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Sospechas en un hemiciclo roto

Madrid —

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Antonio del Rey

Madrid, 18 jun (EFE).- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha tenido que atravesar esta mañana un calvario parlamentario en el Congreso de nerviosismo, palabras gruesas y gritos de dimisión en el que su principal oponente, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha sembrado el virus de la sospecha, a la espera de cuatro votos rebeldes.

Como en los partidos de fútbol en los momentos en que cualquier cosa puede pasar, el hemiciclo estaba hoy roto, y no solo en sus clásicas dos mitades -la de los grupos que apoyan a Sánchez y los que le repudian- sino en más porciones porque hasta los socios con los que estos días trata de recomponer relación se muestran disgustados.

La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, no ha acudido al Pleno, como tampoco otros dos ministros de Sumar, Ernest Urtasun y Sira Rego, y los que sí lo han hecho para contestar preguntas (Mónica García y Carlos Bustinduy) han sido extremadamente pacatos y ni han aplaudido a Pedro Sánchez cuando los socialistas del resto de Gabinete se han volcado con él.

En una vuelta de tuerca más al ya tenso ambiente con el que discurre desde hace meses la legislatura, este miércoles se ha escuchado de todo en la sesión de control.

Feijóo ha tachado a Sánchez de “lobo de la manada corrupta”, el presidente le ha replicado describiendo al PP como una “enciclopedia de corrupción” y el líder de Vox, Santiago Abascal, le ha espetado que es “un corrupto y un traidor” para, acto seguido, marcharse del hemiciclo soltándole de camino un “indecente” en su misma cara.

Pero el proyectil que guardaba Feijóo en el papel donde llevaba escrita su pregunta era de largo alcance, referido a la moción de censura a la que Sánchez le reta desde que el caso Koldo saltó por los aires con el informe de la UCO.

“No me faltan ganas, me faltan cuatro votos. Si aparecen, no lo dudaré ni un instante. Quién sabe si aparecerán, porque Ábalos fue el principio pero Cerdán no será el final”, ha deslizado para citar por sus siglas a los socios a los que Sánchez está “intentando comprar” y a los que sigue invitando a abandonarle: PNV, Junts, ERC, BNG...

Él sí ha podido explicarse en silencio, no así Sánchez, hoy sometido a un continuo escándalo de voces, gritos, gestos y reproches de todo tipo emitidos desde las bancadas del PP y Vox, que casi hacía inaudible su defensa de la limpieza del PSOE frente a las muchas condenas por corrupción de los populares que se ha esforzado en detallar.

La presidenta de la Cámara, Francina Armengol, se las ha visto y deseado para mantener el orden, pero nada ha podido evitar que las voces de “¡dimisión!, ¡dimisión!” iniciadas al unísono desde las filas del PP, acompañadas al ritmo con golpes en los escaños y patadas en el suelo, sonaran en atronadora mayoría, como un sentencia.

El secretario de Organización del PSOE Santos Cerdán, eslabón junto a José Luis Ábalos de la presunta trama corrupta del caso Koldo, fue obsequiado con esos mismos gritos hace menos de una semana a su llegada al Pleno del jueves pasado, y hoy ya no es ni cargo del PSOE, ni militante, ni tampoco diputado.

Ante la tormenta que se le ha venido encima al presidente Sánchez, los socialistas han reaccionado también con aplausos.

Y si Feijóo ha sido largamente aclamado por todos sus diputados puestos en pie al rematar su pregunta a Sánchez, los del PSOE han replicado a la estruendosa exigencia de dimisión del mismo modo. Feijóo se levantó para saludar, sonriente, a los suyos. Sánchez no.

El portavoz del PP, Miguel Tellado, ha recordado después que el diario británico The Times le ha llamado “don Teflón”, un apodo que se usaba para un mafioso neoyorquino por su capacidad para eludir a la Justicia, como las sartenes antiadherentes que llevan ese producto.

Tras media hora en el Congreso, un solitario Sánchez que ya no abandona jamás el gesto serio se ha marchado del hemiciclo donde hoy Feijóo le ha regalado la sombra de una duda.