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ANÁLISIS

Controlar la inflamación y rutinas para pieles perfectas: ya no es solo la delgadez, hay nuevos estándares de belleza para torturar a las mujeres

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17 de abril de 2026 22:22 h

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Parches para tapar la boca mientras duermes. Tiras de sujeción para contener la papada. Dietas anti inflamatorias para combatir la grasa o mejorar tu aspecto. Bebidas especiales, dietas y suplementos para contribuir a ese mismo objetivo. Rutinas de limpieza e hidratación de cara que incluyen decenas de pasos y productos, por la mañana y por la noche, para conseguir pieles perfectas. Cualquier mujer que se encuentre entre la adolescencia y la vejez se habrá topado, y con frecuencia, con algunas de estas tendencias. La delgadez extrema de los 90 y primeros de los 2000 fue el canon de belleza en el que crecimos las jóvenes de entonces. Lejos de relajarse, el estándar de la delgadez se renueva: lo hace a través de conceptos que suenan a salud y medicina, y lo hace mezclado con nuevos ideales de belleza imposibles de alcanzar, como los que hablan de pieles 'de cristal', sin poros e imperfecciones, y para los que el mercado nos ofrece cientos de productos, rutinas y tratamientos.

“La persecución de la delgadez nunca ha desaparecido. Lo que estamos viendo es una intensificación y una reformulación. Los estándares estéticos imposibles no son nuevos. Lo que ocurre es que se transforman constantemente. Cuando parece que estamos más cerca de alcanzar un ideal —en esa promesa de que ahora sí es posible—, ese ideal se redefine y se desplaza. Cambian las reglas del juego: ya no es solo estar delgada, sino estar delgada, tonificada, sin 'inflamación', con piel perfecta… No es que el canon desaparezca o se democratice, sino que se vuelve más complejo y, en cierto modo, más exigente”, resume la psicóloga experta en alimentación, imagen corporal y trauma Rocío Rodríguez.

Para muchas pensadoras feministas, el auge de estos nuevos cánones no es casual, sino que está relacionado con un momento de reacción conservadora contra la efervescencia feminista y los avances sociales empujados por las mujeres. Ya lo escribió la intelectual Naomi Wolf en El mito de la belleza hace 35 años: la obsesión por la delgadez y la belleza femenina no es una cuestión meramente estética, sino una manera de disciplinar y controlar a las mujeres, que quedan absorbidas y anestesiadas por estos mandatos. Es más complicado sentirse sujeto de derechos y tener tiempo y energía para pelearlos si te hacen sentir mal contigo misma constantemente. El culto a la delgadez y a un tipo concreto de belleza es una manera de conseguir la sumisión femenina.

Ahora, el discurso de seguir tal o cual dieta para adelgazar ha sido sustituido por el relato de la inflamación. “Te dicen 'haz esto para desinflamarte', 'para regular tu cuerpo', 'para cuidar tu salud'. Pero en muchos casos, el objetivo de fondo sigue siendo el mismo: la pérdida de peso o el acercamiento a un ideal corporal concreto”, prosigue Rodríguez, que asiste a un auge de la palabra inflamación en su consulta, un concepto amplio y poco definido “que permite envolver de legitimidad médica prácticas que, en esencia, no son tan diferentes de las dietas de siempre”.

Patologizar el cuerpo

La nutricionista Azahara Nieto lleva tiempo advirtiendo de esta tendencia que encubre, dice, un culto a la delgadez. Kate Moss y Claudia Schiffer en revistas y pasarelas. Christina Aguilera o Britney Spears en la música. Nicole Kidman o Angelina Jolie en las pantallas. Ellas fueron las referentes de la belleza de los 90 y comienzos de los dos mil. Si ese canon pareció relajarse durante un tiempo, ahora vuelve disfrazado de preocupación por la salud y el bienestar.

“Ahora nos dicen que estamos gordas a través de la inflamación. Ese discurso se sitúa mucho en la época de perimenopasia y menopausia, que siempre han sido algo vergonzoso y en las que el cuerpo va cambiando, y desde ahí nos están vendiendo una dieta que restringe un montón de alimentos porque supuestamente inflaman, aunque no haya evidencia, que se recomienden un montón de suplementos...”, apunta Nieto.

A la inflamación, se suma el énfasis en la microbiota o el cortisol. “Este uso de términos médicos fuera de contexto lo que genera es una hipervigilancia corporal tremenda y, por lo tanto, también muchísima ansiedad con el cuerpo. Porque en muchos casos lo que ocurre es que se patologizan sensaciones corporales que responden a la normalidad. Además, se está produciendo una medicalización de la vida cotidiana: procesos fisiológicos básicos como la digestión, los cambios hormonales a lo largo del ciclo menstrual, la retención de líquidos o incluso el cansancio dejan de percibirse como parte de la variabilidad normal del cuerpo y pasan a interpretarse como señales de que algo no funciona bien. Esto empuja a muchas mujeres a sentirse constantemente en falta, como si su cuerpo necesitara ser corregido o intervenido de manera permanente”, explica la psicóloga Rocío Rodríguez.

Locura por la 'glass skin'

La locura por conseguir una 'glass skin' -una piel extremadamente luminosa e hidratada, sin manchas, granos ni marcas- lleva tiempo inundando las redes sociales y las publicaciones sobre tendencias y belleza. La psicóloga Rocío Rodríguez percibe en consulta la obsesión, incluso el desarrollo de trastornos “ligados al culto a la piel y al skincare routine”. La distancia entre la percepción propia y cómo creemos que debería ser nuestra piel o nuestro cuerpo, dice, abre una brecha en la que pueden verse afectadas la autoestima y el autoconcepto y llegar a provocar la aparición de síntomas ansioso-depresivos. Esos síntomas, sostenidos en el tiempo, pueden desembocar en trastornos de la conducta alimentaria o en trastorno dismórfico corporal.

“Claramente hay problemáticas psicológicas que se relacionan con este tipo de conductas. Por ejemplo, el trastorno dismórfico corporal, que implica una preocupación intensa por percibir alguna parte del cuerpo como defectuosa o incorrecta, o los trastornos de la conducta alimentaria, muy vinculados a la insatisfacción corporal. Al final, cuando aumenta la obsesión con una parte concreta del cuerpo —como la piel— o con el cuerpo en general, aparece esa necesidad constante de mejorar, optimizar y acercarse a determinados estándares de belleza. Y eso suele generar una insatisfacción creciente, sobre todo cuando comparamos nuestro cuerpo percibido con el ideal que creemos que deberíamos alcanzar”, afirma la experta.

La escritora Aida González Rossi acaba de publicar 'Gorda sinvergüenza. Usar el lenguaje para habitar el cuerpo' (Debate). Para la autora, la violencia estética toma nuevas formas, ahora bajo la apariencia “de cuidarnos, invertir en nosotras, ser mejores”. “Al final, esto no es más que obligarnos a tener una especie de canon de nosotras mismas (que es, por supuesto, la versión nuestra que más se acerque a los mandatos sociales y al canon general, que además siempre es blanco, cis, etc.), un poco como si fuéramos bloques que hay que picar para llegar a la escultura, el verdadero yo que nos daría todas las respuestas”, dice.

La historiadora feminista Tatiana Romero ha preparado un taller para repensar la belleza. Con Clean look y uñas acrílicas: la colonialidad de la belleza y la (im)posibilidad de desconolizar el deseo quiere reflexionar sobre cómo la idea de belleza está atravesada por una mirada de género y colonial: los estereotipos y mandatos están pensados desde esos parámetros y, por tanto, dejan necesariamente fuera a un montón de sujetos. Pone como ejemplo como desde el racismo científico había quien definía lo bello como “parecerse lo más posible a la cabeza de una escultura griega”.

Tener miles de rutinas de belleza, las skin routine interminables, las correas para sujetar papadas o la normalización de medicamentos como Ozempic le parece a Romero un paso más en la violencia estética, “un disciplinamiento de los cuerpos que, una vez más, es funcional al capitalismo que estamos viviendo ahora mismo”. La moda del 'clean look', una apariencia elegante pero discreta, que parece invitar a mostrar la clase y el estatus pero sin que se note mucho, que en su nombre en inglés se equipara a 'lo limpio', nos dice que eso es 'lo bello' y lo correcto frente a otras tendencias que convierten a muchas mujeres en sujetos que solo pueden ser exóticos, imperfectos, menos interesantes y deseables.

A González Rossi le llama la atención la moda de ponerse pegatinas sobre los granos (pequeños adhesivos para, por ejemplo, cicatrizar rápido o suavizar el aspecto). “¿Por qué priorizamos tanto que cicatricen lo más rápido posible? Esos parches también pueden ser transparentes. Al final es una forma de establecer un tabú, de colocar un símbolo de 'esto no debería estar aquí, así que no lo tomes como parte de mi rostro' cuando el skincare 'falla' y no nos lleva del todo hacia esa escultura que deberíamos ser. Es como si ya no fuera solamente el hecho de que no sea vea el grano, sino el gesto público de corregirlo, de ocultarlo. Lo mismo pasa cuando somos gordas y sentimos la necesidad de manifestar todo el rato que estamos haciendo dieta, o ejercicio”, concluye. Porque si no consigues llegar al ideal, al menos tienes que demostrarle al mundo que lo estás intentando con todas tus fuerzas.

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