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Todo muy “dimórfico”


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Me resulta cuanto menos paradójico que la NASA haya realizado ese experimento que consiste en hacer impactar una nave (o sonda) que lleva por nombre DART, contra un pequeño asteroide llamado Dimorphos, que gira plácidamente en su órbita interestelar, para desviar así su curso. Estaba previsto que el impacto se produjera el lunes día 26 de septiembre, a las 12:16 de la madrugada, hora canaria (no sé en qué habrá quedado)

Ensayan, según parece, un sistema que evite un futurible impacto de algún cuerpo celeste contra nuestro “adorado planeta Tierra”.

Es el primer intento de la humanidad de cambiar o desviar la trayectoria de un cuerpo celeste. Un paso, dicen, para un nuevo y lejano objetivo espacial (y es esto lo que me resulta absolutamente paradójico): “montar un sistema de defensa planetaria que algún día evite nuestra extinción”.

¿Nuestra extinción? ¿De verdad? Es increíble que sea eso lo que les preocupa, con la que tenemos liada aquí, en la tierra, que tenemos hecho unos zorros: la hidrosfera, la biosfera, la troposfera y la litosfera, situándonos en una situación de alarma climática y medioambiental, un punto de no retorno.

Seria relativamente bueno solucionarlo; eso sí, si hiciéramos caso a los avisos climáticos y medioambientales, así como a los datos científicos que los explican. Y tuviéramos además la voluntad y la intención real de hacerlo.

Y es por eso que todo este jaleo de defensa aeroespacial me parece todo como... muy “Dimorpho”. O quizá sea más correcto decir: dimórfico.

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