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ENTREVISTA | Alberto Rodríguez (Podemos)

"Si el PSOE se pone del lado de las élites y Merkel, acabará en una esquina de la Historia"

El portavoz de Empleo de Podemos en el Congreso asegura que su partido no tiene intención de renunciar a la derogación de las reformas laborales del PP y del PSOE

Descarta la posibilidad de encontrar un punto de confluencia con Ciudadanos: "El contrato único representa en solo dos palabras todo contra lo que luchamos"

Alberto Rodríguez, que militó en CCOO, cree que los sindicatos son necesarios pero arremete contra sus dirigentes: "Hay mucha diferencia entre lo que opinan las cúpulas y lo que opina el sindicalismo que está a pie de calle"

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Alberto Rodríguez, portavoz de Podemos en la comisión de Empleo del Congreso

Alberto Rodríguez, portavoz de Podemos en la comisión de Empleo del Congreso Marta Jara / Madrid

Alberto Rodríguez (Santa Cruz de Tenerife, 1981) estrena estos días su pequeño despacho en el Congreso de los Diputados y su cargo de portavoz de Podemos en la comisión de Empleo que presidirá su compañero Alberto Montero. Rodríguez, obrero "de los de mono azul y cara pintada", tiene una larga tradición de representación sindical en la que fue su empresa hasta el 13 de enero. Aquel día, hace justo un mes, logró una fama que no deseaba pero de la que venía ya prevenido. Sus rastas protagonizaron una absurda polémica política que ya ha amainado. Una situación que ya vivió durante la campaña en las islas.

Rodríguez rechaza la posibilidad de un acuerdo con Ciudadanos ("el contrato único representa en solo dos palabras todo contra lo que luchamos") y avisa al PSOE de que debe aceptar la derogación de la reforma laboral de 2010. El diputado responde a Pedro Sánchez, quien dijo que era imposible recuperar el despido de 45 días: "Pedro Sánchez estaba hablando a los que realmente mandan en el PSOE, a los consejos de administración del Ibex35 y no a las bases del partido socialista ni a sus votantes".

Llevan un mes en el Congreso. ¿Cómo ha sido la experiencia desde el 13 de enero?

Aprendiendo, con poca actividad parlamentaria en la institución pero recorriendo el país explicando  la Ley 25. Reuniéndonos con trabajadores en conflicto y prestando nuestro apoyo como altavoz de la calle y de la sociedad civil organizada. 

Va a ser el portavoz en la comisión de Empleo. ¿Qué ejes principales se marca para la legislatura?

El objetivo prioritario es la derogación de las reformas laborales, tanto la del PP de 2012 como la del PSOE de 2010. Después, poner en marcha un plan de empleo con inyección de dinero público, expansiva, para poder recuperar el Estado del bienestar y revertir los recortes y mejorar la vida de la población. Hay que generar mucho empleo, pero digno y de calidad.

Antes de que todo esto ocurra es necesario que haya un Gobierno. Habla de derogar las dos reformas laborales pero el PSOE ofrece eliminar la del PP pero no la que hizo Zapatero. ¿Es suficiente para Podemos?

No se trata de que sea suficiente para Podemos sino de que sea suficiente para los trabajadores y trabajadoras de este país. Y es evidente por multitud de datos y de estudios que, a raíz del primer hachazo fuerte que se dio a los derechos laborales con la reforma de 2010, las condiciones han ido a peor, la tasa de temporalidad ha crecido, así como el porcentaje de trabajadores que engrosan el fenómeno w orking poor, trabajadores pobres. Esto no empezó a ocurrir en 2012, sino en 2010. Es fundamental derogar las dos reformas. Tenemos muchos argumentos para defender nuestra postura.

Pedro Sánchez dijo en una entrevista en eldiario.es que quien prometiera volver al despido de 45 días por año trabajado estaba mintiendo. ¿Su propuesta será recuperar esos 45 días?

Evidentemente. Pedro Sánchez estaba hablando a los que realmente mandan en el PSOE, a los consejos de administración del Ibex35 y no a las bases del partido socialista ni a sus votantes. Si hablaran los cinco millones de personas que les votaron para desalojar al PP de las instituciones, a buen seguro que les parecería buena idea volver a los 45 días por año.

Usted antes de ser diputado ha sido sindicalista. Los sindicatos mayoritarios no tienen entre sus peticiones recuperar estos 45 días pero defienden, como el PSOE, recuperar elementos de la negociación colectiva como la ultraactividad de los convenios. ¿Ve ahí un punto de entendimiento con los socialistas?

En el mundo sindical hay dos escalones. Uno es la estructura, el aparato de los grandes sindicatos que en muchas ocasiones se han desviado de los intereses de los trabajadores y trabajadoras y han llegado a acuerdos con las élites que no son beneficiosos para la mayoría. En otro escalón, en el más democrático y participativo, estamos las personas que trabajamos, nos levantamos a las seis de la mañana y compatibilizamos nuestra labor de representación sindical de nuestros compañeros con nuestro curro. A pie de fábrica, de centro de trabajo, tenemos clarísimo que hay que ir mínimo a las condiciones que teníamos en 2010. Sabemos cuáles son las consecuencias prácticas de estas reformas, hemos visto salir a compañeros llorando por la puerta, cómo se reducían los sueldos, cómo se empeoran las condiciones de la jubilación. Hay mucha diferencia entre lo que opinan las cúpulas sindicales y lo que opina el sindicalismo real que está a pie de calle.

¿En los sindicatos también se da la diferencia entre los de arriba y lo de abajo?

Por supuesto, es evidente. En las centrales mayoritarias es algo que nadie cuestiona. En muchos casos, con razón, se les engloba dentro de las estructuras que emanan del consenso del 78 y como muchas de esas estructuras se están resquebrajando, su papel de movilización y de paz social está bastante cuestionado a nivel de la calle y en los centros de trabajo.

En el ámbito político han surgido agentes alternativos a esas estructuras del 78, como puede ser Podemos. En el sindicalismo no parece que haya sucedido, no se está dando ese relevo. ¿No es malo para los trabajadores perder a los grandes sindicatos sin que haya nuevos?

Por supuesto, esto es un tema complejo. No se trata de que las grandes centrales sindicales no sean útiles, pero hay que ver dónde. Yo vengo de la industria donde hay grandes concentraciones de trabajadores, con condiciones dignas y con una tradición de lucha sindical. Ahí las centrales mayoritarias y los demás sindicatos son muy útiles para mantener las condiciones de trabajo. Pero hay grandes sectores de la población que por temporalidad, por estructura o por pertenecer al sector servicios no tiene capacidad de sindicarse. Hay que darle una pensada, sentarse y ver cómo se organizan los trabajadores de este sector. Es muy difícil incluso establecer estructuras presindicales porque la precariedad, el miedo al desempleo y la represión patronal no ayudan.

¿Qué modelo cree que podría construirse? ¿Cómo podrían los trabajadores del sector servicios defenderse?

Organizándose. No pueden esperar que nadie venga a solucionar sus problemas. Desde el Congreso podremos legislar pero las personas trabajadoras y en concreto la gente más joven que viene con mucha menos tradición sindical tienen que asumir que es una cuestión suya, que tienen que organizarse en sus centros de trabajo y asumir riesgos. En los 70 también asumían riesgos e iban a la cárcel por estar sindicados. Hoy se asumen otros riesgos, como ser despedido o entrar en listas negras de las ETT, pero si no se hace, no llegamos a ningún lado.

¿Se puede hacer?

Hay ejemplos muy bonitos de compañeros que han conseguido organizarse, como los teleoperadores o en Movistar. Son trabajos muy fragmentados y espaciados en el territorio y aún así consiguieron organizarse, hacer una huelga y poner en jaque a un gigante como Telefónica.

¿A qué sindicato estaba usted afiliado?

Era de Comisiones Obreras. Yo lo era a través de la fábrica, a través de la nómina. Es algo muy normalizado en el sector industrial. Ahora estoy en situación de excedencia y ya no pago la cuota.

Justo después de las elecciones una diputada del PSOE aseguró que con ella se iba "la última obrera del Congreso". ¿Se considera usted obrero en el sentido tradicional del término?

Por supuesto. En el tradicional y en el no tradicional. Soy nieto de carpintero e hijo de una maestra y un electricista. Soy de un barrio obrero de Santa Cruz. Yo y mi entorno tenemos esa misma condición de clase. Y es además mi realidad.

En el Congreso no es habitual encontrarse a obreros. Hay abogados, economistas, politólogos...

Que no quiere decir que no sean trabajadores. Depende de qué entendamos por obrero y por trabajador. Si a los obreros nos referimos con el estereotipo del mono azul, el casco y la cara manchada pues yo represento a ese sector, aunque creo que obreros y obreras son muchos: un repartidor de pizza o una camarera son igual de obreros que nosotros.

En esa condición de obrero, ¿se había sentido representado hasta ahora por las decisiones adoptadas en el Congreso?

Es evidente que no. Las reformas laborales supusieron una auténtica puñalada en el corazón de los trabajadores de este país. Un compañero abogado laboralista, cuando se planteó la reforma de 2010, nos dijo en una asamblea, y se me quedó grabado: "Prepárense porque la reforma laboral, esta y la que viene, son una máquina de picar carne". Y fue verdad: antes éramos más de 1.000 compañeros y ahora hay 250 más las contratas.

¿Qué le motivó a dar el paso a la política y dejar una vida más o menos establecida?

Aprovechar la oportunidad histórica que brindaba la brecha que se ha abierto y el surgimiento de Podemos como herramienta. Después, acabar con la resignación y la frustración de que la lucha en la calle no tenía reflejo en las instituciones. La desmovilización de los últimos dos años es fruto, entre otras causas, de esa sensación. Yo llevo muchos años militando y hace una década salías a la calle, te organizabas y peleabas y se conseguía una determinada modificación legislativa. Recuerdo la huelga general contra el decretazo de Aznar de 2002. Ahora, PSOE y PP no han movido ni una coma pese a las movilizaciones masivas. Todo lo contrario: empeoró en la tramitación legislativa. Había una oportunidad de dar un paso con unos costes personales muy grandes pero más costes tiene quedarse en el sillón mirando a la tele.

¿No se le había pasado por la cabeza dar antes este salto a la política?

Yo además de afiliado a CCOO era militante de IU y creo que sí ha habido ejemplos honrosos de compañeros y compañeras que defendían los intereses de la mayoría, pero Podemos ha venido a demostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera y que se podía articular una alternativa real de cambio que metiera miedo a las élites y llenara de ilusión a millones de personas, lo que hasta ahora no se había conseguido.

¿Qué les hace pensar que el PSOE, que en 2010 no rectificó pese a las movilizaciones ahora dará marcha atrás?

El país ha cambiado para siempre. El 15M supuso una revolución en las instituciones y en el actual contexto ellos no pueden permitirse ningún lujo. Ahora hay una alternativa, la gente sabe mucho más qué hace o deja de hacer un partido. Si el PSOE decide ponerse del lado de las élites y continuar obedeciendo a Merkel y Alemania, acabará desapareciendo en una esquina de la Historia. Va a tener que elegir si ponerse del lado de la gente o de Merkel.

Pero el PSOE está avanzando en las negociaciones con Ciudadanos, que tiene un planteamiento en lo laboral antagónico al suyo. ¿Hay algún punto en el que las propuestas de los tres puedan confluir?

Estamos siendo muy honestos. Y Ciudadanos también. Es muy complicado que nos pongamos de acuerdo. Hay cosas en las que sí, como regeneración democrática, pero en materia económica, en política fiscal o laboral, no. El contrato único representa en solo dos palabras todo contra lo que luchamos.

Usted ha dado una especie de salto a la fama, aunque sea efímero. ¿Cómo se sintió en lo personal  cuando su imagen se convirtió en un objeto de debate político?

Tuve la suerte de que fue gradual. Mucha gente piensa que pasé del anonimato absoluto al boom y a esa fama efímera a razón de la famosa foto de ABC y de las polémicas declaraciones de Villalobos. Pero no fue así, ya durante la campaña en Canarias tuve mucha repercusión y ya venía un poco aprendido y preparado para saber que tu vida privada la tiraste a la basura para los próximos años. Tienes que tener claro que cualquier cosa que hagas va a ser publicada, que vas a ser objetivo de ataques. Pero lo único que hace es darnos más fuerzas. Por cada ataque, tenemos 100 muestras de apoyo más. No debería decirlo, pero están llevando una estrategia completamente equivocada.

Si en tres meses hay elecciones, ¿volverá a repetir?

¡Que busquen a otro! [ríe] No, por supuesto. Nos presentaremos a las primarias y tendrá que ser la gente la que decida si somos los adecuados. Cuando nos metimos en esto teníamos la idea de estar cuatro años dando el callo por la gente y si hay que ir a otra campaña, aunque es demoledora, lo volveríamos a hacer. El objetivo es tan lindo, tan necesario y tan urgente que no tenemos alternativa.

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