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Medallas olímpicas con antipolillas

La reciente salida del armario de dos deportistas españoles vuelve a poner en el foco la diversidad sexual a dos meses del comienzo de los Juegos Olímpicos

No se trata de apelar a la libertad de hablar o no de la vida privada, sino cuestionar una cultura deportiva basada en la virilidad 

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Victor Gutiérrez posa para la revista 'Shangay'

Victor Gutiérrez posa para la revista 'Shangay'

Asumámoslo, las proclamas de Cristiano Ronaldo y sus estados de ánimo o de fortaleza muscular son más conocidas que las de Clara Campoamor, la activista de la consecución del voto femenino. Una parte de esta lucha por la igualdad pasa por considerar como campo aliado el deporte, ese altavoz social y casi podríamos decir que otro medio de masas con su propia credibilidad.

Quién nos diera un Cristiano Ronaldo gay o un Messi apoyando a mujeres futbolistas, porque ambos son grandes focos mediáticos capaces de multiplicar un mensaje ahí donde más falta hace: en el oéoé. En quienes usan "maricón" como arma arrojadiza en los estadios y en el bar con el partido de pay per view de fondo. Ante este panorama, que salgan del armario dos deportistas olímpicos (el primero, el patinador Javier Raya, y el segundo, el waterpolista Víctor Gutiérrez) suma en la apertura del deporte a la diversidad sexual.

Ahora bien, la manera de hacerlo y su proyección son dos aspectos que no deben hacernos caer en el aplauso fácil. No podemos consagrarnos a la libertad de hablar o no de la vida privada, porque aunque sea cansino insistir, lo personal sigue siendo político. Esta vida privada con proyección social merece algo más que la "comprensión" y el "apoyo" que se mentaron en apariciones mediáticas como la del programa Hora 25 de Àngels Barceló. Seguimos con la presunción de heterosexualidad, con la virilidad y la fuerza como valores inherentes y como patrimonio exclusivo del macho que gusta de mujeres. Casi peor que esta presunción es el hecho de que cuando abrimos un poco el espectro de la diversidad sexual en seguida el foco se centra en varones cisgénero homosexuales.

Esto es lo que no nos debe despistar. ¿Dónde están los testimonios de las deportistas lesbianas, bisexuales o los de personas transexuales? El deporte practicado por transexuales consiguió un pequeño logro a comienzos de 2016 admitiéndose la posibilidad de no someterse a operaciones de reasignación de sexo como requisito para competir, aunque aún resta un total cambio de paradigma sobre el que centraremos un reportaje en Pikara Magazine.

Breves, un par de líneas y unos segundos son lo que consiguen en medios las mujeres deportistas, ya sin entrar en análisis por orientación sexual. En el fútbol femenino de élite tenemos fresquito el paradigmático caso del Athletic de Bilbao, campeonas de Liga a las que ni la prensa acude a una cita mediática ni la sociedad vasca reconoce con el acto simbólico de la salida de la gabarra, la embarcación en la que se celebran los triunfos deportivos del conjunto bilbaíno... Masculino. Será que la falta de grandes gestas la tiene oxidada.

Vamos a abrir un poquito más la puerta del armario de la diversidad sexual. ¿Cuántas lesbianas o bisexuales deportistas conoces? Sin tanto bombo, platillo, fotorreportaje o publicación en Instagram, en territorio nacional -pero de proyección internacional- tenemos a la futbolista Laura del Río, y del lado de los micrófonos del deporte tenemos a otra del Río, la inspiradora y elocuente Paloma del Río, a la que entrevistamos sobre homosexualidad -y otros aspectos relacionados- en el deporte. En todo caso, aunque pudiésemos citar más ejemplos, es indudable que la repercusión mediática y el impacto en la sociedad no es el mismo... O seré yo, vulgar plumilla, que no veo que tenemos todo el cielo ganado. ¡Si hasta salimos guapísimos, estupendísimos y repeinados en la Shangay!

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