Los franceses que no quieren a su selección
Al Mundial se le ha sumado un conflicto diplomático por culpa de un expresidente reconvertido en columnista futbolero. España, como siempre, no te la acabas. Podría pensarse que la indignación francesa ha sido unánime, pero conviene atender a sus matices. En 2010, cuando le preguntaron a Marine Le Pen cuál era su parecer respecto a la selección francesa y si consideraba que esta se parecía a Francia en sí misma, respondió, sin pelos en la lengua, que digamos:
“No, sinceramente, no lo creo. Y no soy la única. No soy una especialista en fútbol, pero hay un jugador de fútbol cuyo nombre se me escapa que decía que se usaba el fútbol para intentar dar esperanza a los franceses de origen inmigrante. Con eso se deja de lado a los franceses de origen francés. ¡Este equipo no representa a Francia! No lo apoyaré. El dinero que rezuma esta gente, la sensación de un dinero ganado con facilidad… Unas veces son representantes de Francia cuando están en el Mundial, otras veces son representantes de otro país, de otra nacionalidad. Los valores que transmiten no son los valores de Francia. Si se comportaran correctamente, si de vez en cuando hablaran de patriotismo, si no se negaran a cantar la Marsellesa, si no los viéramos envueltos en banderas de otras naciones que no son la nuestra, quizá las cosas cambiarían”.
El Frente Nacional de 2026 no es el mismo de 2010, aunque lleve el mismo apellido. Al proceso por el que ha pasado lo llaman, en Francia, dédiabolisation: ha costado mucho que Le Pen no suene a la encarnación misma del mal, pero lo ha ido consiguiendo, volviéndose poco a poco, en su discurso, una ultraderecha de rostro más amable, más humano. No quita para que, en mayo de este mismo año, cuando Mbappé expresó su preocupación ante la posibilidad de que ese partido llegara a la presidencia, el delfín de Le Pen, Jordan Bardella, respondiera denigrando al jugador.
Los franceses tienen toda la razón al ofenderse por las palabras de nuestro expresidente, Mariano Rajoy, cuando este afirma que “Francia tiene un muy buen equipo, pero sin franceses”. Más difícil es pensar que Francia represente, frente a España, un modelo más diverso, más libre o más progresista; sobre todo cuando, en las presidenciales de 2027, quien parte como favorito, por mucho, es el partido de Le Pen. La que no apoyaba a la selección.
El problema de este Mundial, para España y para Francia, es que no hay historia de victoria para ninguno de los dos equipos que no esté protagonizada por los hijos de migrantes, por la herencia de la historia colonial de ambos países. La contradicción es productiva porque pone ante el espejo a nuestras extremas derechas y a sus culturas, tantas veces asociada a lo más cazurro y machista del fútbol: no hay hoy orgullo nacional con la selección si no es orgullo de una nación diversa, sin estándar de pureza étnica o racial. No hay victorias para España si no llevan por bandera la pertenencia a barrios obreros o la solidaridad con Palestina, no hay conquistas francesas que no carguen con un pasado que algunos de sus políticos repetirían encantados.
Suerte, con eso, que nuestros jugadores no tengan que entonar la letra de himno alguno. El reproche de Rajoy a la selección francesa por “no tener franceses” bien podría haberlo dirigido a la española: ¿habría sido entonces la misma la indignación o las victorias culturales de Vox, en su odio a los diferentes, habrían podido más, torcido el brazo de la batalla cultural? ¿Podrían quedar Rajoy y Le Pen a ver las semifinales? ¿A qué equipo apoyaría cada uno, y cómo justificarían sus incongruencias? ¿Celebrará Abascal desde su casa los goles de Lamine Yamal, aunque tal celebración ponga de manifiesto su incoherencia?
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