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ENTREVISTA

María Neira, directora de Salud Pública de la OMS: "Las decisiones basadas en el pánico no nos llevan a ningún sitio"

La responsable de Salud Pública de la OMS habla de la polémica cancelación del Mobile World Congress y las teorías sobre la falta de información: "El coronavirus no es propiedad de China"

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La directora de Salud Pública de la Organización Mundial de la Salud, María Neira. EFE

El teléfono de María Neira no para. La directora de Salud Pública de la Organización Mundial de la Salud se esmera estos días en una importante misión: lanzar un mensaje claro de tranquilidad y transparencia frente a la alarma que genera la epidemia de coronavirus. Mientras acaba de dar indicaciones en inglés a sus colaboradores en las oficinas de la OMS en Ginebra, contesta en español a eldiario.es sobre la polémica que ha generado la cancelación del Mobile World Congress en Barcelona. Esta española, nacida en Asturias, no se enfrenta a su primera epidemia. Ingresó en la organización como directora del departamento de Prevención y Erradicación de Enfermedades Infecciosas. Frente al recientemente bautizado Covid-19, lo tiene claro: "Este virus hay que tomárselo muy en serio. No hay que bajar la guardia. Pero para tomar decisiones proporcionadas y sabias, no inspiradas por el pánico, porque esas no nos llevan a ningún sitio".

¿Qué es lo que ha generado esta especie de pánico frente a la epidemia de coronavirus?

La palabra epidemia sigue funcionando como disparador del miedo. Por alguna razón tiene ese efecto en nuestras mentes, seguramente ligado al pasado, a las grandes plagas. Pero esos efectos son curiosos. Llevo muchos años trabajando en Salud Pública y cuando empecé me encargaba de epidemias como el cólera. Cada vez que había una epidemia grande en África, tenía todos los recursos para movilizar, ayuda, mandar material con aviones y fondos para lo que hiciera falta. Cuando terminaba la epidemia, yo pedía dinero para prevenir. Para producir suero de rehidratación oral en Kenia, por ejemplo. Nunca fui capaz de conseguirlo.

Es un efecto amplificado, pero de corta duración.

El miedo se expande rápido frente a algo que no se conoce. El tabaco está matando a siete millones de personas y cada vez hay más muertes por la contaminación del aire. Pero eso no genera el mismo efecto. En cualquier caso, ahí seguimos, también peleando para que se dé atención a eso.

¿El hecho de que el brote haya sido en China y haya sospechas por su transparencia en la información ha podido contribuir a este miedo?

Uno de los argumentos que se utilizan, efectivamente, es que China podría estar escondiendo información. Pero tenemos que tener en cuenta que en este momento resulta muy difícil esconder algo por más de unos días. Se podía, tal vez, ocultar una información en los tiempos de Chernóbil, pero ahora, con los teléfonos móviles y ante una situación tan evidente como esta, es muy complicado. No hay que perder la perspectiva. El virus no es propiedad de China, es propiedad de sí mismo, así que no se va a comportar diferente en China porque haya determinado régimen político.

¿Dónde cree que reside el verdadero peligro de este coronavirus?

Ante todo, es nuevo. Está claro que hasta que no tengamos la capacidad de entenderlo, de dominarlo y de tratarlo, pues evidentemente es un peligro. Un peligro del que no sabemos mucho, y entonces hay que prepararse siempre para lo peor. Esa es una regla básica de la gestión de emergencias. Un bombero tiene que tener los medios para apagar unos fuegos que seguramente nunca se van a producir. Esto es un poco lo mismo. Hay que tener una capacidad de respuesta y de reacción pensando en un escenario más grave, aunque jamás suceda.

De momento, el Covid-19 no tiene una letalidad especialmente alta.

Más del 80% de los pacientes que están en contacto con este virus respiratorio no desarrollan sintomatología o tienen síntomas muy leves. Otro pequeño porcentaje desarrolla otras patologías más graves, como la neumonía. La tasa de letalidad se encuentra por el momento alrededor del 2%, sobre todo en personas con una vulnerabilidad previa. Pero volvemos a lo anterior: el quid es que todavía no sabemos qué significa todo esto.

Por ejemplo, la gripe común tiene una tasa de letalidad baja. Pero si tienes muchas personas afectadas, esa tasa de letalidad ya se vuelve una cosa importante. Por eso tenemos 700.000 personas al año que mueren de gripe común.

¿Y cómo se actúa frente a un virus que no se conoce?

Lo que intentamos, desde el principio, es que no se extienda. Contenerlo, porque no tenemos ni vacuna ni tratamiento contra él.

¿Cuánto puede tardar esa vacuna?

Vamos a poner todos los medios para que se desarrolle lo más rápido posible, dentro de los requerimientos mínimos para una vacuna. Pero aun así, hasta dentro de un año o un año y medio no estará disponible.

¿Hay posibilidades de que haya otro brote y se pueda aplicar esa vacuna o estamos desarrollando algo que probablemente no vayamos a utilizar?

Todo el conocimiento sobre vacunas es siempre muy útil, incluso aunque apareciera otro virus diferente. Nos pasa con la vacuna de la influenza, la gripe común; cada año tenemos que rehacer sus componentes y la vacuna es distinta. No sabemos cómo se va a comportar este virus nuevo. Si va a tener una frecuencia estacional o en qué territorios va a tener mejor capacidad de extenderse. Todas son preguntas para las cuales todavía no tenemos respuesta.

¿El peligro es que se extienda a países con sistemas sanitarios deficientes que no puedan enfrentar una epidemia?

Efectivamente, podría tener unas consecuencias diferentes en otros países, en Estados con menos capacidad para afrontar una crisis sanitaria. Por ejemplo, en África o en Estados del sudeste asiático, donde los sistemas sanitarios son mucho más débiles, la población tiene un estado nutricional más deficiente o hay grupos más vulnerables. Eso nos preocupa, y mucho. Estamos mandando material a África, formando a personal de laboratorio, mandándoles lo necesario para hacer los diagnósticos y trabajando para asegurarnos de que se detecten los casos.

La alerta internacional la OMS ha generado decisiones políticas y económicas en muchos sitios que no iban en sintonía con las recomendaciones de la propia organización. ¿Se pueden controlar las consecuencias de una alerta sanitaria internacional?

La alerta se encuadra en el Reglamento Sanitario Internacional, que es un mecanismo legal firmado por todos los países miembros de la Organización Mundial de la Salud, que determina el compromiso de responder a esta llamada y a esa declaración. Los criterios para declararla se cumplían y por tanto la OMS tenía que hacerlo y especificar cuáles son las medidas que proponemos. Eso hemos hecho. Luego los países son soberanos si quieren ir a más.

Por ejemplo, nosotros por el momento no hemos recomendado restricciones de viaje, y hay países que las están aplicando. Incluso en algún momento podemos pedirles que justifiquen esas medidas, que en teoría no tendrían que prolongarse más de 48 horas.

¿Ha habido reacciones desproporcionadas?

Sí, totalmente. Ha habido incluso reacciones discriminatorias, que no siguen las líneas que se han propuesto para enfrentar esta epidemia. El Reglamento Sanitario Internacional habla de tomar medidas causando los mínimos trastornos en la economía y en las sociedad.

¿La cancelación del Mobile World Congress es un ejemplo de ello?

Nosotros no hemos hecho ningún tipo de recomendación de evitar concentraciones de personas en congresos o eventos. A partir de ahí, los países y las empresas privadas evidentemente pueden tomar las decisiones que quieran, eso escapa a nuestra competencias. Establecemos un criterio, y luego las personas, asociaciones o empresas hacen su propia evaluación de riesgo y deciden en función de eso.

Muchos países –incluida España– optaron por repatriar a sus ciudadanos desde China aunque la OMS no lo recomendaba.

Nosotros lo que dijimos es que no parecía necesario hacer estas repatriaciones, pero que aquellos países que quisieran, podían hacerlo. Han sido gobiernos con una capacidad económica alta y que podían asegurar el control y seguimiento de estas personas. Han puesto en marcha estas medidas porque su economía se lo permite y ha habido un seguimiento muy escrupuloso.

¿Cuál cree que podría ser la clave para bajar la intensidad del miedo que se está expandiendo?

Transparencia. Por nuestra parte, todas las noches hay una rueda de prensa y nuestra página web está recogiendo la información actualizada al minuto. La Organización Mundial de la Salud está ofreciendo la información más rigurosa y más actualizada de la que disponemos sobre este tema.

Hablando de ruedas de prensa, ¿cree que hubo un fallo de comunicación en la última rueda de prensa al comparar la enfermedad con un ataque terrorista?

Los que estuvieron en la rueda de prensa entendieron perfectamente el contexto. Se explicaba que el virus podía tener, además de las consecuencias sanitarias, consecuencias sociales y económicas generadas precisamente por el pánico. La comparación puede ser más o menos afortunada, pero ese impacto del que se hablaba creo que lo estamos viendo todos.

¿Cómo puede evolucionar la epidemia en los próximos meses?

Estamos observando cómo se comporta el virus fuera de China para ver la extensión que pueda llegar a tener el problema. Estamos siguiendo muy de cerca la situación en China, donde está el foco, pero ahora queremos ver cómo funciona fuera, por ejemplo con la transmisión. Tenemos acceso a estudios con todos los escenarios posibles. Pero es demasiado pronto para hacer ningún tipo de predicción.

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