Tú fumas y yo fumo
Mientras la administración sigue cazando palomicas y no acaba de aprobar las restricciones para fumar en espacios colectivos, los ciudadanos de a pie nos tenemos que aguantar respirando malos humos y soportando el “que yo tengo derecho y nadie lo prohíbe”
Las personas, fumadoras o no, tenemos el derecho, recogido en la constitución, a respirar aire limpio y no poner en riesgo nuestra salud.
Ya es habitual tener que respirar el humo del tabaco de las demás en cualquier terraza, abierta o -lo que es peor- semicerrada, y encima tener que soportar el que tengo derecho porque la ley no lo prohíbe. Todavía es más sangrante si quien reivindica su derecho a fumar y compartir el humo con los demás tiene a un bebé en brazos o niños en su propia mesa.
La discusión no lleva a nada, salvo insultos por reivindicar mi derecho a respirar, y los responsables de los establecimientos se encogen de hombros, en parte, por la ausencia de normativa clara y, en parte, por si pierden algún cliente.
Como cada vez es más frecuente en esta sociedad, el que pisa fuerte y patea, se impone a los demás, que tienen que soportar una merma en sus derechos porque no hay quien los asegure. Lo dicho, tú fumas, yo fumo, todos fumamos, queramos o no queramos. Y eso es lo que hay.