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Manuel H. Martín: “Todavía hay muchas historias que contar de Sevilla al margen de los clichés”

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Alejandro Luque

Huelva —
22 de febrero de 2026 20:22 h

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Aunque es más conocido en el ámbito del cine, como director, productor y responsable del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, Manuel H. Martín ya empieza a hacerse un hueco en las letras andaluzas. Tras su debut, Rojo sangre, vuelve a la novela con Podemos ser héroes, una historia ambientada en Sevilla.

Onubense de 1980, Martín cree que escribir para el cine es muy distinto que cultivar la narrativa convencional. “Hay herramientas que pueden ser similares, sin embargo la escritura es una forma de creación tan solitaria como libre”, comenta. “Otra cosa tremendamente diferente es que la novela tiene menos limitaciones presupuestarias, piensas en escribir con todo lo que sea necesario para los personajes y el relato sin pasarte a pensar en número de figurantes, en minutos de animación o en cualquier otro detalle que depende de un enorme equipo de personas. El cine es una creación más colectiva, donde el resultado final depende de muchas personas, mientras que la novela, aunque tenga edición y corrección de terceros, es el resultado del trabajo del escritor”.

Respecto a su primera obra, Rojo sangre, comenta que “quizás podrían pertenecer al mismo universo narrativo. Rojo sangre transcurre en Río Tinto, un pueblo casi imaginario con un matiz rural y fantástico que deseo explorar en futuras obras, mientras que Podemos ser héroes se desarrolla en Sevilla. Sin embargo, a pesar de estas diferencias de contexto -urbano frente a rural-, ambas historias se unen por un hilo conductor: el aprecio por la cultura pop y pulp. A mí me gusta leer de todo y puedo pasar de Stephen King a Miguel Delibes”.

Penitencia y máscaras

En el caso concreto de Podemos ser héroes, el autor cita como referentes “desde el retrato oscuro de la naturaleza humana de las novelas de Jim Thompson o Patricia Highsmith, en la soledad y la alienación descrita en la película Taxi Driver, en las enigmáticas ilustraciones de Gustave Doré, en los vigilantes torturados de Frank Miller, en mezclar géneros y estilos, incluso musicales, desde las marchas de Semana Santa, las composiciones de Max Richter, Thelonious Monk o la música David Bowie”.

La historia está protagonizada por Iván, un chaval de 16 años obsesionado con los superhéroes, y Juan, un taxista que vive para trabajar y lleva años reprimiendo su lado más oscuro. “Los destinos de ambos van a colisionar. Iván, que se ha hecho su propio disfraz para guardar su identidad, ataca a Juan, su padre. Sin embargo, el enfrentamiento no acaba como él pensaba. Tras esa noche, se abren nuevos caminos y personajes en sus vidas, obligando a Juan e Iván a enfrentarse a sus propios villanos y demonios, a sus impulsos y obsesiones”, adelanta Martín. “Es un drama de venganza, con toques de thriller psicológico y fantasmagoría. Es la historia de un padre y un hijo unidos por la violencia y el inmenso dolor que genera”.

Para el escritor, superhéroes y Semana Santa “son mundos con mitología y universo propios que movilizan a una gran cantidad de seguidores. Al margen de creencias, hay quienes viven con fervor la experiencia de la Semana Santa y quienes disfrutan de eventos como la Comic-Con. Personalmente, respeto ambos ámbitos que, en el caso de la novela, representan refugios a los que se aferran los protagonistas y sus obsesiones”, dice. “Aunque hay cómics que han trascendido y ya son consideradas como grandes obras culturales, más allá de los clásicos como Watchmen o El regreso del caballero oscuro, aún es común, al igual que sucede con la Semana Santa, encontrarte con críticos hacia todo lo que sean superhéroes desde una perspectiva simplista. En mi novela, me resultó esencial fusionar las temáticas del martirio y la penitencia con la violencia propia de los vigilantes enmascarados. Será el lector quien juzgue el acierto o no de esta mezcla”.

Manuel H. Martín recuerda de paso que su experiencia en la Semana Santa se limita haber salido de pequeño como penitente de la Esperanza en Huelva. “Después, en la adolescencia, adopté una pose más iconoclasta. Afortunadamente, con los años, he llegado a valorar la Semana Santa como una experiencia artística muy particular, sobre todo en Andalucía. Además, me gustaría mencionar la influencia de una película y un personaje concretos en la novela. Siempre recordaré la devoción del personaje interpretado por Antonio de la Torre en Grupo 7. Una muestra de que se pueden mezclar Sevilla, el género negro y la fe”.

Novelas visuales

En cuanto a Sevilla, cree que “la ciudad ha sido explorada desde ópticas diversas por numerosos creadores, como los cineastas Alberto Rodríguez y Rafael Cobos. A esta visión de una Sevilla alejada del tópico, se suma mi propia experiencia personal con la ciudad. Aunque me crié en un barrio obrero de Huelva, he pasado más de la mitad de mi vida en Sevilla, donde llegué a los dieciocho años para estudiar audiovisuales. Desde entonces, he residido en varias áreas, incluyendo Triana, Nervión, la Macarena, el centro e incluso la zona del Aljarafe. He vivido la ciudad, que ahora, quizás debido a mi edad o al impacto del turismo, percibo muy distinta a la que conocí”.

Pero, ¿es posible eludir la Sevilla de postal? Para el autor, sí: “La creatividad, ya sea en el cine, el teatro o la literatura, no tiene límites, y creo que aún quedan muchas historias por contar desde una perspectiva diferente, lejos de clichés, el humor fácil o el esperpento. La problemática de la postal va más allá de lo creativo. Como sociedad necesitamos buscar soluciones al impacto del turismo masivo, al acceso a la vivienda y el alejamiento de residentes y negocios de toda la vida del centro de la ciudad. Empecé a escribir la novela en 2021, mucho antes del auge turístico de los últimos años. Si la escribiera ahora, este tema cobraría mucha más relevancia”.

Por último, cuando se le pregunta si ve esta novela adaptada a la pantalla, reconoce que sus dos novelas “son muy visuales y, en cierto modo, se originaron en proyectos que inicialmente concebí para escribir y dirigir. Pero medida que he ido escribiendo, mi enfoque es más literario que cinematográfico. Claro que me encantaría verlas adaptadas al cine, pero considero más enriquecedor que la adaptación, aunque pueda ser producida por mi productora y pueda contar con mi implicación en la escritura, corra a cargo de otros creadores. Al fin y al cabo, con Rojo sangre y Podemos ser héroes las historias que deseaba contar ya están contadas en formato papel”.

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