Periodismo en tiempos revueltos
En la tarde semifestiva, conecto RTVE Play para ver 1936, la muy premiada obra de teatro sobre el golpe que cambiaría la historia de España y que emitió el sábado La 2 de TVE. La dejo puesta, voy y vengo por la casa, las palabras sueltas suenan a hoy. Al guerracivilismo que está en boca siempre de los golpistas, autores materiales o vocacionales. Incluyen ya insultos machistas a mujeres que destacan, como La Pasionaria. La iglesia católica comprensiva y cómplice de los sublevados.
Pasaré más tarde por la película que ve mi hijo: La cena. Me siento a verla. Tremenda. Caricatura de aquel tiempo también, del franquismo, de sus protagonistas, de sus víctimas en busca de sobrevivir en peligrosas circunstancias. Caricatura: para reír entre espantos.
El colmo es toparse por la noche con “Primera plana”, la versión de Billy Wilder protagonizada por Jack Lemmon, Walter Matthau y Susan Sarandon. La que narraba, ésta en 1974, la deriva amarillista que tomaba el periodismo estadounidense -anunciada ya mucho antes en otros filmes con el mismo argumento-. Pero, además, como todas las reediciones de esta obra -excelentes sin excepción-, mostraba la pasión por informar de los auténticos periodistas, capaces de priorizarla incluso sobre otros proyectos de vida.
El Partido Popular había anunciado, justo ese mismo día de inicio de Semana Santa, una comisión de investigación sobre RTVE, TelePedro dicen, en el Senado, la Cámara baja del Parlamento español a la que han convertido en plataforma de sus sucias políticas de oposición, gracias a la mayoría absoluta que ostentan en ella. Insistiré de nuevo en que debería ser reformado su sistema de elección. Fue creado así para el bipartidismo y prima a los dos principales partidos dejando fuera miles de votos sin representación. Y eso como muy justo no parece. Este martes han seguido su estrategia de inundar las redes y medios del mensaje que quieren transmitir.
Atrás quedaron los “viernes negros” de TVE contra la manipulación del PP, sin consecuencia alguna. Los tiempos en los que acuñamos también aquella viñeta de censura al “este dice, el otro dice” o periodismo de declaraciones.
Ahora TVE abre la ventana y cuenta si llueve o no, aunque ni siquiera en todos sus informativos. Excelente el Telediario que dirige Pepa Bueno, sesgos aún en los del fin de semana y en el 24 horas, y aportando mucha información los programas de mañana y tarde desde Silvia Intxaurrondo a Javier Ruiz y Jesús Cintora.
No hay nada que tema más un partido corrupto -y el PP lo es en su ADN- que la información rigurosa, porque es la que permite adoptar decisiones consecuentes. En su visceral incompatibilidad con el periodismo veraz -es eso-, el PP se espanta de que los telespectadores de la pública estatal tengan acceso a la información que les interesa. Algo que desde luego les está vedado en las autonómicas de Galicia -que mantiene sus propios “viernes negros”-, Andalucía, o Telemadrid: ese descomunal monumento a la manipulación y una exaltación de Ayuso que envidiaría Kim Jong Un, líder de Corea del Norte. Menos mal que su audiencia es escasa y apenas compuesta por abducidos irrecuperables. O vividores en busca de inspiración.
El problema actual vuelve a ser el escaso interés por la verdad de infinidad de personas: no les importa los hechos objetivos, solo lo que creen. Las redes les han ayudado a convencerse todavía más de su acierto en elegir de la realidad lo que les place. Han colaborado tanto en la tarea que son pasto fácil de los algoritmos con los que las plataformas expanden o censuran ciertos contenidos. Empieza a haber demandas y multas a alto nivel, pero el monstruo ha crecido ya desmesuradamente y no será nada fácil atajarlo.
Fernando Varela, experto en el estudio de la desinformación, suele aportar para Infolibre contexto y datos muy valiosos, Por ejemplo, sobre “La máquina de los ‘hechos alternativos’ o cómo PP y Vox fabrican una realidad paralela y han convertido la mentira tozuda en un método político estratégico que tiene precedentes internacionales”. Es otra de las bases del éxito de Donald Trump, sin duda.
Así que caminamos sobre un suelo que contiene grandes tramos de arenas movedizas y que la peor gente de la política, la que es capaz de aprovecharse de esa falla actual del sistema, utiliza en su provecho. De ahí que el periodismo veraz sea más necesario que nunca. Aunque embebidos de idiocia, tantos no quieran entenderlo.
Muchos pasos equivocados se han dado en la información para que Donald Trump haya vuelto a ser presidente de Estados Unidos y se haya organizado un equipo tan delirante y peligroso como tiene. No cesa él de erigirse monumentos a su gloria para disfrutarlos en vida. A unos niveles de patetismo que espantan. Lo último: la Biblioteca Presidencial Donald J. Trump a ubicar en el centro de Miami y que contiene una estatua de oro del presidente de 10 metros con el puño en alto. Trabaja en ello (y difunde) su hijo mediano, Eric Trump.
Mientras, Trump mata porque manda matar y daña la economía mundial y, junto a su gabinete, se enriquece con trampas en lo que parece una estafa apenas disimulada. Una exclusiva del Financial Times detalla cómo un corredor de bolsa del Secretario de la Guerra intentó realizar una importante inversión en grandes empresas de defensa en las semanas previas al ataque estadounidense-israelí contra Irán. De Pete Hegseth, el violento ex presentador de la Fox obsesionado con triturar personas, racista y ultracatólico. El que escupe violencia hasta cuando habla: “Tenemos un presidente que cuando envía a sus soldados a combatir les da libertad para destruir al enemigo con la mayor ferocidad posible desde el primer momento”, dice. Al punto que el Papa León XIV ha rechazado formalmente sus oraciones argumentando que tiene, dice, “las manos llenas de sangre”.
Porque, encima, esta cuadrilla de sádicos se atreven a presumir de bondades espirituales. Y la encabeza un más que probable pedófilo. Y luego está J.D. Vance, el vicepresidente. Confiesa estar obsesionado con los ovnis y asegura que los extraterrestres son demonios. Anuncia que ha escrito un libro relatando “su trayectoria en la fe”. A partir de ahí, nada puede extrañar en su gestión. Otra perla de cuidado es la jefa de la Oficina de la fe que se ha montado Trump en la Casa Blanca. Esta hasta hace exorcismos en sus ratos libres.
En fin todo esto sería casi imposible si los ciudadanos estuvieran debidamente informados y lo suficientemente formados en decencia y ética. Incluso en lo que les conviene, la pura racionalidad.
Es tanto que no se abarca. Volviendo a casa, el excelente trabajo de Pedro Águeda en elDiario.es, en varias entregas, sobre el caso Kitchen, demuestra tal grado de corrupción en el PP que en un país normal cerraría, por pura vergüenza, el grifo de los insultos del PP. Y el de José Manuel Romero sobre La derecha judicial y su cruzada contra el Gobierno es de lo mejor que he leído en mucho tiempo. Una información como para mantener en portada, dado que detalla la actividad de los vocales conservadores del CGPJ cuando perdonan el castigo a magistrados que insultan al Ejecutivo, se manifiestan contra el Legislativo o cometen excesos o errores en la instrucción de casos contra altos cargos de izquierdas. Lleno de claves y porqués que llevan implícitas las respuestas a lo que debería solucionarse.
Resulta que el periodismo, una vez que entra y empieza a correr por las venas, no suele evaporarse. Y reclama informar a los ciudadanos sobre asuntos que inciden en sus vidas y en el conjunto de la sociedad. Es terrible este momento en el que incontables víctimas evitan la verdad, la modifican o les parece algo superfluo.
Millones de personas han protestado en las calles de Estados Unidos, bajo el lema No Kings que rechaza la autocracia de Donald Trump. Los medios analizan las consecuencias… para las elecciones de medio mandato de noviembre. No habrá o no serán limpias. ¿O no lo ven venir? Las protestas crecerán y quién sabe si políticos demócratas e incluso algún republicano con honor se anime a echar a Trump de la presidencia.
Con información rigurosa y una mayor exigencia social de honestidad, Netanyahu también estaría en el pozo más negro y profundo de la historia. Su huella, como la de Trump, pervivirá mucho tiempo, pero al menos dejarían de dañar ya, se llevarían consigo a muchos de sus nefastos cómplices y a sus homólogos en distintos países, incluidos los de aquí. Y los niños palestinos de Gaza y los demás pueblos masacrados dejarían de jugar a las bombas y traslados de heridos y asesinados, como hacen ahora en una de las imágenes más significativas del sufrimiento padecido y sus consecuencias. La vida no debería ser así.
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