Feijóo: el cuerpo le pide amnistía
El PP de Cataluña cerró ayer su primer congreso en 8 años y allí Alberto Núñez Feijóo ahondó en la nueva estrategia de su partido respecto al procés, la amnistía y Puigdemont: “Como la mayoría de los catalanes, nosotros también queremos pasar página”. Ya lo había verbalizado Miguel Tellado un día antes, con su versión a la catalana de “lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”: “Lo que sucedió en Cataluña en el 2017 sucedió en 2017”. Deberíamos estar acostumbrados a que el PP monte tremendos carajales en la calle por la aprobación de leyes y políticas que después asumen y hasta celebran como si la idea hubiera sido suya: ahí están el divorcio o el matrimonio homosexual. Como en esas ocasiones, la amnistía ya es cosa de un pasado muy lejano y bien está, ahora toca recoger los frutos de la audacia de Pedro Sánchez, a quien ven cercado por los casos de corrupción. Quién se va a acordar de las concurridas manifestaciones en contra de la amnistía de 2023 y 2024 o del acoso diario en la sede de Ferraz de los cachorros de Vox reunidos para “putodefender España”, como lloraba un joven de derechas, o de los vaticinios sobre el presidente ilegítimo que rompía España cada día entregándola a los traidores.
Deberíamos haber sospechado algo cuando el “Pujol, enano, habla castellano” se convirtió en hablar catalán en la intimidad y los pactos del Majestic pero España está dispuesta a caer siempre en la misma trampa pepera. Los gritos de “¡Puigdemont, a prisión! ya son como lágrimas en la lluvia, el Noviembre Nacional nunca tuvo que ver con el PP y Feijóo pide, y lo hace cada día, que apriete el botón electoral al hombre al que hasta hace poco quería ver entre rejas. El PP aprovecha el rencor de la alta magistratura que se sintió ofendida en lo más profundo de sus togas por la ley de Amnistía que osaba dejar sin efecto la sentencia del procés y, al mismo tiempo, intenta atraer a Junts y a los catalanes de derechas con el argumento de ”pelillos a la mar, aquí no ha pasado nada“. ¿Dónde está la bolita?
Era evidente, pese a la sobreactuación general, que PP y Junts estaban condenados a entenderse porque comparten ideas (muchas de ellas obsoletas) sobre fiscalidad y economía y una pulsión inagotable por defender a rentistas, empresarios y “gente de bien” frente a trabajadores, inquilinos y demás alborotadores. Lo que une el libre mercado intervenido a favor de los ricos que no lo separe una pequeña discrepancia sobre el concepto de tu nación o mi nación. Pero este entendimiento solo era posible una vez que Pedro Sánchez hubiera solucionado el problema constitucional y territorial más grave que ha tenido España. Un problema creado a pachas por nacionalistas españoles y catalanes (una vez que unos y otros dejaron de estar moderados por el pragmatismo de políticos como Jordi Pujol), que alimentaron el conflicto hasta la náusea del resto de españoles y catalanes. No hay mayor reconocimiento a la labor de Sánchez que el hecho de que PP y Junts voten juntos en el Congreso.
Feijóo perdona a Puigdemont y Puigdemont perdona a Feijóo, siendo los dos conscientes de que el tablero nacional e internacional se ha movido tan a la derecha que los ha dejado sin la posibilidad de tener mayorías por sí solos, en España y en Cataluña. Siendo el antisanchismo una fuerza poderosa entre la derecha sin proyecto, Junts duda porque unas elecciones generales les pueden volver irrelevantes en el Congreso y Feijóo no les necesitaría para nada una vez derribada la línea roja, más mental que real, de formar gobierno con los ultras de Vox. Feijóo sueña, por su parte, con recuperar votos en Cataluña, donde es irrelevante y residual, porque soñar es gratis y porque es muy cansado gobernar contra los catalanes. Con esa fantasía en la cabeza, hasta se ha reconciliado con Alejandro Fernández, reelegido presidente del PP catalán y que siempre ha cuestionado el acercamiento a Junts. Mientras tanto, Aliança Catalana y Vox cabalgan sobre la derechización del mundo, que posee una gran dosis de mezquindad y creación de chivos expiatorios, y aplauden en silencio el acercamiento de PP y Junts porque es una prueba para los más cafeteros de que solo quedan ellos.
España sigue siendo un país vivible porque la izquierda aún conserva poder y puede impulsar políticas valientes y transformadoras, pese a la unión de fuerzas diversas y poderosas en el otro lado. Lo sabe hasta Feijóo, que está ansioso por recoger los frutos de la amnistía de Sánchez después de años de incendiar a sus votantes con la salvación de España. A la hora de votar, solo necesitamos memoria.
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