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El PP de Casado 'sostiene' al ultra Orbán mientras se codea con los líderes de la extrema derecha europea

El PP español se alinea con la mayoría del PPE, que evita pedir la expulsión del primer ministro húngaro para prorrogar un año la suspensión de Fidesz

El presidente de Vox, Santiago Abascal, con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. @Santi_ABASCAL

"Estuvimos a un centímetro de salir del Partido Popular Europeo. No lo hicimos sólo porque los franceses, los españoles [de Pablo Casado] y los italianos [de Silvio Berlusconi] nos respaldaron de forma clara y dijeron en la discusión del PPE que hay que apoyar a Hungría", declaró hace unos días el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, en una entrevista en la radio pública Kossuth. El PP de Pablo Casado siempre se ha mostrado agradecido con Orbán por su posición dura ante el procés en Catalunya.

Y este lunes por la tarde se reunía la asamblea del Partido Popular Europeo y tampoco se expulsó a Fidesz, el partido de Orbán. El presidente de los populares europeos, Donald Tusk, llegó y salió de la reunión con un tono duro, pero el grueso de su familia política está por contemporizar con el líder húngaro. Ni siquiera el comité de sabios que lleva casi un año evaluando el comportamiento de Orbán se pone de acuerdo sobre qué hacer con él.

Varios partidos miembros del EPP querían que Orbán se fuera –belgas y nórdicos–, pero se quedaron en minoría frente a los que prefieren mantener la suspensión y no llegar a la expulsión. En este grupo mayoritario se encuentran los eslovenos, los franceses, los españoles y los alemanes, según fuentes europeas.

La crisis sobre cómo gestionar a Orbán es una prueba de que la familia política conservadora –mayoritaria en Europa– continúa debatiendo si debe mirar a su derecha, si debe dejarse seducir por el populismo nacionalista, o intentar mantener las raíces democristianas.

Tusk dijo a la asamblea política del PPE que había una "necesidad de una reflexión profunda" y una "nueva visión política", y propuso celebrar un congreso extraordinario sobre el tema en una fecha sin concretar, dijo un miembro del PPE después de la reunión citado por Politico.

"Personalmente, no tengo grandes esperanzas de una mejora visible de la situación. Por eso mantener la suspensión me parece absolutamente justificado. Si la situación no cambia, no veo a Fidesz volviendo a nuestra familia, al menos, mientras yo sea presidente del PPE", aseguró Tusk, según El Mundo: "No negociaré sobre valores".

"Castigar al partido más exitoso del grupo no tendría ningún sentido", había dicho el ex primer ministro de Eslovenia Janez Janša en el Congreso del PPE en Zagreb en noviembre pasado, por el contrario.

Fuentes europeas afirman que Tusk no quería someter el caso a votación, ya que esto podría poner en riesgo la unidad del PPE. Además, el PPE perdería un primer ministro en el Consejo Europeo si expulsa a Orbán.

Además, los líderes del PPE saben que la expulsión de Fidesz le llevará de cabeza a manos de líderes en ascenso de ultraderecha, como el italiano Matteo Salvini y el polaco PiS. Los mismos con los que este martes, 24 horas después de que el PP español le haya mantenido en la familia popular europea con el resto de sus socios, ha participado en un acto en Roma, al que también ha acudido la cúpula de la extrema derecha española.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha viajado a Roma para asistir a la Conferencia de Conservadurismo Nacional, a la que también estaban invitados el exministro de Interior de Italia y líder de la ultraderechista Lega, Matteo Salvini, y el propio Orbán. 

Según ha informado Vox, Abascal ha ido como invitado a este encuentro internacional organizado por la Fundación Edmund Burke. El asunto central de estas conferencias ha versado sobre si "el nuevo conservadurismo nacional es una amenaza o, por el contrario, una virtud" ante "la  encrucijada" en la que se encuentra Europa, según se explica en la web oficial de la conferencia National Conservatism.

Entre los participantes figuraban también el presidente del grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), el polaco Ryszard Legutko; la dirigente del grupo ultraderechista Fratelli d'Italia, Giorgia Meloni; el presidente del American Enterprise Institute Christopher DeMuth; el escritor Yoram Hazony; y la exdiputada francesa Marion Maréchal Le Pen, sobrina de la actual líder del partido de extrema Agrupación Nacional, Marine Le Pen y nieta del histórico fundador del Frente Nacional, Jean Marie Le Pen.

Marénchal estuvo la semana pasada en Madrid inaugurando una filial del organismo que dirige en Lyon, el Institut des Sciences Sociales Economiques et Politiques (ISSEP) con dirigentes de Vox.

Votación con Orbán en la Eurocámara

La posición del PP de Casado con Orbán tiene una línea de continuidad. Ya a finales de 2018 votó en contra de la censura del Parlamento Europeo al autoritarismo del Gobierno húngaro. Y hace tres semanas hizo lo mismo cuando el Parlamento Europeo aprobó una resolución contra el deterioro del Estado de derecho en Polonia y Hungría, en la que reclamaba más medidas para mejorar la calidad democrática de esos dos países.

Esta resolución fue respaldada por las grandes fuerzas de la Eurocámara, pero la delegación española del PP votó en contra, a pesar de que la familia política había decidido apoyarla.

"Un partido gubernamental pertenece a una familia política en Europa, para que si su país necesita ayuda y apoyo, tenga aliados", afirmó Orbán tras la votación en la Eurocámara: "Si nuestros aliados nos traicionan, como lo hizo ayer la mayoría del PPE, allí no tenemos nada que buscar. Pero cuando tres grandes países dicen que los húngaros tienen razón [en alusión a los populares españoles, franceses e italianos] y hay que apoyar a Hungría, eso nos da cierta esperanza de que allí se pueden cambiar las cosas. Es una esperanza cada vez más débil, pero existente".

La Unión Europea (UE) activó, en 2017 contra Polonia y en 2018 contra Hungría, el procedimiento conocido como Artículo 7, ante la preocupación por la falta de independencia de sus sistemas judiciales, la situación de la libertad de expresión, la corrupción y el estado de la democracia en general en ambos países. 

Este procedimiento puede concluir con la retirada del derecho de voto a un país en concreto, pero para ello se requiere la unanimidad de todos los demás, lo que resulta imposible, ya que los Gobiernos de Hungría y Polonia se apoyan mutuamente.

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