El silbato, el hueso y el perro del PP
Imagino que ya estáis familiarizados con la idea del “dog whistle” o “silbato de perros”: es la estrategia por la que un político lanza en público un mensaje que contiene en su interior un segundo nivel de lectura; un mensaje en clave que solo llega a sus potenciales votantes, sin que el resto se entere. Como el silbato de perros, que emite sonido en una frecuencia que los humanos no recibimos pero los perros oyen perfectamente. Suele asociarse a partidos de ultraderecha, que en sus discursos incluyen ciertas referencias culturales -de tipo racista sobre todo- que solo pilla su electorado potencial, a veces en un plano subliminal, y que sirve para reforzar su vínculo.
Entre nosotros, Vox usa el silbato a menudo, pero en una versión muy poco sofisticada, nada discreta. Es más bien una bocina, que todos oímos, y que supongo excita más a quienes comparten su visión del mundo. El último bocinazo ha sido el debate sobre el burka. Aparentemente es un tema propicio para el “dog whistle”: apela a la libertad y la dignidad de las mujeres, y contra el islamismo radical, dos puntos en los que la mayoría podríamos estar de acuerdo sin escandalizarnos. Pero Vox lo hace mediante bocinazo, con brocha gorda y sin disimular su fondo islamófobo y xenófobo, de modo que todos lo pillamos: no le importan las mujeres oprimidas, sino criminalizar a los inmigrantes. Mensaje recibido.
Ahora Vox le ha encontrado otra utilidad al silbato: lo usa para llamar al PP. En cuanto Abascal silba, los de Feijóo corren como un perro incapaz de resistirse al reclamo. Hoy es el burka, pero vale cualquier otro tema, pues Vox lleva tiempo jugando con el PP, y piensa seguir haciéndolo de aquí a las generales. “Fiuuuuuuuuuú”, y el perro del PP corre como loco, necesitado de su apoyo en las comunidades autónomas y buscando desesperado los asuntos que “les unen”. Ayer era el nuevo feminismo de Guardiola en Extremadura, hoy el burka, y mañana cualquier otra cosa: Vox silba, y el PP corre a su encuentro, haciendo propio el mensaje ultra. Pero nunca será suficiente, siempre irá por detrás.
¿Y tú qué piensas del burka, Isaac? Venga, listillo, pronúnciate. Me alegro de que me hagas esa pregunta. Pienso que el burka es un horror y, en efecto, una “cárcel de tela” (la expresión la usan derecha y ultraderecha, soy consciente). Pero esto no va de burka sí, burka no. Es un hueso que la ultraderecha lanza, para que todos lo mordamos y además nos peleemos. Con este hueso Vox hace correr al PP -y a Junts-, y de paso busca dividir a la izquierda y al ya de por sí dividido feminismo (a pocas semanas del 8-M, además), impone sus temas en la agenda, y marca las reglas del juego: si aceptamos sus premisas, ¿burka y niqab no, pero chador sí? ¿Y el hiyab? ¿Nos enredamos en una discusión sobre centímetros de tela? ¿Solo nos molestan las imposiciones de una religión?
A otro perro con ese hueso.