Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La Audiencia de Madrid decidirá el futuro judicial de Begoña Gómez
Un cóctel de calor extremo y negligencias desata una ola de incendios
Opinión - 'Cuando el ciudadano deja de creer', por Esther Palomera
ANÁLISIS

De Ana Orantes a la superviviente de 'la manada': los casos que cambiaron la percepción de la violencia contra las mujeres

AnálisisRequena

1

Ana Orantes. Nevenka Fernández. Ángela González Carreño. Ruth Ortiz. Nagore Laffage. La superviviente de 'la manada'. Hay casos que marcan puntos de inflexión en la lucha contra las violencias machistas, historias que funcionan como un revulsivo social y que propician cambios de conciencia, de sentido común, de leyes y de recursos. El precio que pagan las protagonistas es muy alto, a veces la propia vida o la vida de sus hijos; su libertad sexual, el descrédito, el escrutinio público, la pérdida de intimidad o el exilio. El coste no siempre va acompañado de un cambio rápido ni, mucho menos, de la reparación de quienes sufrieron el daño o tuvieron la determinación de contarlo o de denunciar. Pero sus historias sirven para que la pelea feminista cristalice en transformaciones concretas.

“Hay casos muy significativos que han marcado nuestra lucha contra las violencias. Por desgracia, los grandes cambios en la sociedad y los legislativos vienen marcados por esos casos paradigmáticos. El gran punto de inflexión fue Ana Orantes, que abrió el camino en todos los sentidos hasta llegar a la Ley Integral contra la Violencia de Género. Es el caso que podemos comparar con el de 'la manada', porque en las dos situaciones terminó habiendo aprobación de normas y recursos especializados y un gran debate público”, reflexiona la periodista y feminista Nuria Varela, que fue directora de gabinete de la ministra de Igualdad Bibiana Aído.

El 17 de diciembre de 1997, Ana Orantes era asesinada por José Parejo, su marido. Quince días antes, Orantes había aparecido en un programa de televisión para hablar del maltrato que había sufrido por parte de Parejo durante 40 años de matrimonio. Su asesinato, tan inmediato después de su testimonio público, fue la gota que colmó el vaso: prendió la movilización social contra la violencia de género que acabó en la aprobación de la Ley Integral contra la Violencia de Género en 2004, con José Luis Rodríguez Zapatero como presidente y Bibiana Aído como ministra de Igualdad.

Veinte años después, el 7 de julio de 2016, una mujer de 18 años acude a Pamplona para celebrar Sanfermines. La primera noche, cinco hombres que acaba de conocer —Antonio Manuel Guerrero Escudero, Jesús Escudero, José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo y Ángel Boza— la violan en el hueco de un portal y se marchan. Dos personas que pasan por la calle ven a la mujer en malas condiciones y se acercan a ella. A partir de ahí la joven es atendida, los hombres, detenidos, y se desata una reacción social de repulsa que crecerá con los meses, conforme avanza la investigación y el proceso judicial. Esa violación marca un punto de inflexión como lo hizo el caso de Ana Orantes, pero esta vez en lo que respecta a la violencia sexual.

El contexto

“Para que un caso tome esta importancia y se convierta en un punto de inflexión tienen que ocurrir otras cosas antes”, apunta Varela. En ambos casos, existía un malestar social previo y un trabajo feminista de años para ponerle nombre, conceptualizarlo, y pedir leyes y recursos. En el caso de la violencia de género, los primeros recursos asitenciales o los primeros recuentos de víctimas llegaron del activismo feminista, mucho antes de que existiera una norma. Desde los ochenta, las feministas peleaban para sacar la violencia de género del ámbito privado.

Algo parecido sucedía con la violencia sexual, que carecía de una estrategia estatal o de recursos públicos asegurados cuando sucedió la agresión de 2016. Ocho años antes, también en Sanfermines, un 7 de julio pero de 2008, José Diego Yllanes asesinó a Nagore Laffage después de que se negara a mantener sexo con él, un caso que conmocionó a Navarra: la conciencia social creció, la conversación sobre la libertad sexual se instaló y la comunidad tomó medidas. Pocos meses antes de lo sucedido con 'la manada', el 7 de noviembre de 2015, el feminismo había salido a la calle en la llamada Marcha Estatal contra las Violencias Machistas, que movilizó a miles de personas.

La socióloga Beatriz Ranea también cree que hay momentos en los que el contexto “es propicio para el impacto y el debate” y hay casos que funcionan “como un catalizador para la transformación”. En esos contextos, algunas historias generan una identificación masiva de las mujeres, apunta: “Hay a veces un elemento de identificación muy grande con la víctima, muchas mujeres sienten que ellas mismas o que cualquiera de sus amigas podrían ser ellas”. Ana Orantes puso palabras y rostro a las historias de violencia que muchas mujeres vivían en sus casas y sobre las que pesaba un gran silencio social. La superviviente de 'la manada' hizo que muchas mujeres jóvenes se vieran reflejadas en la historia de una mujer joven que solo quería pasarlo bien y que, no solo acabó agredida, sino también culpabilizada.

Ese “impacto personal” que sintieron muchas mujeres tuvo mucho que ver en la reacción social del 'yo sí te creo'. La investigación reveló datos que soliviantaron a muchas: el chat que compartían los agresores, la manera en la que hablaban de las mujeres y de la agresión que cometieron, las grabaciones que hicieron... El juicio y la manera en la que las defensas atacaron a la mujer alimentaron todavía más la reacción social. Las mujeres que salieron a la calle clamaban contra el estereotipo de la mentirosa y la manipuladora, contra la idea de víctima perfecta, y reclamaban, por contra, el derecho a la libertad sexual, a ocupar el espacio público en cualquier circunstancia sin miedo y con seguridad.

“A veces es muy difícil identificarse como víctima y, sin embargo, lo que sucede en casos como estos es que muchas encuentran palabras para situaciones que nos atraviesan y se produce, de repente, una toma de conciencia muy fuerte”, asegura Beatriz Ranea. El discurso responsabilizador y de culpa que trató de generarse alrededor de la superviviente de 'la manada' hizo que muchas mujeres reaccionaran.

Abrir la puerta, pero no del todo

Pero no todos los casos cuyos nombres reconocemos ahora tuvieron una reacción social y política a la altura. En 2002, Nevenka Fernández consiguió que un tribunal condenara por acoso sexual al alcalde de Ponferrada Ismael Álvarez. “En ese y en otros casos importantes para la genealogía feminista lo que ocurre es que no hubo un efecto tan inmediato. Abrieron la puerta a hablar de algunos temas, pero esa puerta tardó más en abrirse de par en par, tanto en la reacción social como en la legislación”, afirma Nuria Varela.

La experta recuerda también a Ángela González Carreño: en 2003, su expareja mató a su hija durante un régimen de visitas a pesar de las 51 denuncias que ella había interpuesto por la violencia que sufrían ella y la menor. “Abrió la puerta a hablar de violencia vicaria, pero, una vez más, la puerta tardó mucho en abrirse de par en par”, apunta Varela, que menciona también el caso de Ruth Ortiz, cuyos hijos, Ruth y José, fueron asesinados por su padre, José Bretón, en 2011, después de que ella manifestara su intención de separarse.

Ellas pusieron el cuerpo, las palabras y hasta la vida para intentar hacer justicia para ellas y para las demás. La otra cara de la moneda es, siempre, el coste personal. “Los avances colectivos han tenido siempre un precio individual altísimo, en algunos casos con la propia vida. Se convierten en hitos porque primero fueron heridas y consiguieron hablar o denunciar. Pero son lecciones paradigmáticas que no deberíamos olvidar. A Nevenka le costó perder la intimidad, ser el centro del escrutinio y hasta el exilio. Frente al discurso de la denuncia, desde Ana Orantes deberíamos tener clara una cosa: cuando una mujer habla antes de que exista una estructura capaz de protegerla puede abrir camino para las demás pero no necesariamente salvarla a ella”.

Etiquetas
stats