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Rivera juega al 'pacto Borgen' en Andalucía para que Ciudadanos presida la Junta

El candidato de Ciudadanos a la presidencia de Andalucía, Juan Marín, junto a Albert Rivera e Inés Arrimadas.

Carmen Moraga

El resultado de estas elecciones andaluzas ha dejado Albert Rivera con un sabor agridulce de boca y con el dilema de tener ahora que negociar con un PP en franco retroceso y con el partido ultraderechista Vox, que irrumpte con fuerza en el Parlamento andaluz, un gobierno de cambio alternativo al del PSOE.

Conocidos los datos, en el partido no tiran la toalla y se preparan para aplicar la estrategia Borgen, intentar buscar apoyos de la derecha y la izquierda para liderar ese cambio con el argumento de que son “el único partido que crece”. El propio Rivera ya ha anunciado que presentarán la candidatura de Juan Marín a la presidencia de la Junta, pese a tener solo 21 escaños. Pero en el partido se sienten legitimados para optar a ser los que presidan el nuevo Gobierno dado que tanto el PSOE como el PP han retrocedido bastantes en sus anteriores posiciones.

Los de Rivera saben las dificultades con las que se van a encontrar y que, además, deben contar también con Vox, el partido ultraderechista de Santiago Abascal, eufórico tras el éxito cosechado en estas autonómicas.

El líder de Ciudadanos había puesto toda la carne en el asador en esta campaña para reforzar a Juan Marín, consciente de que por sí mismo el candidato andaluz de su partido no iba a lograr unos buenos resultados.

Tanto Rivera como la portavoz del partido, Inés Arrimadas, se han volcado en Andalucía en donde han estado omnipresentes a lo largo de estas dos últimas semanas. A pesar de ello, su titánico esfuerzo no ha sido suficiente para conseguir dar el anhelado sorpasso al PP de Juanma Moreno, que ha contado también con la ayuda de Casado, en cuyo partido se han dado por contentos con mantenerse en segunda posición.

En Ciudadanos se habían puesto el listón demasiado alto. No solo aspiraban a colocarse como segunda fuerza política por delante del PP -hasta ahora eran la cuarta-, sino que aspiraban a liderar el cambio. El propio Rivera no se ha cansado de avisar de que si el bloque de la derecha sacaba “un solo escaño más” iba a pedir a “los partidos constitucionalistas” -PSOE y PP- que apoyaran la investidura de Marín “poniendo sus condiciones”.

Con los resultados ya en la mano, en Ciudadanos se van a centrar ahora en resaltar que “el bipartidismo” ha sido el gran derrotado de estos comicios aunque los socialistas, con los números en la mano, sigan siendo el partido ganador. Lo de la lista más votada lo dejan para mejor ocasión. Además, ni con sus escaños Susana Díaz podría revalidar mandato y en el partido de Rivera sostener un pacto contando con Adelante Andalucía es algo que ni se plantean.

Días antes de las elecciones ya había voces dentro del partido que llamaban a bajar la euforia. Pero los resultados, aún siendo buenos, tampoco impulsan suficientemente a Rivera de cara a las próximas generales, sean cuando sean.

Por otro lado, la fuerte irrupción de Vox en el Parlamento andaluz también supone para Ciudadanos un nuevo factor a tener en cuenta para el futuro. La entrada de los de Abascal no les entusiasma pero saben que tendrán que contar en ellos de ahora en adelante. De ahí que no hayan querido etiquetarles como un partido de “extrema derecha” ni antes ni a lo largo de la campaña electoral.

Los dirigentes de Ciudadanos creen que el aterrizaje de Vox en el tablero andaluz ha sido a costa de un PP en declive que durante estos casi 40 años no ha sabido impulsar un proyecto alternativo al “régimen socialista”.

Ante la posible frustación de no poder liderar ese cambio, en Ciudadanos seguirán agarrados al mensaje de que es “el único partido que crece, crece y crece”. Lo que no deja de ser verdad.

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