Mujeres de izquierda al ataque

Las cinco lideresas de izquierda que protagonizan este sábado el encuentro "Otras Políticas" en València

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Ha sido la noticia política de la semana. Y seguramente la de la vuelta del verano. La reunión valenciana de cinco dirigentes femeninas de partidos situados a la izquierda del PSOE marca un hecho nuevo e inesperado que, si no se malogra, puede influir mucho en el panorama político español del futuro inmediato y a medio plazo. Porque puede ser el germen de la creación de un espacio unido que podría decidir el resultado de las próximas elecciones generales y marcar el rumbo de la política de la izquierda.

No es difícil enumerar los obstáculos que se oponen a que ese plan, que sin duda existe, pueda realizarse. El más serio, porque está ahí sin mayores desarrollos posteriores, es que Podemos se oponga a su consolidación. Y Podemos sigue siendo la primera fuerza de ese espacio político. Que la convocatoria de Valencia se haya hecho sin contar con ella es un dato relevante. Yolanda Díaz ha querido así marcar distancias, renunciar formalmente al designio de Pablo Iglesias que la nombró su sucesora en Podemos, aunque no al protagonismo que le confirió ese nombramiento. Pero el gesto no ha debido gustar ni a Ione Belarra ni a Irene Montero. Podemos ha tardado dos días en aplaudir la cumbre y Pablo Iglesias ha subrayado que habrá que contar con su partido y con Izquierda Unida para avanzar en el terreno de la unidad.

La experiencia nefasta de la división de la izquierda no socialista en las últimas elecciones municipales de Madrid, en las que Podemos, con tal de no coincidir con el Más Madrid de Errejón, contribuyó decisivamente a que Manuela Carmena perdiera la alcaldía, no permite ser excesivamente optimista. A lo largo de los últimos cien años, en toda la izquierda europea, y no digamos en la española, han abundado episodios en que partidos minoritarios han rechazado procesos unitarios porque sus dirigentes prefirieron "ser menos, pero puros" a juntarse para ganar.

No está dicho que esa pulsión no se repita ahora. Pero la situación, interna y externa, de Podemos está en estos momentos lo suficientemente deteriorada como para descartar que ocurra lo contrario. Lo que es seguro es que Yolanda Díaz habrá pulsado adecuadamente el ambiente que reina en el partido morado antes de dar el paso de Valencia. En definitiva, que no es imposible que la cosa salga bien, o medio bien, en este frente.

Menos complicado parece el posible entendimiento con el partido de Iñigo Errejón. Porque Mónica García es la número dos del mismo, sigue teniendo protagonismo en su acción política y no se le conoce disidencia alguna con el fundador del partido, que se supone que no puso impedimento alguno a que su líder parlamentaria participara en la cumbre de Valencia.

El PSOE no ha expresado opinión alguna sobre la misma. Tampoco tenía mucho que decir y menos cuando faltan dos años para las elecciones. Y a la postre, que se consolide el espacio que hay a la izquierda, el único con el que podría pactar el futuro gobierno, tampoco sería mala cosa para los socialistas, siempre y cuando el fenómeno no crezca demasiado y se quede en ese 15% que los expertos consideran que sería suficiente para batir a la derecha.

El PP ha mostrado una vez más sus limitaciones a la hora de decir algo que no sea un insulto y la calificación de "aquelarre" que se le ha ocurrido a los asesores de Pablo Casado, aparte de insultante, pues ese término equivale a "reunión de brujas", tampoco parece que pueda hacer mucho daño a las cinco mujeres de Valencia, aparte de que pueda gustar a lo más rancio del público femenino de la derecha.

¿Y a las demás mujeres? A la espera de los sondeos, que es de esperar que alguno se ocupe del asunto, el impacto de la cumbre ha debido de ser positivo en ese ámbito, en particular entre las mujeres que de una u otra manera tienen algún interés en la política. Y ese es uno de los datos más importantes de la iniciativa. Porque conecta con una corriente que no se está teniendo demasiado en cuenta pero que cada vez es más fuerte en nuestro país: el de la consolidación de un espacio femenino, y en buena parte también feminista, que quiere contar, y que cuenta cada vez más, en la realidad social, y que también quiere hacerlo en la política.

Las cinco de Valencia son una expresión señera de esa realidad. Todas ellas han triunfado en la política por méritos propios y aunque con las dificultades propias del oficio, unas más que otras, todas ellas tienen futuro en sus respectivos ámbitos de la actuación. La presencia de la ceutí Fátima Hamed Hosain, que a algunos le habrá parecido una guinda oportunista, se inscribe en ese marco. Porque la señora Hosain es una líder política en su territorio, una oradora excepcional y una persona con las ideas muy claras, llamada a jugar un papel importante a la hora de la integración racional de la minoría islámica, la mayor de todas ellas, en la sociedad española.

Hay quien cree que la iniciativa de Yolanda Díaz no va a tener mucho recorrido. Que terminará absorbida por la dinámica interna de los partidos y del gobierno. Cabe suponer que eso no va a ocurrir fácilmente. Porque su inspiradora no parece ser de las que renuncien fácilmente a un proyecto. Ni Ada Colau, ni Mónica Oltra, ni Mónica García.

Los problemas que encuentren para tirar adelante pueden terminar por vencerlas. Es así. Y también el olvido que los medios de referencia van a dictar contra el proyecto, si es que no lo han dictado ya. Porque es de izquierdas. Y, además, de mujeres. Esperemos que la ilusión que la idea ha suscitado entre muchas, y muchos, sirva para salir del mismo. 

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