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Tira para adelante, Pedro

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

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La política española ha experimentado un aclarado notable en las últimas semanas que alguien que sepa estar atento y ágil debería saber aprovechar. Pocas veces habían estado las cosas tan claras en la vida pública de este país. Pasado el aquelarre de la cabeza de toro en Colón y la pasarela de la colección primavera-verano de mascarillas paramilitares de Vox, constatado el pinchazo de la recogida de firmas contra los indultos auspiciada por el PP, escuchada la nueva teoría general del funcionamiento de la monarquía constitucional formulada por Díaz Ayuso, oídos los empresarios de Catalunya y de fuera o los obispos, la hipótesis inicial que algunos manejábamos parece confirmarse: los indultos parecen amortizados. Serán el último episodio de un pasado al que la mayoría no quiere regresar. Si Pedro Sánchez y su Gobierno acaban perdiendo las elecciones dentro de dos años se deberá más al precio de la luz que a las medidas de gracia.

España no se divide en dos. Hay una gran mayoría que quiere tirar para adelante, pasar página de la pandemia, el procés y una política donde las cosas solo están bien si gobiernan los míos, para empezar a solucionar cosas, sacar asuntos y cerrar expedientes. Luego existe una minoría que prefiere vivir para siempre en el 2019, en la teoría del golpe de toda la vida o el postmoderno, en la moción de censura y el felón Sánchez, en la ruptura eterna de España, en llamarle ETA a todo lo que no me gusta, no me conviene o no me da la razón, en la reconquista para liberar a la piel de toro de la tiranía demoníaca del gobierno rojosatánico…

Esa mayoría que mira hacia adelante quiere vacunas, trabajo, recuperación económica y, a ser posible, unos días de vacaciones este verano para respirar un poco. Esa minoría se va a llevar un disgusto de muerte cuando se entere de que Pablo Iglesias ya no está en política. Esa mayoría quiere ver un Gobierno que tire para adelante y deje de gustarse anunciando que lo va a hacer o distraerse enredado con las nostalgias y ensueños de esa minoría que solo es feliz en el pasado. 

La mayoría que mira hacia el verano y cuanto viene después quiere ver acción, movimiento, que se concedan ya unos indultos que a muchos no les gustan pero saben que deben concederse, dejar de opinar sobre si deben o no ser concedidos y empezar a hacer política, que se empiece a gastar la pasta europea y dejen de torturarnos con más PowerPoint sobre planes de recuperación, que se suba el salario mínimo y se recuperen derechos laborales, que se aseguren las pensiones con impuestos, no con pérdidas de derechos, que se haga algo con las eléctricas para obligarlas a competir y liberarnos del secuestro que padecemos, que se ponga en marcha una política fiscal que asegure que el esfuerzo para salir de esta va a ser proporcional a la capacidad de cada uno, que se avance en derechos individuales y se acabe con esta onda de censura y puritanismo que nos amarga a diario. 

El mensaje no puede resultar más claro ni llegar más nítido. Solo hay que saber escuchar qué dice y hacerlo: tirad para adelante de una puta vez.

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