Entrevista

Miguel González, periodista y autor de 'Vox S.A.': “Hay una afinidad ideológica innegable entre Abascal y Putin”

Marcos Pinheiro

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El periodista Miguel González ha pasado ocho años cubriendo a Vox, o al menos intentándolo. Entre los vetos del partido, al que no le gustan los periodistas que no le hacen propaganda, González ha seguido el nacimiento de la formación, su travesía por el desierto después de 2014 y su irrupción en la política nacional en 2018. Durante todo ese tiempo, Vox ha ido configurando un armazón ideológico que el periodista de El País define como reaccionario y que tiene modelos a seguir como la Rusia de Vladimir Putin o la Hungría de Viktor Orbán.

Pero, además, González se ha adentrado en las sombras del partido. Como sus cuentas, repletas de millones de donaciones de dudosa procedencia o de tratos cuestionables con sus grupos municipales; o su democracia interna, dilapidada paso a paso desde 2020; o su aspecto más desconocido, la relación con la secta El Yunque.

Toda esa información la ha reunido en 'Vox S.A, el negocio del patriotismo español' (Península), que se erige como un manual completo para entender cómo se monta Vox cuando su líder, Santiago Abascal, se queda sin su sueldo público, qué defiende y de dónde salen sus ideas, y cómo ha llegado hasta las instituciones. Y contiene además una advertencia: “Yo creo que si Vox llegara al poder, intentaría no dejar el poder”.

¿Vox es un partido fascista?

Yo creo que no, si entendemos por fascismo lo que es el fascismo histórico. El error es ponerle etiquetas, que no funcionan porque se ha producido un fenómeno que es la hooliganización de la política. Los seguidores de los partidos son como hooligans, da igual si tu equipo hace juego sucio, pega patadas, lo que quieres es que gane. Lo que te digan los del resto de equipos te da igual. Ponerle etiquetas es un error, porque rebotan.

¿Y es democrático?

No, Vox no es un partido democrático. No lo es porque ha acabado con la democracia interna. Hace poco culminó el proceso de supresión de la democracia interna en Vox. Empezó con la eliminación en 2019 de las elecciones primarias para elegir a los candidatos a cargos públicos, que elegía el Comité Ejecutivo Nacional a propuesta de los comités provinciales. A finales de febrero se votó la reforma de los estatutos para suprimir también las elecciones primarias a esos comités, las únicas elecciones internas que quedaban. Ahora los elige la dirección nacional.

Sucede algo similar con la elección de Abascal, ¿no?

De hecho, Abascal no ha sido votado. En 2020 se iba a elegir a la dirección de Vox por cuatro años. Para poder presentarte, tienes que tener el aval del 10% de los afiliados. Se presenta Abascal y un militante de Vox en canarias que se llama Carmelo González. De pronto, el Comité Electoral, que es el Comité de Garantías, dice que el único que ha reunido el 10% de los avales necesario para presentarse es Abascal. Pero no dice cuántos avales ha obtenido; y dice que Carmelo González no ha obtenido el 10%, pero tampoco le dice al propio Carmelo González cuántos avales ha conseguido.

Esto está controlado por un Comité de Garantías del que forma parte Marta Castro, que es la secretaria jurídica de Vox, que integra la candidatura de Abascal. La misma persona que forma parte de una de las dos candidaturas está en ese comité electoral que decide si se admite o no se admite a la candidatura rival. Hay un control absoluto.

¿Abascal se podía haber sometido a votación aunque fuera el único candidato?

Sí, igual que ha sucedido ahora con Alberto Núñez Feijóo en el PP. Pero Abascal no quiso someterse a votación, Abascal no ha sido votado.

Abascal fundó Vox tras quedarse sin los 83.000 euros de dinero público que percibía de un organismo de la Comunidad de Madrid. ¿Fue la creación de Vox una vía para proveer a Abascal de un sueldo?

Nada mas irse de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social entra como secretario general de Vox con un sueldo de 3.500 euros al mes. Eso ocurre en marzo de 2014, cuando se celebra el primer congreso de Vox. Pero es que en septiembre Abascal ya se convirtió en presidente de Vox y entonces el sueldo que cobra es de 6.137 euros brutos al mes. Estamos hablando de un partido que tiene en ese momento solo unos 22 concejales. No tienen ingresos públicos de ningún género y se supone que es un movimiento patriótico altruista. Y el presidente se pone a sí mismo un sueldo de más de 6.000 euros al mes.

En su fundación, Vox no hacía referencia a la violencia de género, los derechos, la inmigración o la memoria histórica. ¿Cómo se fue generando toda esa ideología reaccionaria?

Cuando Vox se funda nace como lo que ellos llaman el PP auténtico, es decir, lo que consideran que era el PP antes de Mariano Rajoy. Abascal tiene discrepancias con Vidal-Quadras y cuando este se va, el líder de Vox dice que se “liberaron de un corsé” y pudieron empezar a ser como realmente eran. El primer acto que protagoniza después de ser elegido presidente es una manifestación antiabortista convocada por Hazte Oír y sectores más ultraconservadores. Él encuentra ahí el respaldo de esos sectores y va evolucionando ideológicamente en función de los huecos que va encontrando.

¿Cuál es su ideología entonces?

Yo no creo que Abascal sea ni integrista, ni fascista, ni nada de eso. Creo que es un señor que ha ido buscándose un hueco. Hay gente falangista en Vox, por supuesto, hay gente ultraconservadora y gente integrista. También hay gente puramente democrática. Pero yo creo que Abascal es un señor que simplemente va maniobrando y tiene el olfato de ir buscando en cada momento su hueco.

En el libro dedica algunas partes a las finanzas del partido. Vox tuvo unos beneficios de más de cinco millones de euros en 2019; si fuera una empresa, sería muy rentable, ¿cómo se explican esos números?

En este momento el patrimonio es de 10 millones de euros acumulados desde 2018. Hay que recordar que Vox nace con un millón de euros que pone Vidal-Quadras y que vienen del Consejo de Resistencia Iraní. La explicación que da es que él los había apoyado desde el Parlamento Europeo para que salieran de la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado Americano y que están muy agradecidos por su apoyo. Cuando se va a Vidal-Quadras, claro, se acaba el millón de euros.

Pero a pesar de eso, Vox antes de entrar en las instituciones tiene donativos, donaciones de más de un millón de euros. Más donaciones que el PP o el PSOE, siendo un partido que no tiene cargos públicos. Esas donaciones, curiosamente, empiezan a caer en picado cuando Vox entra en las instituciones. Una de dos: o se ha reducido el entusiasmo que despierta a Vox o es que ahora el Tribunal de Cuentas fiscaliza las cuentas de Vox.

Sus cuentas son absolutamente opacas y ha instalado un sistema por el cual todo el dinero va a la sede central y la estructura territorial es prácticamente inexistente, con poquísimos gastos.

¿Te refieres a las subvenciones que reciben los grupos municipales y autonómicos?

Vox, al principio, intenta que todo el dinero que reciben los grupos municipales y de parlamentos autonómicos vayan al órgano central. Eso es abiertamente ilegal. Ahora ha ideado un procedimiento con el cual tiene una especie de convenios de colaboración del órgano central con los grupos parlamentario y municipales. De tal manera que el órgano central le presta servicios y los grupos pagan. Es un negocio entre ellos. No sabemos con detalle cómo funciona ese sistema que han instaurado ahora, pero desde el principio su obsesión ha sido controlar todos los fondos.

Vox ha rechazado en Castilla y León la consejería de Sanidad, ¿le tienen miedo a gestionar una cartera de tanta dificultad?

A Vox y a Abascal, Castilla y León no les importa nada en absoluto. Les importa en la medida en que eso sea un paso para acercarse o no a La Moncloa. Si ellos hubieran considerado que quedarse en la oposición en Castilla y León les era más favorable para las elecciones generales, se hubieran quedado en la oposición. Ahora han decidido gobernar porque se han dado cuenta de que todavía hay un gran recelo en una buena parte de la sociedad española a ver a Vox en el Gobierno. El objetivo de Vox en Castilla y León es quitar ese miedo, es decir, que la gente vea como algo normal que Vox gobierne. Las consejerías les son un poco indiferentes. Mejor, efectivamente, no meterse en algo que pueda provocar problemas.

Cambiado de tema hacia Rusia, en el libro cuenta que Putin quiso reunirse con Abascal, que él renunció en el último momento, pero que nunca ha querido romper del todo los puentes con Moscú. ¿Por qué ha mantenido ese equilibrio?

Primero, hay una afinidad ideológica innegable entre Abascal y Putin. Putin, que es un oportunista, se ha unido a los sectores más ultraconservadores para mantener el poder. Putin rechaza el matrimonio homosexual, ha despenalizado al hombre que maltrata a su esposa siempre y cuando no le cause lesiones y es un ultranacionalista, exactamente igual que lo es Abascal.

Abascal tuvo un acercamiento en 2017 a Le Pen y Salvini, la derecha europea más afín a Putin. Pero luego el vínculo con Le Pen se pierde y el acercamiento de Salvini al independentismo catalán rompe también esa alianza, no hay sintonía. Entonces empieza a acercarse a los ultraconservadores polacos, que tienen una desconfianza histórica hacia Putin. Es por eso que, por prudencia, él anula esa entrevista, pero no condena a Putin, mantiene ese equilibrio. Hasta que estalla la guerra y no le queda más opción.

Ese acercamiento a Polonia y a Hungría ha motivado una fuerte alianza con gobiernos de ideología ultra y que están llevando a cabo una brutal restricción de derechos en sus países

Yo creo que si Vox llegara al poder, intentará no dejar el poder. Creo que bloquearía la alternancia política, porque se mira en modelos como Orbán o Polonia. Pero más allá de los modelos, yo creo que hay otro factor y es uno de los elementos que ha metido Vox en el debate político: el uso del término 'enemigo'. Vox habla de enemigos y dice que Sánchez es un traidor. Si yo creo que quien me va a suceder es un traidor, que lo que va a hacer es destruir España, evidentemente es muy difícil que yo acepte dejarle el poder. Además, Abascal defiende que la soberanía no reside en el pueblo, sino en la “nación española”, que estaría formada por los que ya han muerto, por los que viven y por los que van a nacer. Evidentemente, ese concepto es absolutamente antidemocrático.

Dedica el anexo del libro a hablar sobre El Yunque, ¿qué es?

El Yunque es una secta integrista, católica y secreta que nace en México en los años 50, que se infiltra en asociaciones empresariales, sociales y en partidos políticos. Llega a España a principios de los años 80. Es una organización cuyos miembros están obligados a mentir cuando se les pregunta por su pertenencia y a negar la existencia de esta organización. Ha intentado meterse en España en medios de comunicación, en instituciones, en partidos, etc. Sobre todo en organizaciones católicas.

¿Cuál es su relación con Vox?

Hay una sentencia que dice que hay miembros de Hazte Oír que pertenecen al Yunque. Y luego hay testimonios, declaraciones, sospechas sobre quién pertenece o no. En 2010, el cardenal Rouco Varela les dice que la doctrina de la Iglesia prohíbe que haya una organización católica y secreta y que tienen que inscribirse en el Ministerio del Interior. Cuando van a registrarse, en sus estatutos como “Organización del bien común” dicen que son “la representación del Yunque en España”, la organización mexicana El Yunque en nuestro país. Pero el señor del Registro de Asociaciones del Ministerio del Interior, con un criterio burocrático, les dice que tienen que demostrar esa vinculación, acreditarla. Y ellos, entonces, suprimen ese artículo de sus estatutos. Ese artículo que figuraba originalmente en los estatutos ya no figura.

Sí que sabemos que esa “Organización del bien común”, como se llamaron, es el Yunque. Bueno, pues los estatutos lo firman cuatro personas y podemos acreditar documentalmente que esas cuatro personas pertenecen a El Yunque. Una de esas cuatro personas es Liberto Senderos, número 53 de la lista de Vox por Barcelona en las elecciones catalanas. Evidentemente parece que hay una vinculación.

El periodista Miguel González ha pasado ocho años cubriendo a Vox, o al menos intentándolo. Entre los vetos del partido, al que no le gustan los periodistas que no le hacen propaganda, González ha seguido el nacimiento de la formación, su travesía por el desierto después de 2014 y su irrupción en la política nacional en 2018. Durante todo ese tiempo, Vox ha ido configurando un armazón ideológico que el periodista de El País define como reaccionario y que tiene modelos a seguir como la Rusia de Vladimir Putin o la Hungría de Viktor Orbán.

Pero, además, González se ha adentrado en las sombras del partido. Como sus cuentas, repletas de millones de donaciones de dudosa procedencia o de tratos cuestionables con sus grupos municipales; o su democracia interna, dilapidada paso a paso desde 2020; o su aspecto más desconocido, la relación con la secta El Yunque.

Toda esa información la ha reunido en 'Vox S.A, el negocio del patriotismo español' (Península), que se erige como un manual completo para entender cómo se monta Vox cuando su líder, Santiago Abascal, se queda sin su sueldo público, qué defiende y de dónde salen sus ideas, y cómo ha llegado hasta las instituciones. Y contiene además una advertencia: “Yo creo que si Vox llegara al poder, intentaría no dejar el poder”.

¿Vox es un partido fascista?

Yo creo que no, si entendemos por fascismo lo que es el fascismo histórico. El error es ponerle etiquetas, que no funcionan porque se ha producido un fenómeno que es la hooliganización de la política. Los seguidores de los partidos son como hooligans, da igual si tu equipo hace juego sucio, pega patadas, lo que quieres es que gane. Lo que te digan los del resto de equipos te da igual. Ponerle etiquetas es un error, porque rebotan.

¿Y es democrático?

No, Vox no es un partido democrático. No lo es porque ha acabado con la democracia interna. Hace poco culminó el proceso de supresión de la democracia interna en Vox. Empezó con la eliminación en 2019 de las elecciones primarias para elegir a los candidatos a cargos públicos, que elegía el Comité Ejecutivo Nacional a propuesta de los comités provinciales. A finales de febrero se votó la reforma de los estatutos para suprimir también las elecciones primarias a esos comités, las únicas elecciones internas que quedaban. Ahora los elige la dirección nacional.

Sucede algo similar con la elección de Abascal, ¿no?

De hecho, Abascal no ha sido votado. En 2020 se iba a elegir a la dirección de Vox por cuatro años. Para poder presentarte, tienes que tener el aval del 10% de los afiliados. Se presenta Abascal y un militante de Vox en canarias que se llama Carmelo González. De pronto, el Comité Electoral, que es el Comité de Garantías, dice que el único que ha reunido el 10% de los avales necesario para presentarse es Abascal. Pero no dice cuántos avales ha obtenido; y dice que Carmelo González no ha obtenido el 10%, pero tampoco le dice al propio Carmelo González cuántos avales ha conseguido.

Esto está controlado por un Comité de Garantías del que forma parte Marta Castro, que es la secretaria jurídica de Vox, que integra la candidatura de Abascal. La misma persona que forma parte de una de las dos candidaturas está en ese comité electoral que decide si se admite o no se admite a la candidatura rival. Hay un control absoluto.

¿Abascal se podía haber sometido a votación aunque fuera el único candidato?

Sí, igual que ha sucedido ahora con Alberto Núñez Feijóo en el PP. Pero Abascal no quiso someterse a votación, Abascal no ha sido votado.

Abascal fundó Vox tras quedarse sin los 83.000 euros de dinero público que percibía de un organismo de la Comunidad de Madrid. ¿Fue la creación de Vox una vía para proveer a Abascal de un sueldo?

Nada mas irse de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social entra como secretario general de Vox con un sueldo de 3.500 euros al mes. Eso ocurre en marzo de 2014, cuando se celebra el primer congreso de Vox. Pero es que en septiembre Abascal ya se convirtió en presidente de Vox y entonces el sueldo que cobra es de 6.137 euros brutos al mes. Estamos hablando de un partido que tiene en ese momento solo unos 22 concejales. No tienen ingresos públicos de ningún género y se supone que es un movimiento patriótico altruista. Y el presidente se pone a sí mismo un sueldo de más de 6.000 euros al mes.

En su fundación, Vox no hacía referencia a la violencia de género, los derechos, la inmigración o la memoria histórica. ¿Cómo se fue generando toda esa ideología reaccionaria?

Cuando Vox se funda nace como lo que ellos llaman el PP auténtico, es decir, lo que consideran que era el PP antes de Mariano Rajoy. Abascal tiene discrepancias con Vidal-Quadras y cuando este se va, el líder de Vox dice que se “liberaron de un corsé” y pudieron empezar a ser como realmente eran. El primer acto que protagoniza después de ser elegido presidente es una manifestación antiabortista convocada por Hazte Oír y sectores más ultraconservadores. Él encuentra ahí el respaldo de esos sectores y va evolucionando ideológicamente en función de los huecos que va encontrando.

¿Cuál es su ideología entonces?

Yo no creo que Abascal sea ni integrista, ni fascista, ni nada de eso. Creo que es un señor que ha ido buscándose un hueco. Hay gente falangista en Vox, por supuesto, hay gente ultraconservadora y gente integrista. También hay gente puramente democrática. Pero yo creo que Abascal es un señor que simplemente va maniobrando y tiene el olfato de ir buscando en cada momento su hueco.

En el libro dedica algunas partes a las finanzas del partido. Vox tuvo unos beneficios de más de cinco millones de euros en 2019; si fuera una empresa, sería muy rentable, ¿cómo se explican esos números?

En este momento el patrimonio es de 10 millones de euros acumulados desde 2018. Hay que recordar que Vox nace con un millón de euros que pone Vidal-Quadras y que vienen del Consejo de Resistencia Iraní. La explicación que da es que él los había apoyado desde el Parlamento Europeo para que salieran de la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado Americano y que están muy agradecidos por su apoyo. Cuando se va a Vidal-Quadras, claro, se acaba el millón de euros.

Pero a pesar de eso, Vox antes de entrar en las instituciones tiene donativos, donaciones de más de un millón de euros. Más donaciones que el PP o el PSOE, siendo un partido que no tiene cargos públicos. Esas donaciones, curiosamente, empiezan a caer en picado cuando Vox entra en las instituciones. Una de dos: o se ha reducido el entusiasmo que despierta a Vox o es que ahora el Tribunal de Cuentas fiscaliza las cuentas de Vox.

Sus cuentas son absolutamente opacas y ha instalado un sistema por el cual todo el dinero va a la sede central y la estructura territorial es prácticamente inexistente, con poquísimos gastos.

¿Te refieres a las subvenciones que reciben los grupos municipales y autonómicos?

Vox, al principio, intenta que todo el dinero que reciben los grupos municipales y de parlamentos autonómicos vayan al órgano central. Eso es abiertamente ilegal. Ahora ha ideado un procedimiento con el cual tiene una especie de convenios de colaboración del órgano central con los grupos parlamentario y municipales. De tal manera que el órgano central le presta servicios y los grupos pagan. Es un negocio entre ellos. No sabemos con detalle cómo funciona ese sistema que han instaurado ahora, pero desde el principio su obsesión ha sido controlar todos los fondos.

Vox ha rechazado en Castilla y León la consejería de Sanidad, ¿le tienen miedo a gestionar una cartera de tanta dificultad?

A Vox y a Abascal, Castilla y León no les importa nada en absoluto. Les importa en la medida en que eso sea un paso para acercarse o no a La Moncloa. Si ellos hubieran considerado que quedarse en la oposición en Castilla y León les era más favorable para las elecciones generales, se hubieran quedado en la oposición. Ahora han decidido gobernar porque se han dado cuenta de que todavía hay un gran recelo en una buena parte de la sociedad española a ver a Vox en el Gobierno. El objetivo de Vox en Castilla y León es quitar ese miedo, es decir, que la gente vea como algo normal que Vox gobierne. Las consejerías les son un poco indiferentes. Mejor, efectivamente, no meterse en algo que pueda provocar problemas.

Cambiado de tema hacia Rusia, en el libro cuenta que Putin quiso reunirse con Abascal, que él renunció en el último momento, pero que nunca ha querido romper del todo los puentes con Moscú. ¿Por qué ha mantenido ese equilibrio?

Primero, hay una afinidad ideológica innegable entre Abascal y Putin. Putin, que es un oportunista, se ha unido a los sectores más ultraconservadores para mantener el poder. Putin rechaza el matrimonio homosexual, ha despenalizado al hombre que maltrata a su esposa siempre y cuando no le cause lesiones y es un ultranacionalista, exactamente igual que lo es Abascal.

Abascal tuvo un acercamiento en 2017 a Le Pen y Salvini, la derecha europea más afín a Putin. Pero luego el vínculo con Le Pen se pierde y el acercamiento de Salvini al independentismo catalán rompe también esa alianza, no hay sintonía. Entonces empieza a acercarse a los ultraconservadores polacos, que tienen una desconfianza histórica hacia Putin. Es por eso que, por prudencia, él anula esa entrevista, pero no condena a Putin, mantiene ese equilibrio. Hasta que estalla la guerra y no le queda más opción.

Ese acercamiento a Polonia y a Hungría ha motivado una fuerte alianza con gobiernos de ideología ultra y que están llevando a cabo una brutal restricción de derechos en sus países

Yo creo que si Vox llegara al poder, intentará no dejar el poder. Creo que bloquearía la alternancia política, porque se mira en modelos como Orbán o Polonia. Pero más allá de los modelos, yo creo que hay otro factor y es uno de los elementos que ha metido Vox en el debate político: el uso del término 'enemigo'. Vox habla de enemigos y dice que Sánchez es un traidor. Si yo creo que quien me va a suceder es un traidor, que lo que va a hacer es destruir España, evidentemente es muy difícil que yo acepte dejarle el poder. Además, Abascal defiende que la soberanía no reside en el pueblo, sino en la “nación española”, que estaría formada por los que ya han muerto, por los que viven y por los que van a nacer. Evidentemente, ese concepto es absolutamente antidemocrático.

Dedica el anexo del libro a hablar sobre El Yunque, ¿qué es?

El Yunque es una secta integrista, católica y secreta que nace en México en los años 50, que se infiltra en asociaciones empresariales, sociales y en partidos políticos. Llega a España a principios de los años 80. Es una organización cuyos miembros están obligados a mentir cuando se les pregunta por su pertenencia y a negar la existencia de esta organización. Ha intentado meterse en España en medios de comunicación, en instituciones, en partidos, etc. Sobre todo en organizaciones católicas.

¿Cuál es su relación con Vox?

Hay una sentencia que dice que hay miembros de Hazte Oír que pertenecen al Yunque. Y luego hay testimonios, declaraciones, sospechas sobre quién pertenece o no. En 2010, el cardenal Rouco Varela les dice que la doctrina de la Iglesia prohíbe que haya una organización católica y secreta y que tienen que inscribirse en el Ministerio del Interior. Cuando van a registrarse, en sus estatutos como “Organización del bien común” dicen que son “la representación del Yunque en España”, la organización mexicana El Yunque en nuestro país. Pero el señor del Registro de Asociaciones del Ministerio del Interior, con un criterio burocrático, les dice que tienen que demostrar esa vinculación, acreditarla. Y ellos, entonces, suprimen ese artículo de sus estatutos. Ese artículo que figuraba originalmente en los estatutos ya no figura.

Sí que sabemos que esa “Organización del bien común”, como se llamaron, es el Yunque. Bueno, pues los estatutos lo firman cuatro personas y podemos acreditar documentalmente que esas cuatro personas pertenecen a El Yunque. Una de esas cuatro personas es Liberto Senderos, número 53 de la lista de Vox por Barcelona en las elecciones catalanas. Evidentemente parece que hay una vinculación.

El periodista Miguel González ha pasado ocho años cubriendo a Vox, o al menos intentándolo. Entre los vetos del partido, al que no le gustan los periodistas que no le hacen propaganda, González ha seguido el nacimiento de la formación, su travesía por el desierto después de 2014 y su irrupción en la política nacional en 2018. Durante todo ese tiempo, Vox ha ido configurando un armazón ideológico que el periodista de El País define como reaccionario y que tiene modelos a seguir como la Rusia de Vladimir Putin o la Hungría de Viktor Orbán.

Pero, además, González se ha adentrado en las sombras del partido. Como sus cuentas, repletas de millones de donaciones de dudosa procedencia o de tratos cuestionables con sus grupos municipales; o su democracia interna, dilapidada paso a paso desde 2020; o su aspecto más desconocido, la relación con la secta El Yunque.