Batallón de limpieza juvenil en la Casa de Campo de Madrid

Adolescentes de un instituto público de Madrid se reúnen los sábados por la mañana para limpiar parques y espacios públicos.

Fabiola Barranco


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“En todo tipo de crisis se busca un chivo expiatorio. Yo creo que a los jóvenes nos están poniendo en el centro de la culpabilidad porque supuestamente somos el rango de edad más sociable. Pero se puede ser irresponsable a cualquier edad”. Irene Navarro, 17 años, rebate así ese mensaje recurrente que pone a la juventud en el centro de todas las críticas sobre la propagación del virus y que muchas veces se ve atrapada en un estigma que luce, incluso, en la cartelería del metro de Madrid.

Esta alumna de segundo de Bachillerato del instituto madrileño Ramiro de Maeztu representa a una adolescencia preocupada por lo colectivo, por el consumo responsable, por la ecología y también por los estragos de esta pandemia. Dedica sus sábados por la mañana a participar en batidas de limpieza por parques y espacios públicos, junto a otros compañeros y compañeras de instituto. Lo llaman “talleres de ecología” en su centro educativo. 

“Es el único hogar que tenemos, es nuestro planeta y lo tenemos que empezar a cuidar desde ya”, apunta su compañera y tocaya, Irene de la Rosa, mientras participa en la última salida del grupo por la Casa de Campo, que empezó puntual a las 10 de la mañana en la parada de metro Lago. “Por la zona de los bares está lleno de colillas y chapas, vamos por ahí”, avisa uno de los más de 20 chicos y chicas —equipados con guantes y bolsas de basura— que se congregaron en la cita y que, respetando las medidas de seguridad sanitarias, se separaron en grupos de seis para patear y limpiar ese parque madrileño. 

El informe Jóvenes en pleno desarrollo y en plena pandemia. Cómo hacen frente a la emergencia sanitaria, apunta que, para este sector de la sociedad, “a nivel social, los principales temas que aumentarán su importancia de cara al futuro son la defensa de los servicios públicos, la política y la ecología”. Los resultados del estudio, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, ofrecen una imagen que rompe con los estereotipos basados en la irresponsabilidad de la población juvenil. Por ejemplo, recoge que el 43% de los y las jóvenes encuestados confiesa haber sentido miedo de contagiar a un familiar durante la desescalada y que, durante el confinamiento, la preocupación por el futuro afectó a tres de cada cinco jóvenes. 

Así vivieron el confinamiento: 'Es como si nos hubiesen encerrado en una burbuja y hubiésemos perdido un montón de tiempo, como un parón brutal'

“Durante los meses de confinamiento lo pasé muy mal. Creo que no soy la única que se ha sentido así. Todos los jóvenes hemos notado un cambio tremendo, hemos pasado por una evolución después del confinamiento porque, además, nos ha pillado en una época vital que supone un periodo de cambio constante... ¡Es que es nuestra adolescencia! Y esto condiciona un montón nuestra personalidad y nuestro futuro”, explica Irene de la Rosa. Sus amigas asienten en silencio.

Sara Verdugo —misma edad y mismo instituto— recuerda que vivió de cerca los estragos del virus debido al contagio de su abuela y de su madre, médico en el Hospital de Getafe, y a quien estuvo mucho tiempo sin poder ver, ya que estaba volcada en su trabajo. “Fue duro, pero la situación lo requería”, señala. “Es como si nos hubiesen encerrado en una burbuja y hubiésemos perdido un montón de tiempo, un parón brutal. Además, todas las noticias que llegaban y la situación de crisis también nos ha afectado mucho a la gente joven. Y todo esto ha sido de un día para otro: un día estábamos en clase y al día siguiente dejamos de ir sin saber cuándo volver”, añade. 

Durante el estado de alarma y el cierre de los centros escolares del país, más de diez millones de estudiantes tuvieron que cambiar las aulas por una pantalla de ordenador o tablet. Una adaptación abrupta hacia lo virtual que dejó una brecha digital y educativa muy significativa. Según datos de Unicef, cerca de 100.000 hogares en nuestro país no pueden conectarse a la red, una desventaja que no ha afectado directamente a estas jóvenes, pero de la que dicen ser plenamente conscientes. 

“Este tipo de crisis lo que hace es resaltar la diferencia de clases y para verlo ya no tienes que mirar hacia la gente que vive en la calle, sino en las propias casas de la gente cercana que, por ejemplo, no disponen de aparatos tecnológicos, que a la vez nos exigen para poder estudiar y te excluye de un nuevo entorno social que se ha generado”, argumenta Irene Navarro.

Aunque en el plano sanitario los jóvenes no son el colectivo más golpeado por la pandemia, en lo económico son los principales perjudicados por los efectos derivados de las medidas restrictivas y el parón de la economía. Como reflejan los datos del informe Juventud en riesgo, sólo el 33,5% de las personas de 16 a 29 años tienen un empleo, incluyendo a aquellas que están en situación de ERTE, lo que significa que la tasa de empleo ha caído más de siete puntos porcentuales respecto al segundo trimestre de 2019 y se ha producido un aumento de la tasa de paro hasta el 30%. Una recaída más de una generación que todavía no ha superado los efectos de la crisis de 2008. 

Quizás por eso, cuando elDiario.es pregunta a estas jóvenes por la sombra de la recesión, muestran serenidad y alternativas para revocar una situación que entienden como sistémica. “La amenaza de la crisis la he visto en dos partes. Por ejemplo, los padres de una amiga tienen una tienda de artículos de peluquería y con el confinamiento y la situación actual sus ingresos han bajado muchísimo. Y, por otro lado, mis tíos trabajan en una empresa de mensajería y ellos están desbordados de trabajo”, reflexiona De la Rosa. 

Sara, por su parte, apunta hacia las soluciones. “Existe la necesidad de promover el comercio local, no sólo económicamente, también en cuanto a sostenibilidad. Como consumidores individuales tenemos que intentar frenar un poco el consumo masivo y de monopolios y evitar que empresas como Amazon se hagan con todo el sistema”, defiende.

Con esa visión ecologista, con sentido de la responsabilidad colectiva y cuestionando “el sistema implantado”, tratan de proyectar su futuro: “Esta pandemia nos ha enseñado algo bastante importante, y es que el ser humano no es invencible contra la naturaleza, que somos parte de ella y que no podemos creernos que podemos contra todo y que no podemos tratar a la tierra como si fuera cualquier cosa. Esa idea que teníamos hasta ahora de que el ser humano es invencible se nos va a reducir o a quitar porque lo hemos vivido de primera mano y vamos a crecer con ello”, sentencia una de estas jóvenes.

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