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La convocatoria en Andalucía encuentra al PP atrapado en la negociación con Vox
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La convocatoria en Andalucía encuentra al PP atrapado en la negociación con Vox y al PSOE con la incógnita del 'efecto Montero'

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, en el Palacio de San Telmo.

Aitor Riveiro / José Enrique Monrosi / Daniel Ríos

24 de marzo de 2026 21:59 h

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La convocatoria de las elecciones andaluzas para el 17 de mayo anunciada por Juan Manuel Moreno, antes de lo previsto, supondrá el cierre del miniciclo electoral abierto el pasado mes de diciembre y con los gobiernos de Extremadura, Aragón y Castilla y León en el aire por la falta de entendimiento de PP y Vox, que mantienen abierta su negociación, al PSOE con María Jesús Montero todavía más pendiente de Madrid que de Sevilla y a la izquierda dividida en tres candidaturas con pocos visos de entenderse.

Moreno busca maximizar la participación en unas elecciones que se le presentan complicadas cuando su objetivo declarado es el de revalidar la mayoría absoluta que logró en 2022 gracias a llevarse los últimos diputados en algunas provincias solo por un puñado de votos. Su jefe de filas, Alberto Núñez Feijóo, también le exige que iguale un éxito difícil de repetir.

“Todo parece indicar que el PP va a ganar las elecciones y la discusión es si las va a ganar o no con mayoría absoluta”, reconoció este martes Feijóo en una entrevista en Antena 3. El líder del PP admitió que es “difícil” que Moreno lo consiga. La experiencia de los últimos comicios les obliga a la prudencia: María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco quedaron lejos, y los dos primeros perdieron incluso votos sobre la anterior cita electoral.

Vox logró en las tres comunidades un aumento de sus apoyos, y en Castilla y León rozó el 19% del voto. En Andalucía, aún sin candidato, las encuestas anticipan un resultado similar. Por eso, Moreno dijo este martes en Onda Cero que no deben “estar obsesionados” con el partido de Santiago Abascal, que marca de forma constante el camino discursivo al PP.

“Cuanto menos hablemos de Vox, mejor”, dijo Moreno, quien ha anticipado que pedirá el voto para evitar que Andalucía caiga en el “bloqueo” que sufren sus compañeros. 

La semana pasada, Feijóo planteó este mes de marzo como fecha límite para que Vox acordara con el PP en las tres comunidades pendientes, pero nada apunta a que se vaya a cumplir su petición.

El líder del PP reveló este martes que ambos partidos se reunirán de manera “formal” esta misma semana en Extremadura para intentar avanzar en un acuerdo. En Aragón, Azcón ha asumido que las elecciones andaluzas sí pueden influir en sus negociaciones. En un acto informativo este martes, recordó que la fecha límite para un acuerdo es “el 3 de mayo, y sería deseable que sirvan para adelantar los acuerdos de Aragón y Extremadura”. Lo cual es tanto como admitir que puede tener el efecto contrario. En cuanto a Castilla y León, los plazos son otros porque los comicios acaban de celebrarse y, de momento, ni siquiera se han constituido las Cortes.

El PSOE, frente a los peores presagios

En el PSOE, mientras, se afanan en el desembarco definitivo en Andalucía de María Jesús Montero, que este martes asistió a su último Consejo de Ministros como vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda. Aunque Montero ha compaginado estos últimos meses su agenda ministerial con la de candidata, en su día tomó la decisión de apurar los plazos para abandonar su trabajo en el Ejecutivo, algo que está previsto que sea oficial antes de que finalice la semana. 

No le otorgan mucha relevancia en las filas socialistas al impacto de la fecha elegida por Juan Manuel Moreno, el 17 de mayo, para unos comicios que también se podría haber llevado al mes de junio. Pero la propia candidata socialista aseguró en una comparecencia en Sevilla este martes que ella sí atisba la intencionalidad de que no prenda el ambiente electoral en la ciudadanía. 

“Moreno Bonilla no quiere ambiente electoral ni de campaña, porque sabe que eso le perjudica. Por eso ha puesto esa fecha, en mitad de las fiestas de primavera”, dijo Montero, que llegó a insistir en que su partido experimenta un “repunte” que hace temer al PP. “Moreno Bonilla ha adelantado las elecciones porque sabe del repunte del PSOE y del desgaste de su gestión” apuntó. 

El gran reto en las filas del PSOE de Andalucía, antaño un garante de éxitos electorales para la calle Ferraz, es conseguir activar al partido y al electorado progresista en tiempo récord para voltear unas encuestas que pronostican el peor de los resultados posibles. Los últimos sondeos internos señalan la posibilidad, incluso, de que la candidatura de María Jesús Montero obtenga peores números que la de Juan Espadas hace cuatro años. Y el riesgo cierto, por tanto, de cosechar el suelo electoral de los socialistas en una tierra que era bastión hasta hace apenas dos legislaturas. 

El guion trazado pasa por poner toda la maquinaria electoral al servicio de la gran causa de la sanidad pública, el auténtico agujero negro de gestión de la era Juanma Moreno, con el escándalo de los cribados de cáncer de mama como principal argumento. “En estas elecciones nos va la vida, nos va la salud de los andaluces. No son unas elecciones más, son un referéndum sobre la sanidad pública”, clamó Montero. 

Mientras, en Moncloa y en Ferraz miran con recelo la cita del 17 de mayo. Persona de la máxima confianza de Pedro Sánchez y una de las pocas ministras que ha permanecido a su lado desde que fue investido presidente, un batacazo de María Jesús Montero implicaría en gran medida un duro revés para el propio presidente y para el PSOE en su conjunto. Encomendados a la capacidad de reanimación de la fuerte maquinaria socialista andaluza, en el Ejecutivo defienden en cualquier caso como “un activo” el bagaje de Montero como ministra con “una gestión inmejorable” y como “la mejor candidata posible”.

La izquierda alternativa, dividida

A la izquierda del PSOE, por el contrario, el problema no es tanto que la convocatoria electoral haya cogido al espacio en un momento de debilidad política como que parece imposible que vaya a presentarse unido. Ahora mismo, la izquierda alternativa prevé concurrir en tres listas separadas: la de Por Andalucía (la coalición entre IU y Movimiento Sumar, la más fuerte de las tres, aunque no termina de arrancar en las encuestas), la de Adelante Andalucía (la formación de Teresa Rodríguez) y la de Podemos. Y, aunque ni IU ni los morados quieren descartar un acuerdo de última hora para acudir conjuntamente a las elecciones, las fuentes consultadas ven muy complicado que ese pacto termine produciéndose.

Una vez se ha puesto en marcha la cuenta atrás para los comicios, Podemos e IU tienen diez días naturales para intentar reconducir la situación, puesto que será entonces cuando termine el plazo para registrar las coaliciones. Pero ni en público ni en privado los mensajes que trasladan sus dirigentes son demasiado halagüeños. Este martes, el coordinador de IU y candidato de Por Andalucía, Antonio Maíllo, dejó en manos de Podemos —que ha elegido como candidato a Juan Antonio Delgado— la decisión de integrarse en su proyecto, que a su juicio es el “único unitario” en la izquierda alternativa. Pero también dejó caer que su organización había esperado sin éxito durante “nueve meses” a que Podemos “respondiera” a su invitación.

Por su parte, la secretaria general morada, Ione Belarra, también evitó cerrar expresamente la puerta a una coalición, pero planteó que su modelo es “el de Extremadura”, que ahora mismo es inasumible para IU. En esas elecciones —celebradas el pasado diciembre—, los de Maíllo aceptaron que Movimiento Sumar quedara fuera de la alianza y que la lista la liderase la candidata de Podemos, Irene de Miguel. En Andalucía, en cambio, IU ya ha cerrado un acuerdo político con el pequeño partido de Yolanda Díaz y no tiene intención de romperlo. Varios pesos pesados de la dirección andaluza de Podemos han defendido públicamente la reconciliación con IU, pero la dirección estatal que lidera Belarra siempre se ha mostrado esquiva ante esa posibilidad. 

Sin embargo, fuentes de la cúpula estatal de Podemos sostienen que, lejos de buscar un pacto, son los de Maíllo quienes están haciendo todo lo posible por torpedear cualquier posibilidad de entendimiento, y afirman que el acuerdo solo se producirá si IU “cambia de actitud”. Para los morados, no obstante, las elecciones andaluzas llegan en un momento muy complicado, tras dos batacazos electorales consecutivos en Aragón y Castilla y León —en ninguna de las dos comunidades llegaron al 1% de los votos— y con malas perspectivas también para la cita de mayo. Las encuestas, de hecho, coinciden en pronosticar que Podemos se quedaría fuera si se presentara en solitario.

Alejada de esta pugna se encuentra Adelante Andalucía, que aspira a recoger una parte del voto desencantado con el resto de la izquierda alternativa. La formación andalucista, que presentará como candidato a José Ignacio García, mantiene un discurso muy crítico con el PSOE y también serias diferencias estratégicas con los demás partidos de su espacio, puesto que rechaza compartir gobiernos con los socialistas. Y su objetivo es intentar ampliar su espacio tras haber obtenido representación la pasada legislatura en el Parlamento de Andalucía por primera vez, después de su traumática ruptura con Podemos e IU.

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