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ANÁLISIS

Yolanda Díaz da un paso al lado en Sumar, ¿y ahora qué?

Yolanda Díaz, junto a la cabeza de lista de Sumar a las europeas, Estrella Galán, y el coordinador federal de Izquierda Unida, Antonio Maillo, en un acto en Sevilla.

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“Ci si salva e si va avanti se si agisce insieme e non solo uno per uno”. Es decir: “'Nos salvamos y avanzamos si actuamos juntos y no de uno en uno”. La frase es de Enrico Berlinguer, el histórico líder del PCI de cuyo fallecimiento se han cumplido 40 años este martes, 24 horas después de que Yolanda Díaz diera un paso al lado como líder del partido Sumar –llamado Movimiento Sumar–, lo cual abre un nuevo tiempo en la configuración del espacio político a la izquierda del PSOE.

Díaz llevaba tiempo madurando la decisión, y la última semana de campaña fue determinante, anunciaba un tiempo difícil en la interna del espacio. Sensación que se vio ratificada con el resultado por debajo de las expectativas, de tres escaños, mientras Podemos entraba con dos, lo que venía a redefinir la correlación entre los dos actores.

El domingo por la noche estuvo hablando hasta altas horas de la madrugada con sus más estrechos colaboradores, hasta que llegó a la decisión de dejar la coordinación del partido Sumar. A partir de ahí, el lunes desde primera hora se puso a trabajar en el discurso que quería comunicar.

Canceló la comida semanal que mantiene todos los lunes en el Ministerio de Trabajo con el resto de ministros del espacio Sumar y acudió a la reunión de la ejecutiva del partido Sumar. La reunión arrancó con una sucesión de intervenciones críticas con el resultado electoral del 9J. La vicepresidenta cerró la ronda con un discurso autocrítico que terminó con el anuncio de su decisión. Hubo voces que le pidieron seguir, y otras que la aplaudieron. Pero ya no había marcha atrás: la decisión estaba tomada, y había una sala reservada en el Círculo de Bellas Artes para hacer el vídeo que luego se emitiría en streaming.

“Ha sido una decisión muy personal”, explican personas de su entorno más próximo: “La cruz se la ha sacado de en medio, es un alivio, y está determinada a trabajar a fondo en el Gobierno”.

“Los políticos son personas”, tercia otra persona cercana a la vicepresidenta: “Y abre la oportunidad a hacer las cosas mejor. Ha tomado una decisión a nivel personal, y le queda mucho por hacer en el gobierno. Se trata también de protegerla de polémicas internas. Asume y marca la línea: abre el debate de cómo funcionar, mientras la agenda del gobierno prosigue”.

¿Y se presentará a las próximas elecciones? “Podría ser candidata”, responde alguien que conoce bien a la vicepresidenta.

La marcha de la vicepresidenta de la coordinación del partido Sumar para centrarse en el Gobierno –tampoco deja la presidencia del grupo parlamentario– es una asunción de los resultados electorales de las elecciones europeas y, también, de las críticas recibidas por el funcionamiento del espacio Sumar en los últimos meses. Pero también deja paso a que los partidos integrantes de la coalición Sumar asuman un papel más relevante del que han tenido hasta ahora en la articulación del espacio político y en la toma de decisiones. “Ahora entramos en una nueva etapa donde quizá la el protagonismo lo vamos a tener las formaciones políticas que lo integran”, decía Antonio Maíllo el lunes por la noche en la Cadena Ser: “Existe la necesidad de crear un espacio mucho más horizontal y de igualdad entre los actores que formamos parte del proyecto. No estoy hablando de que la marca Sumar esté superada, estoy hablando de la concepción que tenía Sumar como un movimiento aglutinador; está claro que hay una nueva etapa, en la que democráticamente y de una manera horizontal y fraternal vamos a seguir construyendo”.

¿Y ahora qué? La incipiente articulación del partido Sumar como movimiento que incluyera otros partidos tal y como se estaba entendiendo cambia. La líder del espacio ya no lo será de una parte de él –el partido Sumar–, lo cual tendrá un efecto dominó cuyo final está por hacerse. Y se hará día a día por los diferentes actores. Rita Maestre, líder de Más Madrid en la capital, partido que tiene el Ministerio de Sanidad tras haber concurrido el 23J con la coalición Sumar, ha dicho: “Es una organización política distinta en la que nosotros ni estamos, ni vamos a estar, ni hemos estado nunca”. Y añade un comunicado del partido: “Desde aquí les deseamos toda la suerte y aciertos en esta nueva etapa, con el deseo de seguir colaborando estrechamente en el marco de la coalición que sostiene al Gobierno progresista”.

Compromís, que logró un eurodiputado el domingo pasado en las listas de la coalición Sumar a las europeas, también ha querido marcar distancia con la interna del partido Sumar: “Nosotros no formamos parte de Sumar, Compromís es un proyecto autónomo”, ha dicho Joan Baldoví.

“Nos salvamos y avanzamos si actuamos juntos y no de uno en uno”, decía Berlinguer, en 1981, en aquella conversación con jóvenes comunistas italianos. Y es lo que está ahora en juego en el espacio a la izquierda del PSOE, que vivió un proceso de acumulación de fuerzas y votos desde el 15M y la irrupción de Podemos y las confluencias municipales en 2014 que alcanzó 6 millones de votos el 20D de 2015 y el 24% –entre Podemos e IU–. Este domingo, entre la coalición Sumar y Podemos se llegó al 8% raspado: hace 10 años, en las europeas de 2014, el porcentaje fue del 18%.

En el horizonte, algunos piensan también en la reconciliación con Podemos, teniendo en cuenta que la siguiente cita electoral es en 2026 en Castilla y León, y en Andalucía, allá donde en 2022 ya no se concurrió con la marca Unidas Podemos y supuso el inicio del divorcio entre Podemos e IU, a raíz de un pacto electoral in extremis al que se incorporaba Más País en una candidatura encabezada por Inma Nieto (IU) que acabó sacando cinco escaños –uno para IU, otro para MP y tres para Podemos–.

La siguiente cita será en 2027, con las municipales y autonómicas, donde Podemos e IU firmaron más coaliciones electorales en 2023 que en 2019 que estarían pendientes de revalidar. “Apelamos a un debate honesto y a una reflexión de todos los partidos de izquierda, tanto los que iban en la candidatura de Sumar como aquellos que iban en otras candidaturas”, decía Maíllo: “Tenemos una responsabilidad que es incorporar a gente que se ha sentido en el camino más alejada y desde nuestra tradición unitaria trabajar por los valores que nosotros defendemos”.

En Podemos, por su parte, van paso a paso. El ex secretario general y ex vicepresidente, Pablo iglesias, decía en Canal Red: “Podemos, a mi juicio, debe respirar, respetar los debates de los que fueron sus socios y seguir trabajando en las instituciones y en los movimientos sociales para seguir demostrándose que es una fuerza política y una fuerza ideológica útil”.

En todo caso, en Podemos afirman que “cualquier posibilidad de encuentro en el futuro vendrá determinado por las primarias abiertas a la ciudadanía, como ocurre ya en la izquierda de muchísimos países”, y muestran dudas de que “los partidos territoriales de Sumar estén interesados en confluir”, cosa que ya demostraron Más Madrid y Compromís en las autonómicas y municipales del 28 de mayo pasado.

“Podemos es el espacio que nace del movimiento de las calles –como en su día le pasó a IU– y su responsabilidad es mayor que la de cualquier otro partido”, escribe Juan Carlos Monedero en elDiario.es: “Por eso debe obrar desde la generosidad e intentar volver a ser la nave nodriza de la izquierda [...]. Y mientras tanto, y sabiendo que la noche del fascismo está cayendo sobre Europa, se trata de activar el ánimo de recomenzar y volver a ser esa fuerza política que asaltó los cielos de la política sonriendo, haciendo ruido y movilizando a millones”.

“A pesar de que se logró una candidatura única para las elecciones generales de 2023, que además permitió salvar el gobierno de coalición y frenar a la ultraderecha, el proyecto carecía de combustible suficiente”, reflexiona Alberto Garzón en un artículo en elDiario.es: “El veto a Irene Montero, la incomodidad de los partidos, la marcha de Podemos del grupo parlamentario el año pasado y la confrontación electoral de los últimos meses, todo lo cual se elevaba ya sobre un fondo de guerra fría, apuntaba al fracaso de este intento de reencuentro. Finalmente, la dimisión de Díaz como coordinadora del partido Sumar supone el reconocimiento orgánico de este punto”.

“Las tareas son tan grandes que no permiten prolongar el inicio”, explica Ramón Luque, histórico dirigente catalán de IU e EUiA, y persona que ha trabajado muchos años cerca de Yolanda Díaz: “Es antes el qué que el quién, y sociológicamente nunca como ahora está la gente dispuesta a darte tu apoyo si conectas con ella. No es como hace unos años, como pasó con Julio Anguita, que era el más valorado pero no se le votaba, ahora, cualquiera que conecte puede lograr el apoyo. Y en lo que pueda parecer un erial se abren horizontes de esperanza. Lo que sembremos se puede recoger en poco tiempo, hay que ponerse ya. La tarea de reconectar no se puede dilapidar más con los sucesivos eventos electorales. Y el espacio necesita reformularse y reconstruirse, de forma cooperativa, democrática y con igualdad de agentes”.

¿Partido Sumar sin Díaz?

Movimiento Sumar era el partido de Yolanda Díaz. ¿Puede existir sin ella al frente? Puede, entre otras cosas porque es el principal partido del grupo parlamentario, con lo que eso supone en recursos. Pero ya será distinto y tendrá nuevas dificultades. Como han expresado los partidos integrantes de la coalición electoral Sumar, ser la nave nodriza como lo fue en el pasado Podemos, en palabras de Juan Carlos Monedero, o el paraguas bajo el que los demás se cobijen: cada uno tendrá el suyo o tendrán otro común.

Mientras, Sumar podrá organizarse y definirse más como partido, acabar de estructurarse, y ser una parte más del todo, pero si apostara por buscar internamente un reemplazo con un nuevo liderazgo reconocible, tipo Iñigo Errejón, con aspiraciones de hegemonizar, podría generar movimientos en contra por algunos integrantes de la coalición, en tanto que no supone un liderazgo tan compartido como lo es Yolanda Díaz.

¿Qué harán el resto de partidos?

Ahora quedan por delante, en principio, hasta tres años hasta la nueva cita electoral, las municipales y autonómicas, lugar en el que en 2014 se construyó el éxito electoral de 2015, mientras estarán prevenidos para unas generales, en tanto que no parece sencillo aguantar la legislatura hasta el final.

En ese tiempo, los partidos pueden intentar centrarse en reconstruir el espacio para conservar una treintena de diputados que permitan evitar un Gobierno con Vox y Alvise determinando la mayoría por escasos votos: ya se ha visto lo decisivos que pueden ser un puñado de escaños, como los siete de Junts.

Y la salida de Díaz al frente del partido Sumar abre el paso a que los partidos asuman ese papel en el espacio, que en cada caso será diferente. Maíllo está moviéndose, y recuerda que IU primó la unidad cuando aceptó el número cuatro en las europeas: “Antepusimos la unidad a mayor división. No estábamos contentos con el número cuatro, pero antepusimos los intereses de la gente a la que queremos representar por encima de lo que pueden ser nuestros intereses de parte. Yo creo que la sociedad española y la izquierda nos lo reconoce”.

¿Y los comunes? Tienen el número dos de la lista a las europeas, Jaume Asens, que ha logrado entrar en el Parlamento Europeo, si bien la candidatura de Sumar ha sacado en Catalunya unos 102.000 –812.000 en toda España–, frente a los 110.000 de Podemos. Los comunes, el histórico espacio heredero del PSUC, que en las generales de 2015 y 2016 fue el más votado con Xavi Domènech como candidato en Catalunya y Pablo Iglesias en todo el Estado, logra el porcentaje de apoyo más bajo desde su fundación.

Más Madrid, por su parte, ha afirmado: “Las relaciones bilaterales entre formaciones políticas seguirán siendo necesarias, pero es el momento de pensar y actuar juntos y juntas. Por eso, desde Más Madrid llamamos a la convocatoria de una Mesa de la Coalición: el espacio en el que los movimientos y las organizaciones políticas nos sentamos a debatir y definir desde la autonomía y la horizontalidad el sentido y rumbo de nuestra cooperación y colaboración”.

Ramón Luque, persona conocedora de la situación, señala: “Los datos quitan las razones a cualquiera, no solo por las europeas, están también las autonómicas. Nadie tiene nada por derecho divino, nos debemos a la gente, hemos venido para servir a la gente, no para servirnos. Y hay límites en todos los actores, Podemos, el partido Sumar, comunes, Compromís, IU, Más Madrid, es una correlación de debilidades que debe conducir al trabajo sobre las potencialidades”.

“La tarea es apasionante y lo que tenemos enfrente es tan monstruoso que merecería la pena ponernos con todas las energías”, afirma Luque.

“Casa por casa, calle por calle”

Berlinguer, teórico del compromesso storico, acuñado tras el golpe de las derechas de Augusto Pinochet y la muerte de Salvador Allende en 1973, lideró un Partido Comunista Italiano que fue de alguna manera un partido popular, entendiendo lo popular como lo transversal, pretensión con la que irrumpió Podemos en 2014, empujado por la ola del 15M, y que quiso prolongar Yolanda Díaz, si bien hace diez años había una marea impugnatoria desde abajo y ahora esa impugnación viene desde el extremo derecho del tablero, como muestran los resultados europeos de este domingo.

Precisamente en plena campaña de las europeas de 1984, el 7 de junio, Berlinguer pronunció su último discurso, hace justo 40 años: “Y ahora compañeros, os invito a todos a comprometeros, en estos pocos días que nos separan de la votación, con el ímpetu que los comunistas siempre hemos demostrado en los momentos cruciales de la vida política. Trabajando todos, casa por casa, empresa por empresa, calle por calle, en diálogo con los ciudadanos, con la confianza de las batallas que hemos librado, por las propuestas que presentamos, por lo que hemos sido y somos, es posible ganar nuevos y más amplios apoyos para nuestras listas, para nuestra causa, que es la causa de la paz, de la libertad, del trabajo y del progreso de nuestra civilización”.

Berlinguer murió el 11 de junio de 1984, y aquel PCI logró, cinco días después de su muerte, 11,7 millones de votos (el 33%) y superó, así, por primera y única vez a la Democracia Cristiana (11,5 millones y 32,9%), empujado por el espíritu del líder recién fallecido.

Cuatro décadas después ya no hay rastro del PCI en Italia. La svolta della Bolognina de Achille Occhetto en 1989 tras la caída del Muro de Berlín, y cinco años después de aquel sorpasso europeo, describe el volantazo decisivo en el futuro del PCI y de la izquierda marxista organizada en Italia y en Europa. La svolta se culminó dos años después: en febrero de 1991 Occhetto entierra el PCI y alumbra una nueva formación, el PDS. Y el cambio de nombre de “la cosa”, con el tiempo, llevó a un cambio de identidad irreversible de “la propia cosa”: el PDS volvió a reconvertirse hasta terminar en el PD.

Italia es un espejo en el que se mira constantemente la izquierda española a la izquierda del PSOE: en un tiempo fue con admiración en ese PCI todopoderoso, y en otro con temor a que la izquierda heredera de la III Internacional y aquella que no se referencia en la familia socialdemócrata europea acabe como allí, pasando del Gobierno al extraparlamentarismo o la irrelevancia: el Partito della Rifondazione Comunista, que nació tras la disolución del PCI y con un tercio de su militancia y el apoyo de algunos dirigentes históricos, como Armando Cosutta, Fausto Bertinotti y Pietro Ingrao, entre otros, llegó, entre 2006 y 2008, a tener presencia en el Consejo de Ministros y a presidir la Cámara de Diputados. Pero ha terminado siendo extraparlamentario.

¿Qué pasará en España? Yolanda Díaz da un paso al lado en el partido Sumar, ¿y ahora qué? La respuesta esas preguntas las tiene la ciudadanía española con su voto, y dependerá de las decisiones que tomen los partidos del espacio político a la izquierda del PSOE tras el paso al lado en lo orgánico dado por la vicepresidenta.

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