Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Aumento de la presión y falta de experiencia en el control ferroviario
Despliegues policiales, detenidos y comercios blindados ante Blocus
Opinión - 'España, lo mejor y lo peor del mundo', por Rosa María Artal

No es lo mismo Puente que Mazón (aunque debería dimitir igual)

Trabajos para retirar los restos del tren accidentado en el lugar de Angrois (Santiago) en 2013.
30 de octubre de 2026 22:17 h

1

No creo que Óscar Puente tenga culpa de lo que ha ocurrido en Urda, de la misma manera que tampoco es el culpable de lo que pasó en Adamuz el pasado mes de enero. Estoy seguro de que el ministro de Transportes lo está pasando verdaderamente mal con esto, porque este ministro, estoy bastante seguro de ello, no es una mala persona. Más allá de sus exabruptos y manera de confrontar en redes sociales, es un tipo, al menos me lo parece a mí, al que verdaderamente le gusta su trabajo y su ministerio, y que, incluso en momentos como los que vivimos con Adamuz, supo trabajar con ejemplaridad y transparencia, y supo dar la cara cuando todos exigíamos explicaciones. Pero que algo no sea culpa tuya no quiere decir que no sea tu responsabilidad en último término. Es decir, que no es lo mismo Óscar Puente que Carlos Mazón, aunque debería dimitir igual.

Ciento quince muertos en el momento en que escribo esta columna, espero que la cifra no aumente cuando sea publicada, en una misma línea de la alta velocidad, en un mismo año, es más que suficiente. Es una cifra terrorífica, y en este momento, las causas son lo de menos: desde un fallo humano —un argumento, en mi opinión, vergonzoso y repugnante al nivel del que se usó en el accidente de Angrois— a la infrafinanciación, pasando por un mantenimiento insuficiente o por unos protocolos que no funcionan cuando tienen que funcionar. Cualquiera de esas causas puede explicar un accidente. Ninguna explica dos accidentes tan de seguido. Dos accidentes en nueve meses, en la misma línea y, por lo que se sabe hasta ahora, por motivos distintos, no los explica un operario ni una soldadura, mucho menos un error humano. Los explica un sistema, y de ese sistema responde alguien.

El 29 de octubre de 2024, mientras una dana arrasaba la provincia de Valencia, Carlos Mazón pasó la tarde haciendo vete a saber qué en El Ventorro y llegó tarde a la reunión del Cecopi; murieron más de doscientas personas. Durante un año estuvo cambiando de versión, escondiendo su agenda y culpando a absolutamente todo el mundo; y lo hacía porque, en esta ocasión, buena parte de esos fallecidos eran directamente culpa suya. Acabó dimitiendo en noviembre de 2025, cuando ya no le quedaba otra salida; Mazón debió dimitir por lo que hizo, porque su responsabilidad roza el homicidio imprudente. En cambio, Óscar Puente, debería dimitir por el cargo que ocupa. Debería dimitir porque la responsabilidad política es el mecanismo por el que alguien que dirige un sistema asume que ese sistema ha fallado, aunque él no haya cometido ningún error.

Después, podemos hablar de lo demás, y además lo podremos hacer con mayor rigor y profundidad porque la responsabilidad política de primera línea ya está depurada: podemos hablar de infrafinanciación, de los problemas de la liberalización e, incluso, de seguridad nacional. España dedica a mantenimiento y renovación solo el 16% de lo que gasta en alta velocidad, frente al 34% de Francia. Lo demás va a obra nueva. Tiene una lógica política tan sencilla como que cortar una cinta acapara fotos y titulares en periódicos provinciales, mientras que una traviesa cambiada o la mejora de los sistemas seguridad aportan poco rédito.

La liberalización de la red ferroviaria ha hecho el resto. Desde 2021, Renfe comparte las vías con Ouigo e Iryo. En 2025, la alta velocidad batió su récord de viajeros, y hoy los billetes cuestan entre un 38% y un 52% menos que antes de la competencia. Es una buena noticia para quien viaja. Para unas vías que no han crecido al mismo ritmo, significa más trenes, más desgaste y menos margen cuando algo falla. En Urda, la avería de señalización no dejó parado un tren, dejó parados seis trenes.

Y queda lo que nadie controla. En mayo de 2025, alguien robó cable en cinco puntos de esta misma línea, entre Los Yébenes y Manzaneque, a pocos kilómetros de donde se ha producido el accidente y que afectó a unos 10.700 viajeros. Esos cables forman parte de los sistemas de seguridad de la línea, en una zona sin cámaras llena de puntos ciegos. Nada indica, por ahora, que aquel robo tenga relación con lo de Urda, pero una red de la que dependen decenas de millones de viajeros al año no puede tener sus sistemas de seguridad al alcance de cualquiera. Hay muchísimos aspectos de los que podríamos hablar, más allá de las responsabilidades individuales. También, incluso, podríamos entrar a hablar qué soluciones proponen los que hoy señalan al gobierno, porque querer bajar impuestos y recortar el gasto público es un antónimo absoluto de querer evitar más tragedias como esta.

Si Puente dimite, al PP se le acaba el único argumento que tiene preparado y tendrá que entrar en lo demás, que es donde peor se maneja, porque tendrá que hablar de Angrois, cuando estaban en el Gobierno, y señalaron al maquinista y rechazaron una y otra vez la comisión de investigación que reclamaban las víctimas. Metrovalencia, por otro lado, le recordará sus cuarenta y tres muertos y una comisión en las Corts cerrada en falso. Y también habrá quienes les pregunten por qué sostuvieron a Mazón durante un año entero, mientras hoy exigen la cabeza de Puente con un entusiasmo predatorio que nunca aplicaron a los suyos. Ese es el último servicio que Puente puede prestar yéndose: dejar al PP solo delante de su propia historia, porque la derecha entiende perfectamente la diferencia entre culpa y responsabilidad; llevan veinte años practicándola del revés.

Etiquetas
stats