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Mientras la 'gran política' actúa, el pueblo sigue

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Se lleva ya tiempo (y lo que queda) hablando de los asuntos de la 'gran política'. Frente a ella, el ciudadano corriente continúa su vida, su lucha por sobrevivir el día a día. Se ponen muy solemnes los actores que se creen protagonistas únicos y afilan las navajas y estrategias en la partida de ajedrez. En ella lo importante es la lucha por el poder. Hablan pomposamente de consensos, sentido de Estado, responsabilidad, unidad de la patria y demás. Todos invocan aritmética electoral y la interpretación en su propio beneficio de lo que, según ellos, el pueblo ha dicho y que, curiosamente coincide con sus intereses cuando no es en verdad así. Sus pensamientos están más en el botín que consiguen que en las necesidades de un pueblo que ha padecido mucho en cuatros años y que solo quiere vivir.

Tras el espectáculo surrealista en Cataluña -aunque no ha desaparecido del foco mediático ni ha concluido-, sobre esa tierra donde la dirigencia parece permanentemente agitada por la peor Tramontana, la atención se centra en la partida de mus que a nivel estatal es hoy la elección de los presidentes y órganos de gobierno de ambas Cámaras. 'Ellos' siguen a lo suyo y lo único que están centrados en cómo revestir de justificación  el conseguir su cuota máxima y mantenerse, sobre todo, los dos grandes derrotados: PP y PSOE. ¡Qué capacidad de resistencia tienen!

Y mientras ¿qué pasa con los españolitos? Por lo menos, nos dejarán tranquilos de sus diarreas legislativas y sus temidos viernes (todos eran día trece) de decretos leyes donde de un día para otro, nos tocaban los sueños, los derechos el bolsillo y otras partes nobles y ello nunca en nuestro beneficio. También al encontrarnos ante lo que es legalmente un Gobierno en funciones que debe limitarse a la “gestión de los asuntos ordinarios”. Al menos respiraremos y no nos agobiaran. Bastante lo han hecho estos cuatro años.

En etapas pretéritas de gobiernos sucesivos en Italia donde duraban poco tiempo y ello limitaba la operatividad de los salientes, se aplicaba un dicho que expresaba que: era precisamente entonces, en esa situación de interinidad, cuando mejor funcionaba el país. Aquí, al menos, nos aliviamos y dejan ya de “jugar” con nuestros votos, como mejor expresaría Serrat en aquella canción sobre los locos bajitos.

Y mientras 'ellos' se entretienen con sus importantes y transcendentales asuntos, cada joven intenta lograr un trabajillo ni explotado ni precario y que dure más de seis meses; las personas en situación de dependencia logran mantenerse por la generosidad y esfuerzo de las familias; los parados de larga duración sobrevivan por lo mismo; los jóvenes enamorados sueñan con tener un día un techo propio; los usuarios de la sanidad se sienten alentados por el corajudo esfuerzo en los profesionales de la salud; los maestros, aunque desanimados, continúan su vocación de enseñantes de una sociedad del mañana. Si el país se mantiene en pie es, únicamente, por el esfuerzo de la gente.

La vida del cada día discurre entre dificultades, entre benditas sonrisas de niños, en la energía aplicada para que una enfermedad se supere, entre esfuerzos cotidianos  para llegar a fin de mes, para que tu hija tenga el balón que no llegó a tiempo en navidad, para poder ir un día al cine los dos, para soñar una semana de viaje en verano…Todo lo más humano es infinitamente más valioso que lo más solemne y pomposo que los políticos ofrecen, aunque parece que, aunque solo sea una ventana, algo de aire freso parece que puede haberse abierto.

'Ellos' están a su rollo y el pueblo que ya habló en diciembre, solo quiere vivir la vida, que es la antinomia de una de las expresiones más horribles de la España vieja: “matar el tiempo”.  Quienes van avanzando mientras atardece, quieren pasear, mirar un cielo limpio, intentar que los instantes de normalidad sean momentos de felicidad. Por ello, aun cuando estemos más relajados porque no hay un gobierno tan invasivo como el que hemos tenido estos cuatro años, hay problemas humanos que están ahí, pendientes.

Por ello, sin perjuicio de la apertura de un proceso no experimentado y del que no tenemos costumbre aquí cual es de dialogar y enlazar acuerdos y ello de modo permanente, haciendo guardar los equilibrios, hay asuntos que no pueden demorarse.

Acaso se prolongue el proceso de formación del gobierno, pero el Congreso no puede alargar sus vacaciones, tras cuatro años de solo estampillar lo ordenado por el Gobierno, ni demorar el debate sobre temas sociales urgentes, tanto de carácter con valor humano intenso, como de  carácter político más relevante, como es el replantear aquellas medidas no solo sociales sino también las políticas de carácter más restrictivas de los derechos humanos.

Es importante la formación de un nuevo gobierno, acaso acudiendo, para evitar un bloqueo o interinidad prolongada, a personas independientes de claro prestigio social. Pero ello, no impide que se vayan presentando e incluso tramitando iniciativas parlamentarias sobre estos temas. Mientras “ellos” actúan, el pueblo vive. Mientras que la 'gran política' parece inundarlo todo, la Política sobre la gente corriente del pueblo es mucho más importante.

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Publicado el
12 de enero de 2016 - 20:19 h

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