La memoria de quienes fuimos
La bola negra es una película emocionante y necesaria por muchas razones, pero hay una cuestión que me ha llamado especialmente la atención y tiene que ver con la importancia de conocer las historias de quienes existieron antes que nosotros para comprender mejor quiénes somos.
Mientras veía la película pensaba en cuantas veces ocurre precisamente eso dentro de nuestras propias familias. En La bola negra el pasado no aparece como algo cerrado. Lo que ocurrió hace décadas sigue teniendo consecuencias mucho después, incluso cuando quienes las sufren no conocen del todo su origen.
Conocemos a nuestros padres como padres y a nuestros abuelos como abuelos, pero sabemos mucho menos de quiénes fueron antes de convertirse en eso. Sabemos dónde nacieron o a qué se dedicaban; sin embargo, por norma general, desconocemos de quién estuvieron enamorados, qué les daba miedo, a qué tuvieron que renunciar… Cuando la realidad es que lo que fueron también forma parte de nosotros.
Hay algo especialmente doloroso en pensar que muchas de esas respuestas ya no podremos obtenerlas. Cuando somos jóvenes no sentimos demasiada curiosidad por preguntar. Nuestros abuelos simplemente están ahí y damos por hecho que seguirán estando. Después crecemos, empezamos a interesarnos por determinadas cuestiones y descubrimos que las personas que podían contárnoslas ya no están ahí
La bola negra habla precisamente de la necesidad de recuperar esas vidas. De mirar hacia atrás y reconstruir aquello que permaneció oculto durante demasiado tiempo. En este caso son historias marcadas por la homosexualidad y la represión, pero la reflexión que plantea puede ir mucho más allá, ya que lo que sucede dentro de las familias también sucede en las sociedades.
Durante años se ha repetido que mirar al pasado supone reabrir heridas. Parece que conocer lo que ocurrió puede resultar más peligroso que ignorarlo. La memoria histórica no debería servir únicamente para recordar fechas o acontecimientos. Sirve también para comprender cómo se construyen prejuicios y de qué manera algo que en un momento parecía inadmisible puede terminar normalizándose.
A lo mejor uno de los problemas es que tendemos a pensar en la historia como algo que les ocurrió a otros. La Guerra Civil, la dictadura, la persecución de quienes no encajaban en la moral establecida aparecen a veces tan alejadas de nuestra vida cotidiana que cuesta relacionarlas con las personas concretas que las vivieron, pero esas personas fueron nuestros abuelos y nuestros bisabuelos. Fueron quienes después educaron a nuestros padres y quienes transmitieron, muchas veces sin saberlo, sus prejuicios y también sus formas de sobrevivir.
Ahí está, para mí, una de las mayores virtudes de La bola negra. Recordarnos que la Historia está formada por historias y por personas que amaron y que tuvieron miedo, y que escondieron cosas y que tomaron decisiones condicionadas por la época que les tocó vivir. Algunas pudieron contarlo. Otras no.
Conocer esas historias no cambia lo que ocurrió, pero sí puede cambiar nuestra manera de entenderlo. Nos permite mirar de otra forma a quienes estuvieron antes y también preguntarnos cuánto de aquello continúa presente en nuestras vidas.
Resulta difícil saber hacia dónde vamos si decidimos olvidar de dónde venimos. Por eso, deberíamos preguntar más mientras todavía tengamos a quién hacerlo. A quienes recuerdan cómo era nuestra familia antes de que nosotros llegáramos. Y, como sociedad, deberíamos hacer lo mismo para conocer también las partes de nuestra historia que resultan incómodas.
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