El pensamiento humanista frente a la España que embiste
Quizás el árbol no nos está dejando ver el bosque. Cada país centrado en su problemática, cuando el problema es global y los escenarios son un copia y pega, a saber: inflación, crisis energética, crisis habitacional, crisis de los sistemas educativo, sanitarios, de atención al mayor, las pensiones, la brutal irrupción de la extrema derecha... La balanza, el estado del bienestar, que permitió una Europa cohesionada durante poco más de medio siglo se desajustó en 2008, el estallido de la burbuja inmobiliaria en EE.UU produjo un colapso financiero sin precedentes desde la gran depresión y como consecuencia una recesión que puso en quiebra al estado del bienestar. Tras un breve periodo de recuperación el COVID vino a lastrar de nuevo la producción y de ahí siguieron la guerra de Ucrania, el genocidio de Gaza, la guerra de Irán, Ormuz, el segundo mandato presidencial de Trump, la desestabilización de Sudamérica, el silente Xi Jinping y personajes como Milei, Putin, Netanyahu o Kim Jong.
Esta globalidad distópica coloniza ya las emociones, las finanzas, la ideología y altera el equilibrio de un ecosistema precario al mismo ritmo que el equilibrio psicosocial de sus habitantes, sea cual sea su zona geográfica. Además de todo esto y como dice el refrán, “de puerta para adentro, cada casa es un mundo” así cada país suma sus propias circunstancias, en España por ejemplo llegaron la Dana, el volcán de La Palma, el gran apagón del 28 de abril de 2025 o la crisis migratoria de Ceuta.
La condición humana ha traspasado líneas rojas, se ha pasado de la prioridad de lo colectivo a la reivindicación del yo “y de lo mío que” y los más vulnerables, a los que se les inyecta el miedo al diferente, ve como garante de su seguridad a la extrema derecha y se convierten en racista, homófobo o en lo que haga falta con tal de que su vulnerabilidad no vaya a más, caen en la trampa del discurso populista de la prioridad nacional, creyéndose protegidos por esa prioridad cuando realmente será la priorización de los privilegios de los que más tienen lo que los haga más vulnerables aún.
Se perciben brotes verdes, Die Linke en Alemania, Mamdani en Nueva York. Atisbos de rebeldía iniciados en Sol y que han continuado en Francia, Portugal, Bélgica, Albania... Hay una generación que ha despertado y ha empezado a reivindicar la esperanza, consciente de que el mejor de los escenarios es un futuro sin miedos. Esa esperanza está en consolidar la democracia, asegurar el estado del bienestar, recuperar la credibilidad en las instituciones y enterrar el odio, las motosierras y la mentira como argumento.
En España todo eso nos lo jugamos el 29N. El pensamiento humanista debe silenciar a la España que embiste y para ello es necesario que las urnas impidan el 29N un gobierno PP/VOX, porque ni sus propuestas, ni su ideario garantizan mejoras sociales, tampoco garantizan la convivencia porque su argumentario está basado en el odio, el odio a Sánchez al servicio de España, ofreciendo como moneda de cambio un escenario de regresión de las libertades, como muestra un botón: Feijóo “dixit” “eliminaré el Ministerio de Igualdad” Todo esto si es presidente del gobierno, no porque él quiera, sino porque VOX quiere. Y... ¿Tú, quieres?
Dicen los que saben de esto, que el odio intenso y prolongado altera profundamente la mente, nubla el juicio y puede aislar por completo a una persona, asemejándose a un estado de enajenación mental o perdida de cordura.
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