productividad. Como si todos y cada uno de esos conceptos fueran neutros o inamovibles, como si todos esos conceptos pudieran trepar por encima de los derechos sociales.

Laura (nombre ficticio) quedó la primera en un proceso de selección. Para cuando tuvo que incorporarse acababa de dar a luz y pidió a la empresa que le guardara el puesto hasta que pudiera incorporarse. No lo hicieron. El caso no es ficticio y la 'empresa' es un organismo público, el Instituto Nacional de Estadística. El Constitucional le ha condenado por discriminar a esta mujer por razón de sexo y contravenir el principio constitucional de igualdad.

Otro caso. Ernst & Young (ahora EY), unas de las grandes firmas mundiales de consultoría, ha sido condenada en España por discriminar por razón de sexo a una trabajadora a la que le negó su bonus salarial anual porque se encontraba de baja médica debido a su embarazo y, posteriormente, de permiso por maternidad. Esa decisión, explicaba el juez, afectaba directamente al ejercicio de la maternidad.

Sorpresa. En su momento, y tras la primera sentencia condenatoria, el INE negó que se tratara de discriminación y aseguró que su intención no era en absoluto discriminar. Su decisión, defendía, estaba basada en la urgencia por cubrir el puesto. Tampoco Ernst & Young admite la discriminación, sencillamente explica que se trata de un bonus que no aplica para los trabajadores "que no hubieran prestado trabajo efectivo un mínimo de 6 meses, con independencia del sexo y la causa".

Sus explicaciones no han convencido a los tribunales. Jurisprudencia y conceptos como 'discriminación indirecta' han venido a decirles a estas empresas que aunque la intención pueda ser buena o neutra, los efectos son otros. Que la discriminación no es lo que cada cual quiera que sea y que si tu decisión provoca discriminación, entonces, dos y dos son cuatro.

"Analizado de forma aislada el criterio empresarial puede parecer aséptico, absolutamente neutro. Pero su aplicación práctica determina una mayor afectación para las mujeres, por una circunstancia inherente a su sexo, el hecho biológico de la maternidad. Hasta el punto de que toda trabajadora con un embarazo a término sufrirá la aplicación del citado criterio empresarial", explica el juez en el caso de Ernst & Young. En cuanto al INE, el Constitucional sentencia: "La conducta empresarial fundada en motivos expresamente prohibidos como el sexo no puede ser valorada como un mero acto de libertad o como el ejercicio de facultades habilitadas por el Derecho".

Podemos pensar ahora en las futbolistas de Primera División, que acaban de convocar su primera huelga para conseguir un convenio colectivo que regule sus condiciones de trabajo. Por no tener, no tienen ni salario base, ni 30 días de vacaciones ni baja por incapacidad temporal en la que cobren su sueldo. No tienen una regulación que contemple posibles embarazos ni permisos por maternidad.

Hay quien dice que cómo se les ocurre pedir todo eso si no generan lo mismo que sus compañeros. Que los clubes no pueden asumirlo. Que eso no es discriminación, en absoluto, no se les ocurriría, que es la economía, el mercado, la oferta y la demanda. Yo diría más bien: es la discriminación, estúpido.

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28 de octubre de 2019 - 21:11 h

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