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CRÓNICA

El PP busca mujeres con burka para poder acercarse (sin éxito) a Vox

17 de febrero de 2026 22:34 h

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Ester Muñoz, del Partido Popular, creía tener la prueba definitiva de la hipocresía de la izquierda. En el pleno en que se debatía la proposición de ley para prohibir en España el burka y el niqab, mostró una foto de una calle de Barcelona con cuatro mujeres que van juntas, todas ellas enfundadas de negro, es decir, con una abaya –la túnica holgada que cubre el cuerpo– y el niqab –un velo que cubre la cabeza y la cara, excepto los ojos–. No dijo qué calle era, pero presentó la imagen como evidencia de que en España es fácil encontrar a mujeres vestidas así.

La foto está hecha en el Passeig de Gràcia, una de las principales avenidas de Barcelona, llena de turistas y tiendas de lujo. Se hizo junto al número 3, donde está precisamente el consulado de Qatar. El niqab es una prenda bastante habitual en los países del Golfo Pérsico, como Arabia Saudí, Emiratos Árabes o Qatar. Para responder a los que le habían dicho en redes sociales que es muy raro ver a una mujer en España con la cara totalmente cubierta, a menos que sean turistas del Golfo Pérsico o de otro país árabe, Muñoz dijo: “Pásense por el centro de Madrid. Es rara la semana en que no me cruzo con una mujer tapada íntegramente por la calle”. Debe de ser la única persona que ve a mujeres con niqab con frecuencia en Madrid, pero ella afirmó luego que la gente de izquierda no lo sabe porque vive en “barrios de pijos”. Por cosas como esta, los diputados de Vox aplaudieron con entusiasmo a Muñoz.

En mitad de las difíciles negociaciones con Vox para formar gobierno en Extremadura y Aragón, el PP utilizó la proposición para sostener que sí hay asuntos en los que puede coincidir con el partido de extrema derecha, y el del veto al burka y niqab es uno de ellos. Se trata de “un símbolo de opresión y de sumisión”, avisó Muñoz. “En España, la mujer no se somete al padre. Sólo se somete a la ley”, dijo la portavoz del PP.

No ocurría así con el aborto. Su partido se opuso al derecho de las jóvenes de 16 y 17 años a abortar sin necesidad de la autorización de sus padres.

A Muñoz le interesaba más relacionar a la izquierda con el integrismo islámico. Sostuvo que es indefendible que la izquierda diga que el velo integral es progreso. Nadie en la izquierda ha dicho eso.

La propuesta de Vox cuenta en su exposición de motivos con sus declaraciones xenófobas habituales sobre “la llegada masiva de inmigrantes de países con fuerte influencia islamista” y el hecho de que “algunas de esas personas pretenden imponer las costumbres islamistas en el espacio público de dichos países”, lo que es un peligro para “la civilización europea”. No emplea la palabra 'invasión', pero ya ha aparecido en muchas de sus declaraciones públicas.

La proposición salió derrotada con los votos de la izquierda, el PNV y Junts. El partido catalán alegó que está tanto en contra del burka como de Vox y de sus razones aducidas para la prohibición.

“Toda prenda que simbolice la sumisión de la mujer debe desaparecer del espacio público”, dijo Blanca Armario, de Vox. De inmediato, dio otros ejemplos que no tienen nada que ver con los derechos de la mujer, como el hecho de que en algunos colegios esté disponible un menú halal para los alumnos musulmanes. “España obedece de rodillas a la imposición del islam”, continuó, lo que demuestra que el rechazo a cualquier tipo de vestimenta de origen islámico tiene que ver con su oposición a la inmigración.

Armario y Muñoz citaron los países europeos que han prohibido el niqab y el burka (este último se usa en Afganistán por imposición de los talibanes y en algunas zonas de Pakistán). El primero fue Francia en 2011. Lo que no dijeron es que esa medida se inspiraba en el laicismo, un elemento esencial de la Francia republicana, que nunca estarían dispuestas a aceptar en España, porque afecta en teoría a todas las religiones.

Las portavoces de la izquierda resaltaron que los promotores del veto sólo se preocupan por la vestimenta de las inmigrantes, pero no de sus derechos. “Si quieren defender los derechos de la mujer, deberían defender que reciban papeles para no ser explotadas”, dijo Noemí Santana, de Podemos. Sobre la regularización de las inmigrantes, sin la cual están a merced de los abusos, Esther Gil, de Sumar, resaltó que “a esas mujeres pobres no les interesa protegerlas”. Gil se preguntó cómo pueden defender la dignidad de las mujeres aquellos que “niegan la violencia machista”.

Pilar Vallugera, de Esquerra, mencionó el caso del aborto. Reprochó a Vox que apoye a los grupos “que presionan a las mujeres que ejercen el derecho al aborto” y se preguntó cómo van a integrar a las mujeres diciéndoles que van a meter en la cárcel a su familia.

La presión familiar con la que se impone a las hijas una determinada vestimenta siempre ha existido y es evidente que ocurre en el entorno de las familias musulmanas. El Estado lo tiene difícil para entrar en esas casas y saber si se adopta de forma voluntaria. Es frecuente que muchas de las hijas lleven el hiyab –el pañuelo que cubre el pelo, pero no la cara– y algunas lo hacen voluntariamente y otras obligadas por los padres. Pero el Estado no puede dictaminar que es obligatorio que se vea el pelo de una mujer. Con el niqab y el burka es diferente, pero no es un fenómeno habitual en la sociedad española.

El Gobierno de Ceuta, presidido por el PP, reiteró el martes que rechaza prohibir el uso de símbolos religiosos. El portavoz del Ejecutivo se remitió a la decisión del pleno en 2025 de “expresar la repulsa y rechazo a cualquier tipo de propuestas que pretendan prohibir el uso del hiyab y demás símbolos religiosos personales en los espacios públicos”.

“Todo atuendo destinado a ocultar la identidad de las mujeres es rechazable”, dijo la socialista Andrea Fernández en el pleno. “No queremos para otras lo que no queremos para nosotras”. Eso no debe llevar a aceptar “su racismo, la xenofobia y el supremacismo”, dijo. Recordó que una de las consecuencias de la prohibición en Francia fue que el 30% de las alumnas “desapareció de la escuela pública”.

Es un peligro que apuntó el Tribunal Supremo español en una sentencia de 2013 al destacar “el riesgo del efecto perverso que pueda derivarse de la misma (el veto): el enclaustramiento de la mujer en su entorno familiar inmediato, si decide anteponer a otras consideraciones sus convicciones religiosas”. El tribunal anuló la prohibición del uso del velo completo en las instalaciones del Ayuntamiento de Lleida por la inexistencia de una ley que lo permitiera.

Un argumento mucho más débil en contra de la medida de Vox fue el que utilizó Patxi López en una rueda de la prensa por la mañana, y similar al que hizo Yolanda Díaz. Dijo que la propuesta era “contraria a la Constitución cuando la Carta Magna lo que consagra es la libertad religiosa”. Esto último es cierto en un sentido literal, pero el Estado puede establecer límites a la libertad religiosa. Lo hace en realidad con todos los derechos.

En la derecha y la extrema derecha se ha oído muchas veces que los padres tienen derecho a elegir lo que se enseña a sus hijos, en especial cuando surge el tema de la educación sexual, y que el Estado no se puede inmiscuir. Es otro argumento fácilmente rebatible.

“El velo integral es una mujer obligada a caminar entre nosotros sin rostro ni identidad reconocible”, dijo Ester Muñoz en una frase que podrían compartir las portavoces de la izquierda que rechazaron la propuesta de Vox. Es lo que dijo Andrea Fernández.

Si el PP aspiraba a que los de Vox valoraran su apoyo a la proposición, pronto descubrió que no le iba a servir de mucho. Ya habían conseguido lo que querían, obligar al PP a seguir sus pasos sin que eso les impidiera criticarle al mismo tiempo. Lo que hizo el partido de Santiago Abascal en Twitter fue burlarse del PP y de sus diferentes posiciones, a saber, María Guardiola, el PP gallego, Ester Muñoz y el PP de Ceuta. A la hora de repudiar a todos los extranjeros, nadie podrá ir tan lejos como Vox.