El silencio de los otros intelectuales

La deriva de la crisis, en todos los sentidos (y no solo, ni mucho menos, la financiera), desde sus germinación, sus momentos más intensos y una salida aún pendiente, lleva muchos años entre nosotros. Y también hace tiempo sin contestarse por los principales responsables la pregunta: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? o ¿en qué no hemos acertado y hay que cambiar de enfoque?

Es evidente que la gran responsabilidad es de los partidos políticos como instrumento que se creen únicos de cauce político y que han pretendido ahogar otros cauces. Pues bien, creo que con la gravedad de lo que ha acontecido, apenas han hecho reflexión de calado ni reacción sobre lo que empezó a pudrirse hace tiempo. Están en otro planeta. Tampoco las instituciones que continúan aún más inmersas en una carencia de legitimidad de ejercicio donde su misión de equilibrio y control ha sido desnaturalizada.

Podrían señalarse otros grupos sociales cuya actuación a lo largo de este tiempo, insisto desde las larvas de la crisis, merecería de reflexión y de crítica, ya que aquellos no la hacen.

Entre ellos están los medios de comunicación cuyos enfoques, silencios, encubrimientos, etc durante largo tiempo han hecho que confundiesen al público lector y fiel con un rebaño. Muchos hemos sido seguidores de medios y yo mismo tengo la fortuna de haber sido durante mucho tiempo analista externo en dos de ellos que para mí forman parte de la historia: 'El País' y 'El Mundo'. De ellos me alejé tras haber publicado muchos artículos de opinión tanto antes como durante y también después de mi etapa política. Viraron tanto ambos medios que no les reconozco. Solo mantengo, durante diez años consecutivos, mi colaboración en un periódico de papel, 'El Periódico de Cataluña' y algunos medios digitales como, sobre todo, el 'eldiario.es' (al menos al día de hoy).

Pero mi intención no es hablar tanto de los medios de comunicación como de uno de sus escribidores: los llamados 'intelectuales'. Es curioso, que ese término solo se aplica a los que colaboran con la prensa escrita pero no a los de la radio o televisión, donde la expresión 'tertulianos' tiene unas connotaciones no tan positivas sino, más bien, como charlistas. Acaso en estos medios de palabra más rápida, los invitados lo son no para reflexionar sino solo para opinar (son verbos diferentes) de todo, sobre la marcha y parece que eso no se conjuga con el inevitable reposo que supone pensar y razonar más allá de improvisar sobre la noticia de una hora antes.

Las dudas sobre la actitud de los intelectuales gira en mi cabeza hace mucho tiempo, pero ahora ha tenido cierta eclosión pública con motivo de un libro de Sánchez Cuenca. Pero advierto que mi línea en este artículo (salvo el apunte que ahora señalaré) es otra diferente a la de glosar o criticar ese texto sino a exponer mis ideas desde otra vertiente.

El citado libro señala con el dedo a varios llamados 'intelectuales' criticándoles. Creo que lo hace el autor con abundantes dosis de razón, aunque, en algún caso, con palabras gruesas y algún exceso. Creo que al igual que burbujas superpuestas, este es un país de castas varias (aunque ahora que no hablan de ellas quienes hicieron famoso el término). Además de la política, esta la empresarial, la bancaria, la de los medios de comunicación etc. Y también, acaso como un subgrupo de ésta última, está la de los calificados como 'intelectuales', cuasi gurús.

Estos generalmente suelen tener una condición de 'oficialidad' como si fuesen 'intelectuales orgánicos', casi oráculos donde su libertad de pensamiento, y no casualmente, siempre encaja en la línea editorial y de intereses (son cosas diversas) del periódico donde publican.

Pero yo no me voy a referir a aquellos que publican en todo tiempo, a veces cual veletas pero siempre encajando su ego con el de la prepotencia o el dogmatismo del medio que les acoge y proyecta. Me voy a referir a los intelectuales silentes, siendo este tema el que lleva tiempo girando en mi cabeza.

Como persona proveniente del ámbito docente universitario y también de la abogacía y la academia, y a base de lustros tengo la suerte de conocer numerosas personas de diferentes ámbitos que son capaces de razonar con gran lucidez acerca de lo que nos rodea. Con no pocos, he tenido la suerte de departir y escuchar reflexiones tan certeras como críticas de cómo estamos o ya, hace años, como nos conducíamos hacia una regresión ética, política, institucional….Pero eso quedaba en quienes tenemos la suerte de escucharles y debatir en privado o en pequeño grupo, el cual si este se ampliaba, también se hacían más moderados y cautelosos en sus expresiones.

La cuestión surgía cuando alguno animábamos a estos excelentes pensadores a compartir sus reflexiones con mucha más gente a través de artículos de opinión. Escaso éxito cuando se pide a un intelectual no egocéntrico, un hombre de pensamiento y raciocinio, libre, lúcido y constructivo y que, sobre todo, desarrolla su intelecto, de modo necesariamente crítico y reflexivo.

Ahí es donde se ha producido un vacío pues no se lanzaban a ello. Sus ideas quedaban en su cabeza, o en quienes éramos afortunados en la amistad o en el compartir ratos para hablar. Pero son escasísimos aquellos que lo han hecho el escribir para un público abierto. Muchas veces y hace años me preguntaba si hubieran sido públicas más voces reflexivas y críticas por personas lúcidas y pensamiento progresista si, acaso, eso habría abierto antes los ojos de la ciudadanía…o de alguno de los que jugaban con las cerillas que acabaron encendiendo.

Estos gravísimos cuatro años de gran retroceso democrático y social, más otros tiempos ya anteriores donde el declive se había iniciado y se veía venir por algunos, deberían haber generado una multitud de pensantes diferente a los 'oficiales'. Pero no se aplicaron a ello por diversas razones, algunas respetables pero otras, quizás, no tanto.

Me refiero a aquellos que no han querido que se les interpretase como críticos con el sistema, en algunos casos desde la cautela de que ello les pudiese afectar en su futuro. No existen solo Academias varias, sino multitud de instituciones o Comisiones Técnicas abiertas a profesionales en las que es muy difícil entrar si se es crítico. A veces hay honores y distinciones, en otras, posibilidades de ascensos o mejoras de posición y, sobre todo, razones económicas que han lastrado su silencio.

Hay conferencias, mesas redondas, viajes a congresos y jornadas y, especialmente, hay dictámenes o informes que pueden no llegar a ser encargados desde numerosas instancias si te significas de modo crítico contra el poder. También hay personas que, de algún modo, hacen consultorías que acaso pueden no fructificar en su encomienda si se manifiestan posiciones no solo en el ámbito político sino en todos ellos que pueden ser entendidas 'contra el poder' tal y como cantaba hace ya 17 años Pedro Guerra.

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Publicado el
5 de abril de 2016 - 20:17 h

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